Plebeyas, princesas, modelos, latinas y europeas
formaron parte de la vida sentimental del heredero de la corona
española, pero fue la periodista Letizia Ortiz quien le
robó el corazón El príncipe Felipe de Borbón,
nacido el 30 de enero de 1968 en la Clínica de Nuestra
Señora de Loreto, de Madrid, no sólo se ha fijado
en princesas.
De hecho, quienes han seguido de cerca su vida privada, caracterizada
en todo momento por la discreción, pueden confirmar que
el príncipe ha escuchado más las razones del corazón
que las de Estado, en sus relaciones de pareja.
La primera novia de que se tiene noticia fue Victoria de Carvajal,
una joven de sociedad madrileña,
con
la que se le vio durante algún tiempo. A fines de los 80,
apareció en su vida Isabel Sartorius, para muchos la mujer
más importante en su vida hasta la reciente aparición
de Letizia Ortiz.
Hija de Vicente Sartorius, marqués de Mariño (ya
desaparecido), y de la argentina Isabel Zorraquín, Isabel
era una belleza rubia, ojos azules, 1.75 metros de estatura, que
a sus 24 años robó el corazón del príncipe
heredero.
Luego de cuatro años de noviazgo, la relación terminó
sorpresivamente, y ambos tomaron caminos separados: él
se marchó a Estados Unidos para estudiar una maestría
en la Universidad de Georgetown, y ella fijó su residencia
en Londres, donde meses después dio a conocer la noticia
de que esperaba un hijo. No faltaron las malas lenguas que hablaron
de la supuesta paternidad del príncipe y de la absoluta
oposición de la reina Sofía al matrimonio. Lo cierto
es que la misma Isabel se ha encargado de negar ambas cosas en
distintas entrevistas, y de aclarar que el padre de su hija Mencía
no es otro que Javier Fitz-James Stuart Soto, socio de una empresa
de gestión de patrimonios y miembro de la Casa de Alba.
Por su parte, el príncipe ha declarado en repetidas ocasiones
a la prensa: "Yo siempre he gozado de la confianza de los
reyes, mis padres, en mi criterio, en el respeto a mi voluntad
y en la toma de decisiones." 
Durante su estancia en Estados Unidos se le relacionó sentimentalmente
con la guapa modelo Giselle Gigi Howard, luego de ser descubiertos
por los paparazzis en actitud cariñosa en una playa de
Guyana.
A éste siguieron otros supuestos romances con la top model
canadiense Yasmín Gahuri (hija de un paquistaní
y una francesa), con la que se le relacionó durante las
Olimpiadas de Barcelona 92; y con Gabriela Sebastian de Erice,
hija de un embajador de España, en Alemania. 
Se habló también de las guapas mexicanas Marcela
Cuevas, recientemente casada con el rockero Leonardo de Lozanne,
y Viviana Corcuera, hija del empresario ya desaparecido Enrique
Corcuera (creador del pádel tenis) y Viviana Dellavedova,
ex Miss Argentina; así como de la modelo checa Alicia Krezjlova,
a la que conoció siendo camarera del restaurante Flanigan,
uno de los más concurridos por la realeza española
durante sus vacaciones veraniegas en Palma de Mallorca.
A fines de los 90 apareció en su vida Eva Sannum, una escultural
modelo de 1.80 metros de estatura, nacida en Lovenstad, un pequeño
pueblo al sureste de Oslo, a la que muchos calificaron como la
más fuerte candidata a alcanzar el título de Princesa
de Asturias. 
Sin embargo, el 14 de diciembre de 2001, el mismo
príncipe anunció oficialmente su rompimiento con
la modelo noruega, a los periodistas que cubrían la fuente
de la Casa Real Española.
De ella dijo en aquella ocasión: "Su fortaleza, dignidad,
sensibilidad, serenidad, capacidad de superación, sentido
de la justicia y determinación por llegar a la excelencia
en lo que se propone, siempre me han impresionado". Pese
a ello, dejó claro ante el mundo, que "por razones
estrictamente personales y particulares, cada uno seguirá
su camino en la vida".
Desde
entonces, su nombre no había sido ligado al de otra joven,
hasta que en el mes de junio pasado comenzó a hablarse
con insistencia de su supuesta relación con la aristócrata
Diana Martínez-Bordiú, hija de José María
MartínezBordiú, y Rocío Aznar, emparentada
con la familia de Francisco Franco a través de su tío,
el ya desaparecido marqués de Villaverde.
A lo largo de sus 35 años, las revistas del corazón
buscaron a la candidata ideal para el príncipe entre las
jóvenes de la realeza europea y de familias aristócratas
registradas en el Gotha. Lo cierto es que una a una, éstas
fueron casándose, haciendo la "lista" cada vez
más pequeña: Tatiana de Liechtenstein, Catalina
de Habsburgo, Carolina de Waldburg, la belga Sophie Ullens, Magdalena
de Suecia, lady Gabriela Windsor, Alejandra y Natalia de Dinamarca;
Mafalda de Saboya, Marta Luisa de Noruega, Esmeralda Iacobella
Macioti, Carolina de Borbón, e incluso su prima Victoria
de Borbón-Dos Sicilias.
El misterio por fin ha sido desvelado por el propio príncipe
Felipe, quien ha encontrado en la asturiana Letizia Ortiz Rocasolano,
las características idóneas para convertirse en
madre de sus hijos y futura reina de España. 
Los reyes Juan Carlos y doña Sofía han recibido
la noticia con "gran satisfacción y enorme alegría",
mientras que los españoles al parecer también han
reaccionado favorablemente, tal vez felices por ver sentarse en
el trono de España a una española después
de muchos años.
Los asturianos por su parte, estarán doblemente felices,
pues tendrán, literalmente hablando, una princesa de Asturias.
Las mujeres que Felipe dejó en el
camino
Antes de Letizia Ortiz hubo dos mujeres que grabaron sus nombres
a fuego en el corazón del futuro Felipe VI. Pero el veto
encubierto de la Casa Real, el asedio periodístico y el
juicio de los españoles terminaron impidiendo que esos
romances fueran bendecidos.
El inocente juego de emparejar a Felipe de Borbón con todas
las princesas casaderas de Europa o con atractivas aristócratas
y modelos fue la actividad preferida de los españoles desde
que vivió a los 21 años su primer gran amor. Pero
a punto de cumplir los 30, en 1997, la pista se le puso difícil
con las constantes alusiones a los “riesgos y sobresaltos”
que conllevaba su prolongada soltería y las comparaciones
con su padre, Juan Carlos I, que a esa misma edad llevaba seis
años casado y tenía a sus tres hijos.
En la Zarzuela se vivió el “síndrome lady
Di” y también el temor a que el príncipe pudiera
tener un hijo fuera del matrimonio o muriera en atentado terrorista
o accidente, sin dejar descendencia. Pero el futuro Felipe VI
no tenía apuros. “Es mejor esperar a los cuarenta
que casarse mal”, decía con la convicción
de que podría conjugar las razones de Estado con una elección
que, de todos modos, haría “por amor”. Y para
ello esperó cinco años, sorprendiendo a todos los
españoles al sellar el 6 de noviembre su compromiso con
la atractiva periodista de 31 años Letizia Ortiz Rocasolano,
en el palacio El Pardo. El heredero tranquilizó a los súbditos
del reino asegurando que su matrimonio "significa sobre todo
la continuidad. Permite dar la posibilidad de tener un eslabón
más en la cadena de la dinastía".
Con esta elección hizo caso omiso a los últimos
deseos de su abuelo, Juan de Borbón, quien antes de morir
le pidió que se casara con una “persona de sangre
real”.
El príncipe durante largos años buscó con
paciencia entre numerosas candidatas europeas de sangre azul –la
prensa llegó a incluir a 15 en diferentes listas–,
pero nunca se interesó mayormente por alguna de ellas.
De hecho, las dos mujeres que se grabaron a fuego en su corazón
antes de Letizia resultaron ser plebeyas: Isabel Sartorius, su
primer gran amor, y Eva Sannun, la modelo noruega con quien mantuvo
un serio romance de cuatro años con miras al matrimonio,
hasta que lo dio por finalizado el 2001 con una histórica
e inesperada declaración pública.
La desgracia de Sartorius fue ser la primera. Felipe inició
en 1989 un noviazgo oficioso y casi público con esta rubia
licenciada en Ciencias Políticas en la American University,
que recién volvía de Estados Unidos. Discreta y
elegante, la hija del fallecido marqués de Mariño
saltó a las portadas españolas y extranjeras como
la primera “novia” del príncipe durante ese
verano en Palma de Mallorca. Ya en el otoño y ante el constante
cerco de los fotógrafos comenzó a resentir su cambio
de vida, la falta de libertad, el obligado encierro y la curiosidad
que despertaba su pasado familiar –de padres separados y
vueltos a casar–. Isabel dio el ultimátum: “Esto
no puede seguir así, tienes que elegir”.
“Ella pidió una decisión que no se podía
tomar todavía. Creyó que iba a ganar esa batalla,
pero finalmente terminaron”, explica José Apezarena,
autor de la biografía no autorizada “El príncipe.
Cómo es el futuro Felipe VI” (Plaza y Janés).
Así comenzaron las dificultades y el distanciamiento de
la pareja, avivados por los cuestionamientos sobre la conveniencia
de un matrimonio “desigual”. El 22 de agosto de 1991,
a los dos años de las primeras fotografías, la revista
Hola anunció la ruptura.
Durante años los medios se resistieron a descartar a Isabel
como futura reina, hasta que en 1996 que quedó embarazada
y se casó de manera privada en Londres, divorciándose
seis meses después. Incluso se rumoreó que la pequeña,
Mencía, podía ser hija del príncipe, lo que
luego fue considerado “una afirmación canallesca”.
Apezarena resta crédito a las versiones de que la reina
Sofía influyó en la ruptura con Sartorius, aunque
era evidente que ella no gustaba a los monarcas porque era “demasiado
mayor” y podía dominar a Felipe y su entorno familiar
no resultaba “adecuado”.
De las princesas casaderas y otras candidatas nobles que llegaron
“casualmente” a España para perfeccionar el
castellano, Tatiana de Liechtenstein, una princesa de rostro cándido,
perteneciente a una de las dinastías más antiguas
de Europa, fue el primer intento serio de lograr una boda entre
“iguales”. Pero los jóvenes no congeniaron
y cada uno siguió su camino. Lo mismo ocurrió con
otras herederas que despertaban las simpatías de la reina
Sofía: Catalina de Hasburgo, Carolina de Waldburg, Flor
de Wurtemberg, Victoria de Borbón-Dos Sicilias, Adelaida
de Orleans y lady Gabriela de Windsor.
En ese lapso Felipe tuvo otro romance importante, mientras estudiaba
en Georgetown (Washington) con Gigi Howard, una norteamericana
de 23 años, que cursaba educación infantil y vivía
sola cerca de Central Park. A comienzos de 1995 se publicaron
las primeras fotos, paseando juntos por Nueva York y meses después
veraneando en la isla Saint Martin. La joven fue comparada entonces
con la famosa Grace Kelly, la norteamericana que reinó
en Mónaco.
Pero nuevamente el asedio periodístico terminó
por alejar al heredero de un vínculo que a juicio de su
biógrafo fue muy intenso. “Aunque quizás se
trató de la aventura americana” del universitario.
En el otoño de 1997 se publican las primeras fotografías
del cotizado heredero con la modelo noruega Eva Sannun, con la
que mantuvo un polémico noviazgo no oficial. El Príncipe
quería casarse con ella, pero finalmente las presiones
lo hicieron desistir. “La figura de Eva chocaba con los
españoles, así es que él intentó un
sistema de introducción, con apariciones públicas,
para darla a conocer poco a poco. Pero finalmente no fue aceptada”,
comenta Apezarena. No gustó que modelara ropa interior,
su poca preparación universitaria y su lejanía con
las costumbres de España y su monarquía.
Después de aquella ruptura en la prensa se habló
de nuevas relaciones con Flor Valero -nieta de un ex presidente
venezolano-, la actriz estadounidense Gwyneth Paltrow y la joven
estudiante española Diana Martínez-Bordiú,
nieta de los condes de Morata de Jalón.
Felipe no afirmaba ni desmentía, hasta que dio la sorpresa.
Su elegida fue la guapa Letizia Ortiz, una joven divorciada nada
de aristocrática, pero con un muy buen currículum
profesional. Que el matrimonio sea “desigual” no es
algo que hoy los españoles se cuestionen. Ni siquiera lo
hacen los monárquicos recalcitrantes que criticaron en
el pasado que algunas candidatas fueran plebeyas. La Casa Real
no dio pie a eso, y optó por hacer un anuncio oficial antes
de que cundieran los rumores.
La periodista Pilar Urbano, biógrafa de la reina Sofía,
contó que esta vez Felipe de Borbón se puso firme,
y amenazó con renunciar a la corona si sus padres no aceptaban
a su elegida.
Lo que sí complica es que ella sea divorciada. “Esto
es objeto de alguna discusión. Mucha gente lo ha lamentado,
porque esa circunstancia implica que ella hizo un intento de formar
familia que fracasó al año, aunque eso no la invalida”,
admite José Apezarena.
Letizia se enamoró de Alonso Guerrero, su joven profesor
de literatura en el instituto Ramiro de Maeztu. Empezaron una
relación en 1988 y diez años después de casaron
con bombos y platillos en Badajoz. Las razones de su separación
son un secreto bien guardado, aunque recientemente se supo que
Guerrero escribió una novela sobre el desengaño
amoroso de la que no existe ningún ejemplar en circulación.
Quién le iba a decir al profesor que hoy cualquiera pagaría
por leer su obra, buscando entrelíneas la historia de su
corta aventura matrimonial con la futura reina de España.
ISABEL
SARTORIOUS.
Isabel Sartorius, su primer gran amor de juventud
(1989-1992)
Don Felipe e Isabel Sartorius se conocieron en junio de 1989,
en Madrid, durante una conferencia sobre la situación de
Perú que pronunciaba un primo de Isabel. Ella tenía
24 años, tres más que él. Días más
tarde volvieron a coincidir en el Prince Sport, donde el Heredero
acudía con frecuencia a practicar squash y la joven Sartorius
iba al gimnasio. Fue entonces cuando surgió el flechazo
y el primer romance de Don Felipe; un noviazgo que nunca fue reconocido
de manera oficial, pero sí oficiosamente.
Los periodistas supimos de él dos meses más tarde,
cuando en el verano de 1989 vimos a una joven alta y hermosa al
lado del Príncipe en el bar de copas El Capricho, propiedad
del hermano de Lourdes Arroyo, mujer de Mario Conde. Don Felipe
solía ir por allí en las noches del verano mallorquín,
pero siempre acompañado de un grupo de jóvenes.
En esta ocasión, nos sorprendió la presencia de
una chica con la que mantenía miradas de complicidad. La
escolta personal del Heredero seguía de cerca a la pareja,
que charlaba animadamente. La intuición de dos jóvenes
periodistas nos dijo que aquella hermosa joven era algo más
que una simple amiga de Don Felipe.
Al día siguiente, decidimos volver a Puerto Portals, un
lugar frecuentado por la ‘gente bien’ de la isla,
pero, en ningún modo, por la prensa local ni la que se
desplazaba para cubrir el verano mallorquín.
La sorpresa hizo brillar nuestros ojos. Allí, en el restaurante
Flannigan, en una mesa redonda, en la terraza y frente al puerto
deportivo, se encontraba el futuro rey de España. Junto
a él, de nuevo, la joven y atractiva rubia. También,
y como cómplices de ese incipiente amor, estaban las infantas
Doña Elena y Doña Cristina. Nos pusimos en marcha.
Debíamos averiguar quién era esa acompañante
del Príncipe, la joven que le hacía sonreír
de manera especial. Descubrimos que ella había alquilado,
junto a su hermana y unas amigas, un apartamento enfrente del
Club de Mar. Era precisamente desde aquel lugar donde salían
a bordo de la embarcación Njao hacia aguas de Cabrera,
y fue en este paraje natural donde se les fotografía por
primera vez en actitud más que cariñosa.
Isabel llevaba un traje de baño negro con un volante rosa
con topos negros. Ambos se bañaron y tomaron el sol en
cubierta. Aún desconocíamos la identidad de la joven.
Las fotos que se publicaron fueron sólo una pequeña
selección de un conjunto de ‘apasionadas’ imágenes
como las que jamás se había soñado captar
al heredero al trono. Por entonces hubo quien apuntó que
la joven acompañante de Don Felipe era una tal Natalia,
la hermana de uno de los compañeros de estudios durante
su permanencia en la Academia del Aire, en San Javier, Murcia.
Días más tarde vimos cómo la joven Sartorius
entró en la piscina del prestigioso Club de Mar. Llevaba
libros y un cesto. Para pasar allí había que ser
socio, por lo que, con aplomo y sin dudar un momento, decidimos
formar parte del ‘selecto círculo’ de los que
podían tener acceso a las instalaciones de dicho club.
Descubrir la identidad de la ‘amiga’ del Príncipe
hacía que mereciera la pena.
Después de pasar el día allí, y sin más
presencia que la de Isabel, un par de periodistas extranjeros,
nuestro compañero Antonio Catalán y nosotros mismos
decidimos entrar en acción y tomamos unas fotografías
de Isabel. Poco después, nos encontrábamos charlando
con ella: “Tengo el honor de conocer a Don Felipe”,
nos confesó entonces.
La entrevista y las fotografías fueron portada de una importante
revista del corazón. Ahí comenzó popularmente
la bella historia entre Don Felipe y la joven hija del marqués
de Mariño, quien, a pesar de su preparación y buenas
condiciones –era licenciada en Ciencias Políticas,
especialista en Relaciones Internacionales, políglota,
católica e hija de noble–, fue cuestionada una y
otra vez por hechos como el que sus padres, Isabel Zorraquín
y Vicente Sartorius Cabeza de Vaca, estuviesen separados.
Muchos fueron los momentos en los que seguimos de cerca la relación
entre Isabel y el príncipe Felipe. Vivimos interminables
guardias en el madrileño barrio de El Viso de Madrid, donde
Isabel vivió durante una temporada y hasta donde el Príncipe
iba a recogerla; viajes a Peraleda de la Mata, donde Vicente Sartorius,
su padre, tenía una finca y la pareja se hospedaba…
Allí les pudimos ver, en alguna ocasión, montando
en motora en un pantano cercano a la finca .
Fue también allí, en junio de 1990, donde conseguimos
unas fotografías, que saldrían publicadas, en las
que el Heredero posaba junto al marqués de Mariño,
en la casa familiar de Peraleda, con los obreros que habían
acometido unas reformas. La foto evidenciaba la estrecha relación
del Príncipe con la familia de su ‘novia’,
ya que había sido invitado por ésta a pasar fines
de semana, que compartía con Isabel, el padre de la joven
y la esposa del marqués de Mariño, Nora de Liechtenstein.
Las últimas fotografías de Isabel Sartorius y el
príncipe Felipe fueron tomadas en julio de 1991, a la salida
del restaurante Alduccio de Madrid, donde la pareja cenaba habitualmente.
Curiosamente, las instantáneas de ese momento nunca vieron
la luz. Después de pedirnos las cámaras y los carretes,
la escolta del Príncipe confiscó las fotografías.
Ya no hubo más ocasiones de retratar junta a la pareja.
La historia de amor del Príncipe e Isabel continuó
con altibajos desde entonces. Ellos siempre estuvieron enamorados,
pero las circunstancias no ayudaron especialmente a que su relación
llegase a buen puerto. La juventud del Heredero, la oposición
de los círculos monárquicos más ortodoxos
y un ‘ultimátum’ de la joven, agobiada y presionada
por los medios y la opinión pública, dieron al traste
con lo que podía haber sido una historia de amor con final
feliz.
Nosotros seguimos la evolución del romance y asistimos,
no sin disgusto, a la ruptura de esta bonita relación.
A nosotros, particularmente, nos encantaba esta candidata. Su
saber estar, su preparación, su sentido del humor y su
amor infinito por Don Felipe habían calado en nosotros.
Pero no éramos quienes para opinar del tema. “Nos
has caído tan bien que nos gustaría que fueras reina”,
le dijo Antonio riéndose un día. “No te preocupes,
Antonio, si yo soy reina, tú serás mi fotógrafo
oficial”, fue el comentario divertido y sin pretensiones
de dos jóvenes de la misma edad.
En la primavera de 1992, Isabel se trasladó a Londres
para realizar un curso en la Sothebys Academy. Su historia de
amor con Don Felipe estaba tocando su punto culminante y, también,
su punto y final. Ellos, sin embargo, hablaban de boda, aunque
sabían que era imposible, y también de qué
les depararía el futuro. Hablaba entre lágrimas,
nos consta, porque sabían que el fin de su relación
estaba, irremediablemente, muy próximo. En círculos
monárquicos y en la propia Familia Real existían
barreras infranqueables que no dejaban ni un solo resquicio a
la esperanza…
Años después, teniendo ya a su hija Mencía
en los brazos, nosotros hemos hablado con Isabel de las niñas
–tenemos hijas de la misma edad–, de su historia de
amor con el Príncipe y de su presente ilusionado junto
a su pequeña. Ella, muy tranquila, nos comentó:
“No hay que darle vueltas, no pudo ser y punto. Hoy guardamos
una bonita amistad.”
Isabel, después de la ruptura con Don Felipe, se había
ido a la India a reflexionar sobre su vida. Allí trabajó
en un entorno de miseria desconocido para ella: en las casas de
acogida fundadas por la madre Teresa de Calcuta. A su regreso,
con su espíritu renovado de misticismo, se reencontró
en Londres con Javier Soto, a quien conocía desde hacía
años. Comenzaron a salir y se quedó embarazada.
La pareja confesó que había contraído matrimonio
y que esperaban un hijo. Nunca se encontró el registro
de esa unión, porque nunca llegaron a casarse.
Isabel siguió viviendo en su apartamento y Javier, en el
suyo. Meses después, en julio de 1997, ella daba a luz
en la clínica La Zarzuela a una niña a la que pondría
el nombre de Mencía, como la madre de Javier, la condesa
del Valle de la Paloma. Ella, como es natural, no había
calculado las consecuencias que los españoles sacarían
de esa maternidad… Cuando comenzaron a arreciar las críticas,
Isabel y Javier Soto fingieron una boda en la capital inglesa
que luego fue desmentida y que volvieron a anunciar para finales
de 2002. Pocos días antes del enlace, éste fue aplazado.
Ellos eran amigos y habían pensado que, por el bien de
la niña, lo mejor era contraer matrimonio, aunque finalmente
la boda se suspendió y cada uno siguió su camino
por separado.
Desde entonces, Isabel inició una difícil etapa
en su vida, en la que una sucesión de duros acontecimientos
personales y familiares marcarían sus días. En la
actualidad, tanto Javier Soto como el Heredero han resuelto su
futuro. Javier ha contraído matrimonio con María
Chávarri y espera un hijo. Don Felipe está prometido
con la periodista Letizia Ortiz. La pareja se unirá en
matrimonio el 22 de mayo de 2004. Isabel Sartorius sigue siendo
una mujer soltera y marcada, definitivamente, por su primer gran
amor.
Tatiana de Liechtenstein, una relación
para el sueño
de los monárquicos (1989-1992)
La Princesa que rechazó a Don Felipe para casarse por
amor.
Antes de que Isabel Sartorius anunciara que su relación
con el Príncipe había acabado, comenzaron los rumores
de que Don Felipe y Tatiana de Liechtenstein salían juntos.
Los dos jóvenes príncipes se habían conocido
en la boda de su tía, Nora de Liechtenstein con Vicente
Sartorius –casualmente padre de Isabel–, pero no volvieron
a coincidir hasta tres años después, el seis de
marzo de 1991, en las honras fúnebres por el tío
de Tatiana.
A principio de 1993, la princesa –nacida en Suiza el diez
de abril de 1973– llegó a Madrid para estudiar castellano.
Una vez más, fuimos nosotros quienes dimos la noticia de
su presencia en España. Antes, como es nuestra costumbre,
seguimos los pasos de la joven durante varios días.
Nunca se pudo verla en público con el Heredero. Sin embargo,
algunas fuentes interpretaron la estancia de la joven Princesa
en nuestro país, –que se matriculó en Madrid
en un Máster Internacional en Ciencias Empresariales durante
dos años– como premeditada. Se esperaba que Tatiana
frecuentaría los círculos de amigos de nuestro Príncipe,
y así se les daría a ambos la oportunidad de conocerse
y, por qué no, de enamorarse.
La joven holandesa tenía el beneplácito de la Reina
Sofía. Era, además, una chica sin pasado sentimental,
educada en un ambiente muy familiar y de religión católica.
Pero, para Don Felipe debía ser, ciertamente, paradójico
el hecho de que fuera sobrina de la mujer que ahora estaba casada
con el padre de Isabel Sartorius, cuyo divorcio pareció
resultar un impedimento insalvable para que su amor tuviera final
feliz.
Gigi Howard, el sueño americano
(1989-1992)
El príncipe Felipe viaja hasta Washington (Estados Unidos)
en agosto de 1993. Nosotros le estamos esperando en la Universidad
de George Town. En apenas tres días, el Heredero quiere
tomar un primer contacto con lo que será su nuevo hogar
para los próximos dos años. Sin embargo, en esta
ocasión no estará solo: contará con el apoyo
de su primo Pablo de Grecia. El 23 de enero de ese mismo año
recibimos una llamada entrada la media noche. El Príncipe
e Isabel Sartorius están juntos en un restaurante de El
Molar, cerca de Madrid. Celebran el 28 cumpleaños de ella
y los próximos 25 de él. Cuando llegamos al pueblo
de la sierra madrileña, nos cruzamos con los coches y no
podemos hacer fotos. La gente que les vio asegura que estuvieron
bailando muy animadamente. Y, también, jugando al futbolín…
Después de este encuentro, Don Felipe regresa a Washington
para comenzar un máster en Relaciones Internacionales.
Allí, su primo Pablo de Grecia conoce a la que hoy es su
mujer, Marie Chantall Miller. Alexandra, la hermana de ésta,
es íntima amiga de Giselle Howard, una joven modelo y estudiante
de 1,80 metros de estatura, ojos verdes y cabello castaño.
En sus habituales escapadas de fin de semana a Nueva York, acompañando
a su primo, el Príncipe conoce a Gigi. Los periodistas
españoles les seguimos los pasos muy de cerca. En una ocasión,
viajamos a Nueva York y hacemos guardia en el hotel de Manhattan
donde se hospeda. Sabemos que Don Felipe sale con alguien, porque
unos compañeros nuestros le han hecho unas fotografías
en compañía de amigos y alguna joven. Las fotos
apenas valen como testimonio de la presencia del Heredero en Nueva
York, pero sirven para ponernos en alerta.
Me resulta imposible estar en la puerta del hotel y, junto a
mi compañera, cubrimos los extremos de la calle. No sabemos
que, durante esas horas, Mark, un fotógrafo americano que
trabaja para una agencia española, hace fotos de la pareja
a tan sólo tres manzanas de donde nosotros nos encontramos.
Aquellas instantáneas del futuro rey de España,
sonriendo feliz junto a una joven en un paso de cebra, hicieron
saltar todas las alarmas. La complicidad que reflejaban las imágenes
dejaban claro que el Príncipe había superado el
trauma que le causó su ruptura forzada con Isabel y un
nuevo futuro se abría ante su corazón. Esa misma
noche, cenamos con Mark. No nos contó lo de sus fotos,
que ya volaban rumbo a Madrid, donde no se hablaría de
otra cosa. Al día siguiente, Don Felipe salió del
hotel solo. En mi arrancada para no perderle, mi coche chirrió
en el asfalto, con tan mala fortuna que un automóvil de
Policía lo advirtió y me detuvo. Sólo encontré
al Heredero cuando salía de un restaurante italiano para
volver al hotel sin su amiga, que se marchó con Pablo y
Marie Chantall unos minutos después. Aquellas fotos hicieron
que Don Felipe declinara la invitación de asistir a la
boda de Alexandra Miller. Sin embargo, Gigi sí lo hizo
y fue fotografiada por tercera vez con un traje blanco. Después,
la pareja viajó a la isla caribeña de San Martín.
En la Casa Real habían excusado su presencia en actos oficiales
alegando que el Príncipe se encontraba muy centrado en
sus estudios. Un par de semanas antes, yo había vuelto
de hacer el reportaje exclusivo de la luna de miel australiana
de la infanta Doña Elena y Jaime Marichalar. Aquella historia
de amor la viví en primera persona y me tuvo alejado de
la que el hijo de los Reyes protagonizaba por su lado. Poco después,
se publicaban unas nuevas fotos. Éstas, que consiguió
Hugo Arriazu, no dejaban lugar a dudas: el Príncipe vivía
una nueva historia de amor con una joven norteamericana. En las
imágenes se ve a la pareja en la playa. Don Felipe cogía
a Gigi en brazos y la besaba en el agua. Después de esto,
yo hice un nuevo viaje para tratar de averiguar la identidad de
aquella mujer, buscando en el círculo de Pablo de Grecia.
En esta ocasión, pude fotografiar a Gigi con Álvaro
de Marichalar. El hermano del duque de Lugo conocía al
príncipe Felipe, quien se había empezado a replantear
su amistad tras las fotos de Saint Martín. Una vez más,
las críticas en España cuestionaban la relación
y el pueblo no veía con buenos ojos que fuera una extranjera,
que había ejercido de modelo, quien ocupara el trono de
España. Sin embargo, ella había donado todos los
ingresos de aquel reportaje a una asociación de niños
discapacitados. No en vano, estudiaba Psicología Infantil
y era una mujer sensibilizada con esa causa. De ella sabemos muy
poco: viajó en algunas ocasiones a Madrid y se hospedó
en las residencias de los íntimos del Príncipe,
quienes siempre le han sido fieles.
El Heredero debió estar muy enamorado. En una ocasión
recuerdo que estábamos en la puerta de la casa de Marie
Chantall, donde se hallaban el Príncipe y Gigi. Don Felipe
debía regresar a Madrid y se dirigió al aeropuerto
JFK. Su avión salía en una hora y media. En un arrebato,
salió del aeropuerto y tomó rumbo a la ciudad. Nosotros
seguíamos, desconcertados, a la comitiva sin saber qué
estaba pasando. Llegamos hasta la casa donde se encontraba Gigi,
y el Príncipe entró un par de minutos (siempre hemos
pensado que hizo este esfuerzo para darle un beso y demostrarle
así su amor). Luego corrió, de nuevo, acompañado
por tres de sus escoltas, hasta los coches. Cuando Don Felipe
llegó al aeropuerto, su avión esperaba, con el pasaje
embarcado desde hacía más de hora y media, a que
subiera a bordo. La excusa que daría el piloto sería
bien distinta. Más tarde, el fotógrafo Hugo Arriazu,
que había conocido a unos detectives de Miami y quería
saber todo sobre la relación de Don Felipe y la americana,
cometió un error que le costó la cárcel.
Aquella lamentable historia hirió la relación sentimental
del Príncipe y Gigi, que rompieron por alguna razón
que sólo ellos conocen. Nadie pudo probar nada que comprometiera
a la joven americana y yo, cuando recuerdo aquella historia, no
sé realmente dónde estaba el problema para que ese
amor no hubiera dado un fruto mayor. Lo que Hugo Arriazu y sus
detectives pudieron llegar a escuchar con el ‘pinchazo’
del teléfono de la joven fue confiscado por la Policía.
Sin embargo, tal vez, La Zarzuela prefería no correr determinados
riesgos… Nosotros pensamos que la ruptura con Gigi Howard
fue la menos traumática para el príncipe Felipe,
que comenzaba una nueva vida en nuestro país, superados
con éxito sus estudios en Estados Unidos, y decidido a
poner fin a su ‘sueño americano’.
Un compromiso con la historia que les rompió
el corazón
(1997-2001).
Un apasionado amor que terminó por exigencias del Estado.
Estuvo a punto de casarse con ella, sin embargo, Don Felipe no
se atrevió a plantear su decisión como un ultimátum.
Consciente del papel que la Historia le había encomendado,
el Heredero no quiso comprometer su futuro ni el de la institución
que un día está llamado a liderar. Su amor por Eva
Sannum empezó en una fiesta privada que tuvo lugar en Noruega
en el verano de 1997 y cuyo anfitrión era, nada más
ni nada menos, que el Príncipe heredero al trono, Haakon,
amigo de la guapa modelo Katrina Knudsen. ésta era amiga
de Eva Sannum y juntas habían asistido a un evento que
para la modelo sería importantísimo. De la mano
de Carlos Mundi –gran amigo del Príncipe y de la
infanta Doña Elena, ex jinete y copropietario de la agencia
de modelos Magic–, Eva Sannum llega a España para
trabajar. Aquí comparte piso con unos amigos y asiste a
una cena que cambiará su vida para siempre. Desde que el
Príncipe regresó a España de su aventura
americana no se había demostrado ni una sola relación
sentimental, ni se le había podido fotografiar con una
mujer. Pero, el 9 de octubre de 1999, varios paparazzi recibieron
el soplo de una cena que se estaba celebrando en el restaurante
mexicano Cuchi de Madrid. Los más astutos consiguieron
alquilar, sobre la marcha, una habitación en la pensión
que hay en la acera de enfrente y cuya fachada se encuentra tapada
por andamios por unas obras de rehabilitación del edificio.
Las redes de protección, para evitar la caída de
cascotes durante las obras, se convirtieron en los mejores aliados
de los reporteros. En la mesa, muy cerca de Don Felipe, estaba
Alejandra Osborne, hija mayor de Bertín y de cuya amistad
con el Príncipe nunca ha existido constancia entre los
periodistas. Sin embargo, a su lado había una joven rubia,
de aspecto nórdico, cuya complicidad con el hijo del Rey
se hizo patente en la velada. El príncipe de Asturias tiene
fama desde muy joven de haber preferido siempre a las extranjeras.
La explicación que hemos encontrado a este hecho, y que
parece más razonable, es que en esas mujeres ha encontrado,
por un lado, mayor discreción y por otro, un trato más
natural y no mediatizado por la condición de heredero al
trono español. El Príncipe siempre se ha sentido
un poco ‘bicho raro’, especialmente, en ambientes
públicos españoles.
“¿Qué creen que les va a pasar si se acercan
a mí?”, ha comentado alguna vez a sus amigos más
próximos. Aquellas fotografías con Eva Sannum volvían
a poner a Don Felipe en el disparadero de todos los comentarios.
En sectores políticos, y especialmente monárquicos,
existía cierta impaciencia por la actitud del Príncipe
y su dificultad para encontrar una mujer ‘adecuada’.
Como quien da primero da dos veces, la misma agencia de fotógrafos
siguió a la modelo y, días después, consiguieron
unas instantáneas de Don Felipe en la casa que la familia
Fuster posee en un pantano cerca de Madrid. Tanto las primeras
como las segundas instantáneas fueron portada de la revista
Diez Minutos y ampliamente comentadas durante mucho tiempo. La
relación de Don Felipe, a pesar de ser evidente, no fue
reconocida por la Casa Real. El difícil papel al que se
enfrentaban no tenía una salida clara. Por un lado, no
querían presionar al Heredero para evitar una ‘espantada’
que diera al traste con su compromiso histórico. Por otro,
sin embargo, no podían permitir que su relación
con la modelo fuera demasiado lejos y trataron de disuadirle con
diplomacia. En aquel momento pensamos que la intención
era que el propio Don Felipe se desengañara, que no hiciera
oficial su relación y dejarle tranquilo “a ver si
se cansaba”. Pasó el tiempo y esto no ocurrió.
Ni siquiera la aparición de unas fotos en top less de Eva
en Interviú, en noviembre de 1999, persuadieron al Príncipe,
cada día más enamorado.
Don Felipe tenía claro que el amor era esencial en cualquier
matrimonio y no quería vivir teniendo que fingirlo en lugar
de sentirlo. Por ello estaba dispuesto a cualquier renuncia. En
agosto de 1999 la pareja realizó un viaje a la India. Nadie
se enteró en ese momento. Nosotros tuvimos noción
de esta ‘escapada’ tres meses después, cuando
recibimos noticias de un antiguo amigo de aquel país, que
nos dijo: “Don Felipe de Borbón llegó en Jaipur,
en la fecha de doce de agosto... Su viaje fue de tres días
en la ciudad. Tienes un Príncipe muy alto y muy guapo.
Más alto que los guardias suyos. La novia es una chica
alta y muy simpática. Tiene pelos amarillos y cortos…”
Yo mismo (Antonio) viajé a este país en octubre.
Mi objetivo era conseguir fotos de esas románticas vacaciones,
instantáneas que hubiesen quedado en la India, datos que
me ampliaran la historia. Lo conseguí después de
catorce días entre Delhi, Jaipur y Agra. Pero en mis fotos
sólo estaba Nicolás de Grecia y Don Felipe en el
momento de su llegada a un hotel indio. Busqué hasta la
saciedad la imagen de los elefantes y pude reconstruir, paso a
paso, aquel fantástico viaje. Por ejemplo, un diario local
que todavía conservo en mi poder publicó la siguiente
noticia: “El príncipe Felipe rechaza la seguridad
india.” Al parecer, el heredero español había
llegado a la ciudad de Jaipur a las siete de la tarde del doce
de agosto, para hacer una visita con unos amigos. Llegó
procedente de Katmandú (Nepal) en un avión privado.
Su escolta había informado a las autoridades del Gobierno
de la llegada del Príncipe y éstos le facilitaron
una guardia de honor . Pero el Príncipe no esperaba que,
cuando aterrizó en el aeropuerto de Sanganer, allí
le estuvieran esperando las principales autoridades del Gobierno
de Rajastán. Don Felipe se mostró muy contrariado
al ver la recepción que le aguardaba y se sentó
en el coche que le había enviado el hotel Ragputana Sheraton
y no quiso saludar a nadie. Dijo estar cansado del lujo de España
y no necesitar ningún tipo de ayuda oficial. También
afirmó que no quería fotos de ningún tipo.
Al día siguiente salió del hotel y, al ver a los
policías locales que querían darle escolta, les
pidió que se marcharan. Sin embargo, ellos no lo permitieron
porque obedecían ordenes del Gobierno y no de él.
Al darse cuenta de que de esta forma no tendría ni un minuto
de soledad, el Príncipe les dio su renuncia a la seguridad
por escrito y finalmente ellos acordaron con la escolta española
seguir el recorrido de lejos sin que él advirtiera su presencia.
Al día siguiente todos los amigos del Príncipe viajaron
a la casa del pantano de la familia Fuster, la misma en la que
fueron tomadas las fotos con Sannum a finales del verano del 97.
De aquellas suecas que, según parece, conocieron a al Heredero
en un viaje a Rusia nunca más se supo. Poco después
se habló de la nieta del dictador venezolano, Flor Pérez
Giménez, pero su familia lo desmintió tajantemente.
Meses después, en abril de 2003, saltó a la palestra
el nombre de Diana Martínez-Bordiu. Lo sonoro de su apellido
otorgó cierta credibilidad a la relación. Nosotros
hablamos con ella a finales de ese mismo mes, cuando persistían
los rumores y nos confesó: “Es cierto que he conocido
al Príncipe y me ha presentado al Rey Don Juan Carlos.
“¡Casi es más alta que tú!”, exclamó
al conocerme. Hemos jugado al squah y creo que le va a costar
más tiempo casarse de lo que la gente se puede imaginar.”
En esta ocasión, ante la presión de los medios de
comunicación los ‘amigos’ dejaron de verse.
Pocas semanas después, en mayo, recibimos la información
de dos nuevas chicas, esta vez alemanas, en la vida de Don Felipe.
Trabajamos la noticia sin llegar a conseguir fotos de ellos juntos,
aunque pasamos varios días en el barrio de El Viso, donde
vivían en un chalé alquilado. Se trataba de dos
amigas llamadas Christine e Ivonne, jóvenes estudiantes
que habían conocido a Don Felipe en una fiesta privada.
Luego habían salido a bailar a la discoteca Joy Eslava
de Madrid y habían cenado en alguna ocasión. Ellas
nos confesaron que sólo eran “amigas” y que
no estaban pensado en ser reinas de España. Estas mismas
jóvenes nos contaron que habían visto en el príncipe
de Asturias a una persona muy dolida y triste por su ruptura con
Eva Sannum. Según ellas, él les había confesado
que aquella separación había sido muy traumática
para él. Difícilmente en ese momento podía
el hijo de Doña Sofía estar manteniendo una relación
seria con ninguna mujer, y mucho menos pensar que meses después
anunciaría su matrimonio. Lo último que supimos
de estas alemanas es que Don Felipe les consiguió unos
pases especiales para asistir a la misa que S.S. el Papa Juan
Pablo II ofició en la plaza de Colón de Madrid,
a principios de mayo.
Las candidatas que nunca llegaron al corazón
de Don Felipe (1991-2003)
Catalina
de Austria. 1991.
Su nombre aparece en la prensa española como una de las
candidatas preferidas de la reina Sofía. Nacida en 1972,
es hija del archiduque Rodolfo D’Aviano y de la princesa
Gabrielle de Wrede. Estudió en una universidad privada
en Segovia y eso hizo que los rumores llegaran a la prensa. Las
fotografías que se publicaron de ella y su novio pusieron
punto final a la especulación.
Adelaida
de Orleáns. Mayo de 1997.
Había hecho unas declaraciones en Point de Vue, en el mes
de noviembre, en las que la joven aseguraba que estaba dispuesta
a sacrificar su libertad “por el amor de un hombre cuyo
destino está irremediablemente ligado al destino de su
país”. Adelaida es hija de los condes de París,
Enrique de Orleáns y Beatriz Pasquier de Franqlieu, que
se casaron contra la decisión de su padre y quedaron apartados
del rango. Adelaida vive en Madrid y trabaja para el departamento
de marketing de la empresa de moda Loewe. Es una amante de España,
pero su relación con Don Felipe nunca ha pasado de ser
una buena amistad que se profesan desde pequeños.
Victoria de Borbón Dos Sicilias. Abril de 1996.
Hija de los duques de Calabria, fue una de las candidatas preferidas
por los monárquicos. Española y de educación
exquisita, su padre ocupa el primer puesto en la línea
sucesoria, después de la Familia Real española.
La revista Época la señaló como candidata
posible, pero el duque de Calabria corrigió: “No
es verdad que el Príncipe y mi hija vayan a casarse. Son
primos y han coincidido en varias ocasiones.”
Carolina de Waldburg. Septiembre de 1997.
Aparece en las portadas de las revistas. Rubia, de ojos claros
y 1,77 de estatura, la prensa habló de “un discreto
romance”. Pasó por España para aprender castellano.
Estudió Historia y Literatura en Oxford y colaboró
en Viena en una agencia de publicidad. También trabajó
para una emisora de televisión en Munich y en España
desempeñó una corresponsalía de un diario
alemán. Su familia difundió un comunicado para evitar
más comentarios: “Las especulaciones y publicaciones
referentes a una relación sentimental o matrimonio entre
el Heredero español Don Felipe y la condesa Carolina carecen
de fundamento.”
Flor de Wurtemberg. Noviembre de 1997.
También residió durante un tiempo en Madrid. Es
hija del duque Carl y la princesa Diana de Francia, quienes pasan
los veranos en su casa de Mallorca. Fue la propia princesa quien
salió para aclarar de una vez la situación:“Entre
mi hija y el príncipe Felipe de Borbón sólo
hay una buena amistad. Nada más.”

Victoria y Magdalena de Suecia. 2001.
La relación con la primogénita y heredera de los
reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia habría creado graves
conflictos dinásticos. La joven, que cursó estudios
de Geología en la Universidad de Yale, EE UU, tiene novio
desde hace un año, Daniel Westling. De su hermana menor,
de 21 años, se habló más como de una esperanza
que de una realidad. Magdalena es una de las princesas que más
novios ha paseado. Con el último, Jonás Bergstrom,
protagonizó unas sugerentes imágenes en Marbella,
en Semana Santa.
Sofía
Ullens. Junio de 1998.
De familia real, pertenece a una rama sueca excluida del trono.
Hija de Carlos Ullens, un rico empresario, y de la condesa Madelaine
Bernadotte, además es nieta del príncipe Carlos
de Suecia y sobrina de los actuales reyes de Noruega. Se habló
de una posible relación que habría surgido tras
viajar juntos en lo que se llamó “el crucero del
amor”, un viaje que organizaron los reyes de Noruega con
motivo de su sesenta cumpleaños. Unas fotos que se publicaron
de Don Felipe con Sofía en una calesa fueron suficiente
mecha para encender la llama de lo que nunca pasó de ser
un mero rumor.
Gabriela
Sebastián de Erice. Junio de 1999.
Hija del embajador de España en Alemania, José Pedro
Sebastián de Erice y Gómez Acebo, y de María
Teresa Schoenborn-Buchheim Orssich. Se llegó a afirmar
incluso que el compromiso oficial se haría público
en junio y la boda se celebraría en otoño. Evidentemente
no fue así. El propio Rey Don Juan Carlos, en el día
de su onomástica, harto de tantos rumores, hizo a la prensa
una declaración premonitoria: “Os tengo que hacer
un anuncio muy importante. ¿No estabais toda la prensa
esperando? Mi hijo se casará… cuando le dé
la gana.”
Lady
Gabriela Windsor. Septiembre de 1999.
Sobrina de la reina Isabel II de Inglaterra e hija de los duques
de Kent, Eduardo y Katherine Worsley, también pasaban sus
veranos en la bella isla de Mallorca. La joven incluso vino a
nuestro país a estudiar español, aunque la amistad
con el Príncipe, de la que tanto se habló, nunca
pudo ser probada.
María Carolina de Borbón Parma y Orange Nassau.
Agosto de 2000.
Hija menor de Carlos Hugo (líder carlista) y de Irene de
Holanda, es católica y pertenece a una de las familias
reales más ricas de Europa. Una vez más, todas las
partes niegan la veracidad de alguna relación, aunque hubo
quienes aseguraban haber visto unas fotografías de la pareja
de paseo por las calles de Ámsterdam que, en todo caso,
nunca llegaron a publicarse.
Mencía
Roca de Togores. Junio de 2002.
Sevillana. Entonces tiene tan sólo 21 años. Sus
padres, los condes de Luna, mantienen una buena amistad con los
Reyes. La novedad es que se trata de una mujer morena, de pelo
negro azabache, tez castaña y ojos grandes y oscuros. Diez
Minutos publicó las únicas fotografías de
la joven junto a su hermana y a escasos metros del Heredero, que
había asistido a la plaza de La Maestranza de Sevilla para
ver una corrida.
Diana
Martínez-Bordiú Aznar. Abril de 2003.
Hija de José María Martínez-Bordiú
y Rocío Aznar, Didí, se tomó a broma su supuesta
relación con Don Felipe. Esta joven estudiante de Interpretación
y Traducción es nieta de los condes de Morata de Jalón
y sobrina segunda de Pocholo Martínez-Bordiú.