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El eterno heredero

El hijo de Isabel II de Inglaterra y Felipe de Edimburgo lleva demasiados años ostentando un cargo vacío de contenido práctico: heredero de la corona británica. Con 63 años bien cumplidos (nació el 14 de noviembre de 1948), Carlos, príncipe de Gales, tiene frente a su futuro a una madre que ya celebró sus bodas de oro en el trono y con unos antecedentes de longevidad que muchos quisieran para sí.

Carlos cursó sus estudios en la férrea escuela de Gordonstoun (Escocia), de donde huía literalmente para pasar las vacaciones con su abuela en la finca escocesa de Birkhales. Ingresó en 1968 en la Universidad de Cambridge, donde siguió estudios de arqueología y antropología.

En 1969, año de su nombramiento como heredero en el castillo de Carnavon, recibió su primer destino militar con el grado de coronel del Regimiento Real de Gales. Como militar, sirvió en el Caribe en 1973, y en enero del año siguiente embarcó en la fragata Júpiter con el grado de oficial de comunicaciones, siguiendo así una larga tradición de la familia real británica.

Aficionado a la arquitectura y el medio ambiente, en 1984 fundó una granja de productor orgánicos que, según las cuentas públicas, le sigue muchos beneficios. Esta actividad la compagina con sus obligaciones como heredero y sus actividades caritativas.

Considerado blando en muchos momentos de su vida, su fama se vio eclipsada por la de Lady Di, su esposa entre 1981 y 1996. Quedó como el malo de la película cuando la lánguida princesa confesó sus adulterios justificándolos con el verdadero matrimonio que su marido mantenía con Camila Parker-Bowles.

Eso sí, supo manejar como nadie la peor época de su proyección pública: la muerte de Diana y la posterior fiebre de los británicos por la princesa del pueblo. Se colocó junto a sus dos hijos en el funeral y demostró, que antes que heredero, era el padre de Guillermo y Enrique, quien últimamente le ha dado más de un disgusto.

Dejó pasar el tiempo para que sus futuros súbditos aceptaran su relación con Camila y, poco a poco, logró resultados al menos notables en las encuestas que trataban sobre su relación amorosa. También lo consiguió entre los gruesos muros del Palacio de Buckingham.

Por fin ha dado el paso que siempre se dijo que no supo dar cuando era sólo un veinteañero. Convertirá a su amante Camila en la esposa del príncipe de Gales.

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