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Además de los abundantes documentos relativos a la oración, la magia, la adivinación, la moral, etc., la antigua Babilonia nos ofrece largos poemas épicos y cosmogónicos, que proponen una explicación de los misterios del universo y de la vida humana.
La Epopeya de Gilgemesh ("Sha Tragba imaru") es el texto épico más antiguo de la humanidad. Su primera versión conocida, en sumerio, data aproximadamente del año 2500 a. de J.C.
El Poema de la Creación ("Enuma Elish") data de los siglos XIX-XVI a. de J.C. Transcrito en seis tablillas de unos 140 versículos cada una, el poema ha llegado hasta nosotros en su mayor parte.
En el origen, el mundo se hallaba sumergido en las aguas dulces y amargas; Apsu, el Océano, y Tiamat, el Mar, lo cubrían todo. Mezclando sus aguas, engendraron a los dioses; el orden salió del caos.
Nos cuenta cómo el héroe Gilgamesh, rey de Uruk, a la vez dios y hombre, fue presa del dolor a la muerte de su compañero Enkidu, cómo se lanzó a la búsqueda de la planta de la inmortalidad y se la dejó arrebatar después de haberla encontrado.
La gran importancia del Poema de la Creación en la vida litúrgica de Babilonia se debe al lugar preponderante que otorga al dios de la ciudad, Marduk (la obra lleva también el título de Poema de la exaltación de Marduk).
Es posible que en la época de la primera dinastía de Babilonia se redactara de nuevo una versión antigua del poema, cuando la política imperial se esforzaba en hacer de Marduk, símbolo del poderío de la ciudad de Hamurabi, el primero entre todos los dioses.