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Camila y el Principe Carlos

El príncipe de Gales y heredero de la corona británica, Carlos, contraerá matrimonio civil con Camila Parker Bowles el próximo 8 de abril en el castillo de Windsor, según anunció ayer un comunicado de Clarence House, su residencia oficial.

La ceremonia está reservada a la familia y a los amigos de los contrayentes, según el comunicado, que explica también que, luego de la ceremonia civil, el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, oficiará "un acto de oración y de dedicatoria".

Camila Parker Bowles recibirá entonces el título de duquesa de Cornwall y, después de la futura coronación de Carlos como rey, tendrá el tratamiento de "su alteza real la princesa consorte".

La reina Isabel, los hijos del príncipe y el gobierno hicieron pública su felicitación a la pareja, que vivía en estos momentos una situación protocolaria anormal, al carecer Camila de estatus oficial que amparase sus apariciones públicas junto al príncipe Carlos.

El anuncio del matrimonio remata el largo y complejo romance de la pareja. Carlos conoció a Camila Shand en 1970, cuando él tenía 24 años –ella es 18 meses mayor–, pero la mutua simpatía no condujo en aquel momento a un romance oficial, por la juventud de ambos y la presión de la casa real para que el heredero encontrara una novia aristocrática sin experiencia sexual.

Cuando finalmente el príncipe de Gales contrajo matrimonio en 1983 con Diana, una joven aristócrata que cumplía el requisito de virginidad estipulado, el mantenimiento de la relación con Camila contribuyó a la crisis matrimonial de los príncipes de Gales. Ésta desembocó, primero, en su separación, en 1992, y más tarde en su divorcio, en 1996. Los Parker Bowles también se divorciaron, en 1995.

Desde la muerte de Diana, en 1997, Carlos y Camila han hecho vida de pareja y han asistido juntos a actos públicos. La anomalía de esta relación termina ahora, cuando las pasiones populares que despertó el pleito conyugal de los Gales se han enfriado notablemente.

El sondeo reciente más fiable sobre la opinión de los británicos ante el posible matrimonio de Carlos y Camila mostró, hace un mes, que el 40 por ciento de la población era favorable al enlace, el 36 por ciento se oponía y el 24 por ciento era indiferente.

Los sondeos mostraron también una fuerte oposición de la opinión pública británica, por encima del 70 por ciento, a que Camila sea nombrada reina consorte, como es costumbre.

Por eso Camila será princesa consorte, un rango que le fue negado al padre de Carlos, Felipe de Edimburgo, contra el precedente anterior de Alberto, marido de la reina Victoria, que sí lo fue. Además, la mayoría de edad del príncipe Guillermo evita especulaciones sobre la posibilidad de que Camila pueda ejercer la regencia.

Existían dudas constitucionales también sobre la idoneidad del matrimonio, porque el jefe del Estado británico es también cabeza de la Iglesia de Inglaterra. El arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, afirmó que la ceremonia planeada sigue las pautas dictadas por las autoridades de la Iglesia establecida para el matrimonio de personas divorciadas cuyo cónyuge aún vive.

Sectores anglicanos más intransigentes manifestaron en otras ocasiones su oposición al matrimonio, aunque oficialmente la Iglesia ha derogado la prohibición de consagrar en la Iglesia este tipo de enlaces.

¿Princesa católica?

Otra cuestión religiosa es la pertenencia de Camila a la tradición católica, por el matrimonio con su primer marido en el rito de la Iglesia de Roma. No existe certeza sobre la fe religiosa de la futura princesa consorte. Legalmente, los católicos no tienen derecho a ocupar el trono.

La normalización de las relaciones entre Carlos y Camila no apaciguará las críticas de un sector de los medios de comunicación que mantiene aún viva la causa de Diana.

Pero las críticas a Carlos en los últimos meses se han centrado en sus manifestaciones públicas o los gastos de su corte, mientras que la persecución de las vidas privadas de la familia real se desvía hacia los príncipes Guillermo y Enrique.

Camila pertenece a una familia con documentadas relaciones con la Corte pero carece de títulos aristocráticos. Su bisabuela paterna, Alice Keppel, fue una amante pública de Eduardo VII, hijo de la reina Victoria.

Por vía materna, Camila Shand desciende de una familia hacendada venida a menos, uno de cuyos próceres construyó buena parte del barrio de Belgravia, en el corazón de Londres.

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