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Novias de su Alteza Real el Príncipe de Asturias

Plebeyas, princesas, modelos, latinas y europeas formaron parte de la vida sentimental del heredero de la corona española, pero fue la periodista Letizia Ortiz quien le robó el corazón El príncipe Felipe de Borbón, nacido el 30 de enero de 1968 en la Clínica de Nuestra Señora de Loreto, de Madrid, no sólo se ha fijado en princesas.
De hecho, quienes han seguido de cerca su vida privada, caracterizada en todo momento por la discreción, pueden confirmar que el príncipe ha escuchado más las razones del corazón que las de Estado, en sus relaciones de pareja.

La primera novia de que se tiene noticia fue Victoria de Carvajal, una joven de sociedad madrileña, con la que se le vio durante algún tiempo. A fines de los 80, apareció en su vida Isabel Sartorius, para muchos la mujer más importante en su vida hasta la reciente aparición de Letizia Ortiz.
Hija de Vicente Sartorius, marqués de Mariño (ya desaparecido), y de la argentina Isabel Zorraquín, Isabel era una belleza rubia, ojos azules, 1.75 metros de estatura, que a sus 24 años robó el corazón del príncipe heredero.

Luego de cuatro años de noviazgo, la relación terminó sorpresivamente, y ambos tomaron caminos separados: él se marchó a Estados Unidos para estudiar una maestría en la Universidad de Georgetown, y ella fijó su residencia en Londres, donde meses después dio a conocer la noticia de que esperaba un hijo. No faltaron las malas lenguas que hablaron de la supuesta paternidad del príncipe y de la absoluta oposición de la reina Sofía al matrimonio. Lo cierto es que la misma Isabel se ha encargado de negar ambas cosas en distintas entrevistas, y de aclarar que el padre de su hija Mencía no es otro que Javier Fitz-James Stuart Soto, socio de una empresa de gestión de patrimonios y miembro de la Casa de Alba.


Por su parte, el príncipe ha declarado en repetidas ocasiones a la prensa: "Yo siempre he gozado de la confianza de los reyes, mis padres, en mi criterio, en el respeto a mi voluntad y en la toma de decisiones."

Durante su estancia en Estados Unidos se le relacionó sentimentalmente con la guapa modelo Giselle Gigi Howard, luego de ser descubiertos por los paparazzis en actitud cariñosa en una playa de Guyana.

A éste siguieron otros supuestos romances con la top model canadiense Yasmín Gahuri (hija de un paquistaní y una francesa), con la que se le relacionó durante las Olimpiadas de Barcelona 92; y con Gabriela Sebastian de Erice, hija de un embajador de España, en Alemania.

Se habló también de las guapas mexicanas Marcela Cuevas, recientemente casada con el rockero Leonardo de Lozanne, y Viviana Corcuera, hija del empresario ya desaparecido Enrique Corcuera (creador del pádel tenis) y Viviana Dellavedova, ex Miss Argentina; así como de la modelo checa Alicia Krezjlova, a la que conoció siendo camarera del restaurante Flanigan, uno de los más concurridos por la realeza española durante sus vacaciones veraniegas en Palma de Mallorca.

A fines de los 90 apareció en su vida Eva Sannum, una escultural modelo de 1.80 metros de estatura, nacida en Lovenstad, un pequeño pueblo al sureste de Oslo, a la que muchos calificaron como la más fuerte candidata a alcanzar el título de Princesa de Asturias.

Sin embargo, el 14 de diciembre de 2001, el mismo príncipe anunció oficialmente su rompimiento con la modelo noruega, a los periodistas que cubrían la fuente de la Casa Real Española.
De ella dijo en aquella ocasión: "Su fortaleza, dignidad, sensibilidad, serenidad, capacidad de superación, sentido de la justicia y determinación por llegar a la excelencia en lo que se propone, siempre me han impresionado". Pese a ello, dejó claro ante el mundo, que "por razones estrictamente personales y particulares, cada uno seguirá su camino en la vida".

Desde entonces, su nombre no había sido ligado al de otra joven, hasta que en el mes de junio pasado comenzó a hablarse con insistencia de su supuesta relación con la aristócrata Diana Martínez-Bordiú, hija de José María MartínezBordiú, y Rocío Aznar, emparentada con la familia de Francisco Franco a través de su tío, el ya desaparecido marqués de Villaverde.

A lo largo de sus 35 años, las revistas del corazón buscaron a la candidata ideal para el príncipe entre las jóvenes de la realeza europea y de familias aristócratas registradas en el Gotha. Lo cierto es que una a una, éstas fueron casándose, haciendo la "lista" cada vez más pequeña: Tatiana de Liechtenstein, Catalina de Habsburgo, Carolina de Waldburg, la belga Sophie Ullens, Magdalena de Suecia, lady Gabriela Windsor, Alejandra y Natalia de Dinamarca; Mafalda de Saboya, Marta Luisa de Noruega, Esmeralda Iacobella Macioti, Carolina de Borbón, e incluso su prima Victoria de Borbón-Dos Sicilias.

El misterio por fin ha sido desvelado por el propio príncipe Felipe, quien ha encontrado en la asturiana Letizia Ortiz Rocasolano, las características idóneas para convertirse en madre de sus hijos y futura reina de España.

Los reyes Juan Carlos y doña Sofía han recibido la noticia con "gran satisfacción y enorme alegría", mientras que los españoles al parecer también han reaccionado favorablemente, tal vez felices por ver sentarse en el trono de España a una española después de muchos años.
Los asturianos por su parte, estarán doblemente felices, pues tendrán, literalmente hablando, una princesa de Asturias.

Las mujeres que Felipe dejó en el camino

Antes de Letizia Ortiz hubo dos mujeres que grabaron sus nombres a fuego en el corazón del futuro Felipe VI. Pero el veto encubierto de la Casa Real, el asedio periodístico y el juicio de los españoles terminaron impidiendo que esos romances fueran bendecidos.

El inocente juego de emparejar a Felipe de Borbón con todas las princesas casaderas de Europa o con atractivas aristócratas y modelos fue la actividad preferida de los españoles desde que vivió a los 21 años su primer gran amor. Pero a punto de cumplir los 30, en 1997, la pista se le puso difícil con las constantes alusiones a los "riesgos y sobresaltos" que conllevaba su prolongada soltería y las comparaciones con su padre, Juan Carlos I, que a esa misma edad llevaba seis años casado y tenía a sus tres hijos.

En la Zarzuela se vivió el "síndrome lady Di" y también el temor a que el príncipe pudiera tener un hijo fuera del matrimonio o muriera en atentado terrorista o accidente, sin dejar descendencia. Pero el futuro Felipe VI no tenía apuros. "Es mejor esperar a los cuarenta que casarse mal", decía con la convicción de que podría conjugar las razones de Estado con una elección que, de todos modos, haría "por amor". Y para ello esperó cinco años, sorprendiendo a todos los españoles al sellar el 6 de noviembre su compromiso con la atractiva periodista de 31 años Letizia Ortiz Rocasolano, en el palacio El Pardo. El heredero tranquilizó a los súbditos del reino asegurando que su matrimonio "significa sobre todo la continuidad. Permite dar la posibilidad de tener un eslabón más en la cadena de la dinastía".

Con esta elección hizo caso omiso a los últimos deseos de su abuelo, Juan de Borbón, quien antes de morir le pidió que se casara con una "persona de sangre real".

El príncipe durante largos años buscó con paciencia entre numerosas candidatas europeas de sangre azul –la prensa llegó a incluir a 15 en diferentes listas–, pero nunca se interesó mayormente por alguna de ellas. De hecho, las dos mujeres que se grabaron a fuego en su corazón antes de Letizia resultaron ser plebeyas: Isabel Sartorius, su primer gran amor, y Eva Sannun, la modelo noruega con quien mantuvo un serio romance de cuatro años con miras al matrimonio, hasta que lo dio por finalizado el 2001 con una histórica e inesperada declaración pública.

La desgracia de Sartorius fue ser la primera. Felipe inició en 1989 un noviazgo oficioso y casi público con esta rubia licenciada en Ciencias Políticas en la American University, que recién volvía de Estados Unidos. Discreta y elegante, la hija del fallecido marqués de Mariño saltó a las portadas españolas y extranjeras como la primera "novia" del príncipe durante ese verano en Palma de Mallorca. Ya en el otoño y ante el constante cerco de los fotógrafos comenzó a resentir su cambio de vida, la falta de libertad, el obligado encierro y la curiosidad que despertaba su pasado familiar –de padres separados y vueltos a casar–. Isabel dio el ultimátum: "Esto no puede seguir así, tienes que elegir".

"Ella pidió una decisión que no se podía tomar todavía. Creyó que iba a ganar esa batalla, pero finalmente terminaron", explica José Apezarena, autor de la biografía no autorizada "El príncipe. Cómo es el futuro Felipe VI" (Plaza y Janés).

Así comenzaron las dificultades y el distanciamiento de la pareja, avivados por los cuestionamientos sobre la conveniencia de un matrimonio "desigual". El 22 de agosto de 1991, a los dos años de las primeras fotografías, la revista Hola anunció la ruptura.

Durante años los medios se resistieron a descartar a Isabel como futura reina, hasta que en 1996 que quedó embarazada y se casó de manera privada en Londres, divorciándose seis meses después. Incluso se rumoreó que la pequeña, Mencía, podía ser hija del príncipe, lo que luego fue considerado "una afirmación canallesca".

Apezarena resta crédito a las versiones de que la reina Sofía influyó en la ruptura con Sartorius, aunque era evidente que ella no gustaba a los monarcas porque era "demasiado mayor" y podía dominar a Felipe y su entorno familiar no resultaba "adecuado".

De las princesas casaderas y otras candidatas nobles que llegaron "casualmente" a España para perfeccionar el castellano, Tatiana de Liechtenstein, una princesa de rostro cándido, perteneciente a una de las dinastías más antiguas de Europa, fue el primer intento serio de lograr una boda entre "iguales". Pero los jóvenes no congeniaron y cada uno siguió su camino. Lo mismo ocurrió con otras herederas que despertaban las simpatías de la reina Sofía: Catalina de Hasburgo, Carolina de Waldburg, Flor de Wurtemberg, Victoria de Borbón-Dos Sicilias, Adelaida de Orleans y lady Gabriela de Windsor.

En ese lapso Felipe tuvo otro romance importante, mientras estudiaba en Georgetown (Washington) con Gigi Howard, una norteamericana de 23 años, que cursaba educación infantil y vivía sola cerca de Central Park. A comienzos de 1995 se publicaron las primeras fotos, paseando juntos por Nueva York y meses después veraneando en la isla Saint Martin. La joven fue comparada entonces con la famosa Grace Kelly, la norteamericana que reinó en Mónaco.

Pero nuevamente el asedio periodístico terminó por alejar al heredero de un vínculo que a juicio de su biógrafo fue muy intenso. "Aunque quizás se trató de la aventura americana" del universitario.

En el otoño de 1997 se publican las primeras fotografías del cotizado heredero con la modelo noruega Eva Sannun, con la que mantuvo un polémico noviazgo no oficial. El Príncipe quería casarse con ella, pero finalmente las presiones lo hicieron desistir. "La figura de Eva chocaba con los españoles, así es que él intentó un sistema de introducción, con apariciones públicas, para darla a conocer poco a poco. Pero finalmente no fue aceptada", comenta Apezarena. No gustó que modelara ropa interior, su poca preparación universitaria y su lejanía con las costumbres de España y su monarquía.

Después de aquella ruptura en la prensa se habló de nuevas relaciones con Flor Valero -nieta de un ex presidente venezolano-, la actriz estadounidense Gwyneth Paltrow y la joven estudiante española Diana Martínez-Bordiú, nieta de los condes de Morata de Jalón.

Felipe no afirmaba ni desmentía, hasta que dio la sorpresa. Su elegida fue la guapa Letizia Ortiz, una joven divorciada nada de aristocrática, pero con un muy buen currículum profesional. Que el matrimonio sea "desigual" no es algo que hoy los españoles se cuestionen. Ni siquiera lo hacen los monárquicos recalcitrantes que criticaron en el pasado que algunas candidatas fueran plebeyas. La Casa Real no dio pie a eso, y optó por hacer un anuncio oficial antes de que cundieran los rumores.

La periodista Pilar Urbano, biógrafa de la reina Sofía, contó que esta vez Felipe de Borbón se puso firme, y amenazó con renunciar a la corona si sus padres no aceptaban a su elegida.

Lo que sí complica es que ella sea divorciada. "Esto es objeto de alguna discusión. Mucha gente lo ha lamentado, porque esa circunstancia implica que ella hizo un intento de formar familia que fracasó al año, aunque eso no la invalida", admite José Apezarena.

Letizia se enamoró de Alonso Guerrero, su joven profesor de literatura en el instituto Ramiro de Maeztu. Empezaron una relación en 1988 y diez años después de casaron con bombos y platillos en Badajoz. Las razones de su separación son un secreto bien guardado, aunque recientemente se supo que Guerrero escribió una novela sobre el desengaño amoroso de la que no existe ningún ejemplar en circulación. Quién le iba a decir al profesor que hoy cualquiera pagaría por leer su obra, buscando entrelíneas la historia de su corta aventura matrimonial con la futura reina de España.

Isabel Sartorius, su primer gran amor de juventud (1989-1992)

Don Felipe e Isabel Sartorius se conocieron en junio de 1989, en Madrid, durante una conferencia sobre la situación de Perú que pronunciaba un primo de Isabel. Ella tenía 24 años, tres más que él. Días más tarde volvieron a coincidir en el Prince Sport, donde el Heredero acudía con frecuencia a practicar squash y la joven Sartorius iba al gimnasio. Fue entonces cuando surgió el flechazo y el primer romance de Don Felipe; un noviazgo que nunca fue reconocido de manera oficial, pero sí oficiosamente.

Los periodistas supimos de él dos meses más tarde, cuando en el verano de 1989 vimos a una joven alta y hermosa al lado del Príncipe en el bar de copas El Capricho, propiedad del hermano de Lourdes Arroyo, mujer de Mario Conde. Don Felipe solía ir por allí en las noches del verano mallorquín, pero siempre acompañado de un grupo de jóvenes. En esta ocasión, nos sorprendió la presencia de una chica con la que mantenía miradas de complicidad. La escolta personal del Heredero seguía de cerca a la pareja, que charlaba animadamente. La intuición de dos jóvenes periodistas nos dijo que aquella hermosa joven era algo más que una simple amiga de Don Felipe.

Al día siguiente, decidimos volver a Puerto Portals, un lugar frecuentado por la 'gente bien' de la isla, pero, en ningún modo, por la prensa local ni la que se desplazaba para cubrir el verano mallorquín.
La sorpresa hizo brillar nuestros ojos. Allí, en el restaurante Flannigan, en una mesa redonda, en la terraza y frente al puerto deportivo, se encontraba el futuro rey de España. Junto a él, de nuevo, la joven y atractiva rubia. También, y como cómplices de ese incipiente amor, estaban las infantas Doña Elena y Doña Cristina. Nos pusimos en marcha.

Debíamos averiguar quién era esa acompañante del Príncipe, la joven que le hacía sonreír de manera especial. Descubrimos que ella había alquilado, junto a su hermana y unas amigas, un apartamento enfrente del Club de Mar. Era precisamente desde aquel lugar donde salían a bordo de la embarcación Njao hacia aguas de Cabrera, y fue en este paraje natural donde se les fotografía por primera vez en actitud más que cariñosa.

Isabel llevaba un traje de baño negro con un volante rosa con topos negros. Ambos se bañaron y tomaron el sol en cubierta. Aún desconocíamos la identidad de la joven. Las fotos que se publicaron fueron sólo una pequeña selección de un conjunto de 'apasionadas' imágenes como las que jamás se había soñado captar al heredero al trono. Por entonces hubo quien apuntó que la joven acompañante de Don Felipe era una tal Natalia, la hermana de uno de los compañeros de estudios durante su permanencia en la Academia del Aire, en San Javier, Murcia.

Días más tarde vimos cómo la joven Sartorius entró en la piscina del prestigioso Club de Mar. Llevaba libros y un cesto. Para pasar allí había que ser socio, por lo que, con aplomo y sin dudar un momento, decidimos formar parte del 'selecto círculo' de los que podían tener acceso a las instalaciones de dicho club. Descubrir la identidad de la 'amiga' del Príncipe hacía que mereciera la pena.
Después de pasar el día allí, y sin más presencia que la de Isabel, un par de periodistas extranjeros, nuestro compañero Antonio Catalán y nosotros mismos decidimos entrar en acción y tomamos unas fotografías de Isabel. Poco después, nos encontrábamos charlando con ella: "Tengo el honor de conocer a Don Felipe", nos confesó entonces.

La entrevista y las fotografías fueron portada de una importante revista del corazón. Ahí comenzó popularmente la bella historia entre Don Felipe y la joven hija del marqués de Mariño, quien, a pesar de su preparación y buenas condiciones –era licenciada en Ciencias Políticas, especialista en Relaciones Internacionales, políglota, católica e hija de noble–, fue cuestionada una y otra vez por hechos como el que sus padres, Isabel Zorraquín y Vicente Sartorius Cabeza de Vaca, estuviesen separados.

Muchos fueron los momentos en los que seguimos de cerca la relación entre Isabel y el príncipe Felipe. Vivimos interminables guardias en el madrileño barrio de El Viso de Madrid, donde Isabel vivió durante una temporada y hasta donde el Príncipe iba a recogerla; viajes a Peraleda de la Mata, donde Vicente Sartorius, su padre, tenía una finca y la pareja se hospedaba… Allí les pudimos ver, en alguna ocasión, montando en motora en un pantano cercano a la finca .

Fue también allí, en junio de 1990, donde conseguimos unas fotografías, que saldrían publicadas, en las que el Heredero posaba junto al marqués de Mariño, en la casa familiar de Peraleda, con los obreros que habían acometido unas reformas. La foto evidenciaba la estrecha relación del Príncipe con la familia de su 'novia', ya que había sido invitado por ésta a pasar fines de semana, que compartía con Isabel, el padre de la joven y la esposa del marqués de Mariño, Nora de Liechtenstein.
Las últimas fotografías de Isabel Sartorius y el príncipe Felipe fueron tomadas en julio de 1991, a la salida del restaurante Alduccio de Madrid, donde la pareja cenaba habitualmente. Curiosamente, las instantáneas de ese momento nunca vieron la luz. Después de pedirnos las cámaras y los carretes, la escolta del Príncipe confiscó las fotografías. Ya no hubo más ocasiones de retratar junta a la pareja.
La historia de amor del Príncipe e Isabel continuó con altibajos desde entonces. Ellos siempre estuvieron enamorados, pero las circunstancias no ayudaron especialmente a que su relación llegase a buen puerto. La juventud del Heredero, la oposición de los círculos monárquicos más ortodoxos y un 'ultimátum' de la joven, agobiada y presionada por los medios y la opinión pública, dieron al traste con lo que podía haber sido una historia de amor con final feliz.

Nosotros seguimos la evolución del romance y asistimos, no sin disgusto, a la ruptura de esta bonita relación. A nosotros, particularmente, nos encantaba esta candidata. Su saber estar, su preparación, su sentido del humor y su amor infinito por Don Felipe habían calado en nosotros. Pero no éramos quienes para opinar del tema. "Nos has caído tan bien que nos gustaría que fueras reina", le dijo Antonio riéndose un día. "No te preocupes, Antonio, si yo soy reina, tú serás mi fotógrafo oficial", fue el comentario divertido y sin pretensiones de dos jóvenes de la misma edad.

En la primavera de 1992, Isabel se trasladó a Londres para realizar un curso en la Sothebys Academy. Su historia de amor con Don Felipe estaba tocando su punto culminante y, también, su punto y final. Ellos, sin embargo, hablaban de boda, aunque sabían que era imposible, y también de qué les depararía el futuro. Hablaba entre lágrimas, nos consta, porque sabían que el fin de su relación estaba, irremediablemente, muy próximo. En círculos monárquicos y en la propia Familia Real existían barreras infranqueables que no dejaban ni un solo resquicio a la esperanza…
Años después, teniendo ya a su hija Mencía en los brazos, nosotros hemos hablado con Isabel de las niñas –tenemos hijas de la misma edad–, de su historia de amor con el Príncipe y de su presente ilusionado junto a su pequeña. Ella, muy tranquila, nos comentó: "No hay que darle vueltas, no pudo ser y punto. Hoy guardamos una bonita amistad."

Isabel, después de la ruptura con Don Felipe, se había ido a la India a reflexionar sobre su vida. Allí trabajó en un entorno de miseria desconocido para ella: en las casas de acogida fundadas por la madre Teresa de Calcuta. A su regreso, con su espíritu renovado de misticismo, se reencontró en Londres con Javier Soto, a quien conocía desde hacía años. Comenzaron a salir y se quedó embarazada. La pareja confesó que había contraído matrimonio y que esperaban un hijo. Nunca se encontró el registro de esa unión, porque nunca llegaron a casarse.

Isabel siguió viviendo en su apartamento y Javier, en el suyo. Meses después, en julio de 1997, ella daba a luz en la clínica La Zarzuela a una niña a la que pondría el nombre de Mencía, como la madre de Javier, la condesa del Valle de la Paloma. Ella, como es natural, no había calculado las consecuencias que los españoles sacarían de esa maternidad… Cuando comenzaron a arreciar las críticas, Isabel y Javier Soto fingieron una boda en la capital inglesa que luego fue desmentida y que volvieron a anunciar para finales de 2002. Pocos días antes del enlace, éste fue aplazado. Ellos eran amigos y habían pensado que, por el bien de la niña, lo mejor era contraer matrimonio, aunque finalmente la boda se suspendió y cada uno siguió su camino por separado.
Desde entonces, Isabel inició una difícil etapa en su vida, en la que una sucesión de duros acontecimientos personales y familiares marcarían sus días. En la actualidad, tanto Javier Soto como el Heredero han resuelto su futuro. Javier ha contraído matrimonio con María Chávarri y espera un hijo. Don Felipe está prometido con la periodista Letizia Ortiz. La pareja se unirá en matrimonio el 22 de mayo de 2004. Isabel Sartorius sigue siendo una mujer soltera y marcada, definitivamente, por su primer gran amor.

Tatiana de Liechtenstein, una relación para el sueño de los monárquicos (1989-1992)

La Princesa que rechazó a Don Felipe para casarse por amor.

Antes de que Isabel Sartorius anunciara que su relación con el Príncipe había acabado, comenzaron los rumores de que Don Felipe y Tatiana de Liechtenstein salían juntos. Los dos jóvenes príncipes se habían conocido en la boda de su tía, Nora de Liechtenstein con Vicente Sartorius –casualmente padre de Isabel–, pero no volvieron a coincidir hasta tres años después, el seis de marzo de 1991, en las honras fúnebres por el tío de Tatiana.

A principio de 1993, la princesa –nacida en Suiza el diez de abril de 1973– llegó a Madrid para estudiar castellano. Una vez más, fuimos nosotros quienes dimos la noticia de su presencia en España. Antes, como es nuestra costumbre, seguimos los pasos de la joven durante varios días.
Nunca se pudo verla en público con el Heredero. Sin embargo, algunas fuentes interpretaron la estancia de la joven Princesa en nuestro país, –que se matriculó en Madrid en un Máster Internacional en Ciencias Empresariales durante dos años– como premeditada. Se esperaba que Tatiana frecuentaría los círculos de amigos de nuestro Príncipe, y así se les daría a ambos la oportunidad de conocerse y, por qué no, de enamorarse.
La joven holandesa tenía el beneplácito de la Reina Sofía. Era, además, una chica sin pasado sentimental, educada en un ambiente muy familiar y de religión católica. Pero, para Don Felipe debía ser, ciertamente, paradójico el hecho de que fuera sobrina de la mujer que ahora estaba casada con el padre de Isabel Sartorius, cuyo divorcio pareció resultar un impedimento insalvable para que su amor tuviera final feliz.

Gigi Howard, el sueño americano (1989-1992)

El príncipe Felipe viaja hasta Washington (Estados Unidos) en agosto de 1993. Nosotros le estamos esperando en la Universidad de George Town. En apenas tres días, el Heredero quiere tomar un primer contacto con lo que será su nuevo hogar para los próximos dos años. Sin embargo, en esta ocasión no estará solo: contará con el apoyo de su primo Pablo de Grecia. El 23 de enero de ese mismo año recibimos una llamada entrada la media noche. El Príncipe e Isabel Sartorius están juntos en un restaurante de El Molar, cerca de Madrid. Celebran el 28 cumpleaños de ella y los próximos 25 de él. Cuando llegamos al pueblo de la sierra madrileña, nos cruzamos con los coches y no podemos hacer fotos. La gente que les vio asegura que estuvieron bailando muy animadamente. Y, también, jugando al futbolín… Después de este encuentro, Don Felipe regresa a Washington para comenzar un máster en Relaciones Internacionales. Allí, su primo Pablo de Grecia conoce a la que hoy es su mujer, Marie Chantall Miller. Alexandra, la hermana de ésta, es íntima amiga de Giselle Howard, una joven modelo y estudiante de 1,80 metros de estatura, ojos verdes y cabello castaño. En sus habituales escapadas de fin de semana a Nueva York, acompañando a su primo, el Príncipe conoce a Gigi. Los periodistas españoles les seguimos los pasos muy de cerca. En una ocasión, viajamos a Nueva York y hacemos guardia en el hotel de Manhattan donde se hospeda. Sabemos que Don Felipe sale con alguien, porque unos compañeros nuestros le han hecho unas fotografías en compañía de amigos y alguna joven. Las fotos apenas valen como testimonio de la presencia del Heredero en Nueva York, pero sirven para ponernos en alerta.

Me resulta imposible estar en la puerta del hotel y, junto a mi compañera, cubrimos los extremos de la calle. No sabemos que, durante esas horas, Mark, un fotógrafo americano que trabaja para una agencia española, hace fotos de la pareja a tan sólo tres manzanas de donde nosotros nos encontramos. Aquellas instantáneas del futuro rey de España, sonriendo feliz junto a una joven en un paso de cebra, hicieron saltar todas las alarmas. La complicidad que reflejaban las imágenes dejaban claro que el Príncipe había superado el trauma que le causó su ruptura forzada con Isabel y un nuevo futuro se abría ante su corazón. Esa misma noche, cenamos con Mark. No nos contó lo de sus fotos, que ya volaban rumbo a Madrid, donde no se hablaría de otra cosa. Al día siguiente, Don Felipe salió del hotel solo. En mi arrancada para no perderle, mi coche chirrió en el asfalto, con tan mala fortuna que un automóvil de Policía lo advirtió y me detuvo. Sólo encontré al Heredero cuando salía de un restaurante italiano para volver al hotel sin su amiga, que se marchó con Pablo y Marie Chantall unos minutos después. Aquellas fotos hicieron que Don Felipe declinara la invitación de asistir a la boda de Alexandra Miller. Sin embargo, Gigi sí lo hizo y fue fotografiada por tercera vez con un traje blanco. Después, la pareja viajó a la isla caribeña de San Martín. En la Casa Real habían excusado su presencia en actos oficiales alegando que el Príncipe se encontraba muy centrado en sus estudios. Un par de semanas antes, yo había vuelto de hacer el reportaje exclusivo de la luna de miel australiana de la infanta Doña Elena y Jaime Marichalar. Aquella historia de amor la viví en primera persona y me tuvo alejado de la que el hijo de los Reyes protagonizaba por su lado. Poco después, se publicaban unas nuevas fotos. Éstas, que consiguió Hugo Arriazu, no dejaban lugar a dudas: el Príncipe vivía una nueva historia de amor con una joven norteamericana. En las imágenes se ve a la pareja en la playa. Don Felipe cogía a Gigi en brazos y la besaba en el agua. Después de esto, yo hice un nuevo viaje para tratar de averiguar la identidad de aquella mujer, buscando en el círculo de Pablo de Grecia. En esta ocasión, pude fotografiar a Gigi con Álvaro de Marichalar. El hermano del duque de Lugo conocía al príncipe Felipe, quien se había empezado a replantear su amistad tras las fotos de Saint Martín. Una vez más, las críticas en España cuestionaban la relación y el pueblo no veía con buenos ojos que fuera una extranjera, que había ejercido de modelo, quien ocupara el trono de España. Sin embargo, ella había donado todos los ingresos de aquel reportaje a una asociación de niños discapacitados. No en vano, estudiaba Psicología Infantil y era una mujer sensibilizada con esa causa. De ella sabemos muy poco: viajó en algunas ocasiones a Madrid y se hospedó en las residencias de los íntimos del Príncipe, quienes siempre le han sido fieles.

El Heredero debió estar muy enamorado. En una ocasión recuerdo que estábamos en la puerta de la casa de Marie Chantall, donde se hallaban el Príncipe y Gigi. Don Felipe debía regresar a Madrid y se dirigió al aeropuerto JFK. Su avión salía en una hora y media. En un arrebato, salió del aeropuerto y tomó rumbo a la ciudad. Nosotros seguíamos, desconcertados, a la comitiva sin saber qué estaba pasando. Llegamos hasta la casa donde se encontraba Gigi, y el Príncipe entró un par de minutos (siempre hemos pensado que hizo este esfuerzo para darle un beso y demostrarle así su amor). Luego corrió, de nuevo, acompañado por tres de sus escoltas, hasta los coches. Cuando Don Felipe llegó al aeropuerto, su avión esperaba, con el pasaje embarcado desde hacía más de hora y media, a que subiera a bordo. La excusa que daría el piloto sería bien distinta. Más tarde, el fotógrafo Hugo Arriazu, que había conocido a unos detectives de Miami y quería saber todo sobre la relación de Don Felipe y la americana, cometió un error que le costó la cárcel. Aquella lamentable historia hirió la relación sentimental del Príncipe y Gigi, que rompieron por alguna razón que sólo ellos conocen. Nadie pudo probar nada que comprometiera a la joven americana y yo, cuando recuerdo aquella historia, no sé realmente dónde estaba el problema para que ese amor no hubiera dado un fruto mayor. Lo que Hugo Arriazu y sus detectives pudieron llegar a escuchar con el 'pinchazo' del teléfono de la joven fue confiscado por la Policía. Sin embargo, tal vez, La Zarzuela prefería no correr determinados riesgos… Nosotros pensamos que la ruptura con Gigi Howard fue la menos traumática para el príncipe Felipe, que comenzaba una nueva vida en nuestro país, superados con éxito sus estudios en Estados Unidos, y decidido a poner fin a su 'sueño americano'.

Eva Sannum. Un compromiso con la historia que les rompió el corazón (1997-2001).

Un apasionado amor que terminó por exigencias del Estado.
Estuvo a punto de casarse con ella, sin embargo, Don Felipe no se atrevió a plantear su decisión como un ultimátum. Consciente del papel que la Historia le había encomendado, el Heredero no quiso comprometer su futuro ni el de la institución que un día está llamado a liderar. Su amor por Eva Sannum empezó en una fiesta privada que tuvo lugar en Noruega en el verano de 1997 y cuyo anfitrión era, nada más ni nada menos, que el Príncipe heredero al trono, Haakon, amigo de la guapa modelo Katrina Knudsen. ésta era amiga de Eva Sannum y juntas habían asistido a un evento que para la modelo sería importantísimo. De la mano de Carlos Mundi –gran amigo del Príncipe y de la infanta Doña Elena, ex jinete y copropietario de la agencia de modelos Magic–, Eva Sannum llega a España para trabajar. Aquí comparte piso con unos amigos y asiste a una cena que cambiará su vida para siempre. Desde que el Príncipe regresó a España de su aventura americana no se había demostrado ni una sola relación sentimental, ni se le había podido fotografiar con una mujer. Pero, el 9 de octubre de 1999, varios paparazzi recibieron el soplo de una cena que se estaba celebrando en el restaurante mexicano Cuchi de Madrid. Los más astutos consiguieron alquilar, sobre la marcha, una habitación en la pensión que hay en la acera de enfrente y cuya fachada se encuentra tapada por andamios por unas obras de rehabilitación del edificio. Las redes de protección, para evitar la caída de cascotes durante las obras, se convirtieron en los mejores aliados de los reporteros. En la mesa, muy cerca de Don Felipe, estaba Alejandra Osborne, hija mayor de Bertín y de cuya amistad con el Príncipe nunca ha existido constancia entre los periodistas. Sin embargo, a su lado había una joven rubia, de aspecto nórdico, cuya complicidad con el hijo del Rey se hizo patente en la velada. El príncipe de Asturias tiene fama desde muy joven de haber preferido siempre a las extranjeras. La explicación que hemos encontrado a este hecho, y que parece más razonable, es que en esas mujeres ha encontrado, por un lado, mayor discreción y por otro, un trato más natural y no mediatizado por la condición de heredero al trono español. El Príncipe siempre se ha sentido un poco 'bicho raro', especialmente, en ambientes públicos españoles.

"¿Qué creen que les va a pasar si se acercan a mí?", ha comentado alguna vez a sus amigos más próximos. Aquellas fotografías con Eva Sannum volvían a poner a Don Felipe en el disparadero de todos los comentarios. En sectores políticos, y especialmente monárquicos, existía cierta impaciencia por la actitud del Príncipe y su dificultad para encontrar una mujer 'adecuada'. Como quien da primero da dos veces, la misma agencia de fotógrafos siguió a la modelo y, días después, consiguieron unas instantáneas de Don Felipe en la casa que la familia Fuster posee en un pantano cerca de Madrid. Tanto las primeras como las segundas instantáneas fueron portada de la revista Diez Minutos y ampliamente comentadas durante mucho tiempo. La relación de Don Felipe, a pesar de ser evidente, no fue reconocida por la Casa Real. El difícil papel al que se enfrentaban no tenía una salida clara. Por un lado, no querían presionar al Heredero para evitar una 'espantada' que diera al traste con su compromiso histórico. Por otro, sin embargo, no podían permitir que su relación con la modelo fuera demasiado lejos y trataron de disuadirle con diplomacia. En aquel momento pensamos que la intención era que el propio Don Felipe se desengañara, que no hiciera oficial su relación y dejarle tranquilo "a ver si se cansaba". Pasó el tiempo y esto no ocurrió. Ni siquiera la aparición de unas fotos en top less de Eva en Interviú, en noviembre de 1999, persuadieron al Príncipe, cada día más enamorado.

Don Felipe tenía claro que el amor era esencial en cualquier matrimonio y no quería vivir teniendo que fingirlo en lugar de sentirlo. Por ello estaba dispuesto a cualquier renuncia. En agosto de 1999 la pareja realizó un viaje a la India. Nadie se enteró en ese momento. Nosotros tuvimos noción de esta 'escapada' tres meses después, cuando recibimos noticias de un antiguo amigo de aquel país, que nos dijo: "Don Felipe de Borbón llegó en Jaipur, en la fecha de doce de agosto... Su viaje fue de tres días en la ciudad. Tienes un Príncipe muy alto y muy guapo. Más alto que los guardias suyos. La novia es una chica alta y muy simpática. Tiene pelos amarillos y cortos…" Yo mismo (Antonio) viajé a este país en octubre. Mi objetivo era conseguir fotos de esas románticas vacaciones, instantáneas que hubiesen quedado en la India, datos que me ampliaran la historia. Lo conseguí después de catorce días entre Delhi, Jaipur y Agra. Pero en mis fotos sólo estaba Nicolás de Grecia y Don Felipe en el momento de su llegada a un hotel indio. Busqué hasta la saciedad la imagen de los elefantes y pude reconstruir, paso a paso, aquel fantástico viaje. Por ejemplo, un diario local que todavía conservo en mi poder publicó la siguiente noticia: "El príncipe Felipe rechaza la seguridad india." Al parecer, el heredero español había llegado a la ciudad de Jaipur a las siete de la tarde del doce de agosto, para hacer una visita con unos amigos. Llegó procedente de Katmandú (Nepal) en un avión privado. Su escolta había informado a las autoridades del Gobierno de la llegada del Príncipe y éstos le facilitaron una guardia de honor . Pero el Príncipe no esperaba que, cuando aterrizó en el aeropuerto de Sanganer, allí le estuvieran esperando las principales autoridades del Gobierno de Rajastán. Don Felipe se mostró muy contrariado al ver la recepción que le aguardaba y se sentó en el coche que le había enviado el hotel Ragputana Sheraton y no quiso saludar a nadie. Dijo estar cansado del lujo de España y no necesitar ningún tipo de ayuda oficial. También afirmó que no quería fotos de ningún tipo. Al día siguiente salió del hotel y, al ver a los policías locales que querían darle escolta, les pidió que se marcharan. Sin embargo, ellos no lo permitieron porque obedecían ordenes del Gobierno y no de él. Al darse cuenta de que de esta forma no tendría ni un minuto de soledad, el Príncipe les dio su renuncia a la seguridad por escrito y finalmente ellos acordaron con la escolta española seguir el recorrido de lejos sin que él advirtiera su presencia.

Al día siguiente todos los amigos del Príncipe viajaron a la casa del pantano de la familia Fuster, la misma en la que fueron tomadas las fotos con Sannum a finales del verano del 97. De aquellas suecas que, según parece, conocieron a al Heredero en un viaje a Rusia nunca más se supo. Poco después se habló de la nieta del dictador venezolano, Flor Pérez Giménez, pero su familia lo desmintió tajantemente. Meses después, en abril de 2003, saltó a la palestra el nombre de Diana Martínez-Bordiu. Lo sonoro de su apellido otorgó cierta credibilidad a la relación. Nosotros hablamos con ella a finales de ese mismo mes, cuando persistían los rumores y nos confesó: "Es cierto que he conocido al Príncipe y me ha presentado al Rey Don Juan Carlos. "¡Casi es más alta que tú!", exclamó al conocerme. Hemos jugado al squah y creo que le va a costar más tiempo casarse de lo que la gente se puede imaginar." En esta ocasión, ante la presión de los medios de comunicación los 'amigos' dejaron de verse. Pocas semanas después, en mayo, recibimos la información de dos nuevas chicas, esta vez alemanas, en la vida de Don Felipe. Trabajamos la noticia sin llegar a conseguir fotos de ellos juntos, aunque pasamos varios días en el barrio de El Viso, donde vivían en un chalé alquilado. Se trataba de dos amigas llamadas Christine e Ivonne, jóvenes estudiantes que habían conocido a Don Felipe en una fiesta privada. Luego habían salido a bailar a la discoteca Joy Eslava de Madrid y habían cenado en alguna ocasión. Ellas nos confesaron que sólo eran "amigas" y que no estaban pensado en ser reinas de España. Estas mismas jóvenes nos contaron que habían visto en el príncipe de Asturias a una persona muy dolida y triste por su ruptura con Eva Sannum. Según ellas, él les había confesado que aquella separación había sido muy traumática para él. Difícilmente en ese momento podía el hijo de Doña Sofía estar manteniendo una relación seria con ninguna mujer, y mucho menos pensar que meses después anunciaría su matrimonio. Lo último que supimos de estas alemanas es que Don Felipe les consiguió unos pases especiales para asistir a la misa que S.S. el Papa Juan Pablo II ofició en la plaza de Colón de Madrid, a principios de mayo.

Las candidatas que nunca llegaron al corazón de Don Felipe (1991-2003)

Catalina de Austria. 1991.

Su nombre aparece en la prensa española como una de las candidatas preferidas de la reina Sofía. Nacida en 1972, es hija del archiduque Rodolfo D'Aviano y de la princesa Gabrielle de Wrede. Estudió en una universidad privada en Segovia y eso hizo que los rumores llegaran a la prensa. Las fotografías que se publicaron de ella y su novio pusieron punto final a la especulación.

Adelaida de Orleáns. Mayo de 1997.

Había hecho unas declaraciones en Point de Vue, en el mes de noviembre, en las que la joven aseguraba que estaba dispuesta a sacrificar su libertad "por el amor de un hombre cuyo destino está irremediablemente ligado al destino de su país". Adelaida es hija de los condes de París, Enrique de Orleáns y Beatriz Pasquier de Franqlieu, que se casaron contra la decisión de su padre y quedaron apartados del rango. Adelaida vive en Madrid y trabaja para el departamento de marketing de la empresa de moda Loewe. Es una amante de España, pero su relación con Don Felipe nunca ha pasado de ser una buena amistad que se profesan desde pequeños.

Victoria de Borbón Dos Sicilias. Abril de 1996.

Hija de los duques de Calabria, fue una de las candidatas preferidas por los monárquicos. Española y de educación exquisita, su padre ocupa el primer puesto en la línea sucesoria, después de la Familia Real española. La revista Época la señaló como candidata posible, pero el duque de Calabria corrigió: "No es verdad que el Príncipe y mi hija vayan a casarse. Son primos y han coincidido en varias ocasiones."

Carolina de Waldburg. Septiembre de 1997.

Aparece en las portadas de las revistas. Rubia, de ojos claros y 1,77 de estatura, la prensa habló de "un discreto romance". Pasó por España para aprender castellano. Estudió Historia y Literatura en Oxford y colaboró en Viena en una agencia de publicidad. También trabajó para una emisora de televisión en Munich y en España desempeñó una corresponsalía de un diario alemán. Su familia difundió un comunicado para evitar más comentarios: "Las especulaciones y publicaciones referentes a una relación sentimental o matrimonio entre el Heredero español Don Felipe y la condesa Carolina carecen de fundamento."

Flor de Wurtemberg. Noviembre de 1997.

También residió durante un tiempo en Madrid. Es hija del duque Carl y la princesa Diana de Francia, quienes pasan los veranos en su casa de Mallorca. Fue la propia princesa quien salió para aclarar de una vez la situación:"Entre mi hija y el príncipe Felipe de Borbón sólo hay una buena amistad. Nada más."

Victoria y Magdalena de Suecia. 2001.

La relación con la primogénita y heredera de los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia habría creado graves conflictos dinásticos. La joven, que cursó estudios de Geología en la Universidad de Yale, EE UU, tiene novio desde hace un año, Daniel Westling. De su hermana menor, de 21 años, se habló más como de una esperanza que de una realidad. Magdalena es una de las princesas que más novios ha paseado. Con el último, Jonás Bergstrom, protagonizó unas sugerentes imágenes en Marbella, en Semana Santa.

Sofía Ullens. Junio de 1998.

De familia real, pertenece a una rama sueca excluida del trono. Hija de Carlos Ullens, un rico empresario, y de la condesa Madelaine Bernadotte, además es nieta del príncipe Carlos de Suecia y sobrina de los actuales reyes de Noruega. Se habló de una posible relación que habría surgido tras viajar juntos en lo que se llamó "el crucero del amor", un viaje que organizaron los reyes de Noruega con motivo de su sesenta cumpleaños. Unas fotos que se publicaron de Don Felipe con Sofía en una calesa fueron suficiente mecha para encender la llama de lo que nunca pasó de ser un mero rumor.

Gabriela Sebastián de Erice. Junio de 1999.

Hija del embajador de España en Alemania, José Pedro Sebastián de Erice y Gómez Acebo, y de María Teresa Schoenborn-Buchheim Orssich. Se llegó a afirmar incluso que el compromiso oficial se haría público en junio y la boda se celebraría en otoño. Evidentemente no fue así. El propio Rey Don Juan Carlos, en el día de su onomástica, harto de tantos rumores, hizo a la prensa una declaración premonitoria: "Os tengo que hacer un anuncio muy importante. ¿No estabais toda la prensa esperando? Mi hijo se casará… cuando le dé la gana."

Lady Gabriela Windsor. Septiembre de 1999.

Sobrina de la reina Isabel II de Inglaterra e hija de los duques de Kent, Eduardo y Katherine Worsley, también pasaban sus veranos en la bella isla de Mallorca. La joven incluso vino a nuestro país a estudiar español, aunque la amistad con el Príncipe, de la que tanto se habló, nunca pudo ser probada.

María Carolina de Borbón Parma y Orange Nassau. Agosto de 2000.

Hija menor de Carlos Hugo (líder carlista) y de Irene de Holanda, es católica y pertenece a una de las familias reales más ricas de Europa. Una vez más, todas las partes niegan la veracidad de alguna relación, aunque hubo quienes aseguraban haber visto unas fotografías de la pareja de paseo por las calles de Ámsterdam que, en todo caso, nunca llegaron a publicarse.

Mencía Roca de Togores. Junio de 2002.

Sevillana. Entonces tiene tan sólo 21 años. Sus padres, los condes de Luna, mantienen una buena amistad con los Reyes. La novedad es que se trata de una mujer morena, de pelo negro azabache, tez castaña y ojos grandes y oscuros. Diez Minutos publicó las únicas fotografías de la joven junto a su hermana y a escasos metros del Heredero, que había asistido a la plaza de La Maestranza de Sevilla para ver una corrida.

Diana Martínez-Bordiú Aznar. Abril de 2003.

Hija de José María Martínez-Bordiú y Rocío Aznar, Didí, se tomó a broma su supuesta relación con Don Felipe. Esta joven estudiante de Interpretación y Traducción es nieta de los condes de Morata de Jalón y sobrina segunda de Pocholo Martínez-Bordiú.

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