EL
PRINCIPE CARLOS DE GALES
Carlos, príncipe heredero
Carlos promueve la tolerancia religiosa en el Reino Unido de
hoy.
Hay quienes lo consideran anacrónico, y quienes lo ven
como moderno. Lo cierto es que el heredero de la corona británica,
Charles Wilson, príncipe de Gales, no es alguien que
pase inadvertido.
Nació
poco antes de la medianoche del 14 de noviembre de 1948, cuando
su madre era aún la princesa Isabel, y quien reinaba
era su abuelo Jorge VI.
Es propietario del ducado de Cornualles, en el suroeste de
Inglaterra, que posee una superficie de más de 56.000
hectáreas y se extiende por 25 condados, incluyendo residencias,
comercios, oficinas y títulos bursátiles.
Criado para ser rey, su principal actividad tras su carrera
en la Marina Real se ha centrado en la fundación que
lleva su nombre, creada en 1976 y que tiene como principal objeto
apoyar a jóvenes emprendedores sin recursos a establecer
sus propios negocios.
Carlos es visto por muchos como un "padre ejemplar".
La arquitectura, el ambiente y la salud son otros de los temas
favoritos de Carlos, quien además fue uno de los primeros
activos promotores de la agricultura orgánica, desde
1984.
También se muestra como un promotor de la tolerancia
religiosa, llegando a decir que una vez que llegue al trono,
cambiará el título de "Defensor de la fe"
que tienen los monarcas británicos, a "Defensor
de fe", para reflejar la multiculturalidad del Reino Unido
moderno.
Sus polémicas declaraciones han provocado muchas veces
críticas airadas, ya que se entiende que la familia real
no debe pronunciarse sobre temas controvertidos o influir en
la política.
Reputación con altibajos
Pero
ha sido su vida personal la que más ha marcado a Carlos,
y cómo el eventual futuro rey es visto por los británicos.
Su tormentosa relación con la princesa Diana, con la
que se casó en julio de 1981, se separó en 1992
y se divorció en 1996, hizo caer su popularidad, al igual
que la de su amante y hoy novia oficial, Camila Parker Bowles.
Carlos, príncipe de Gales.
Los puntos de vista de Carlos a veces han provocado airadas
críticas de la clase política.
Por
si fuera poco, desde la muerte de Lady Di en 1997, Carlos ha
estado ocupado protegiendo a sus dos hijos, los príncipes
Guillermo y Enrique, en particular este último, que le
ha dado unos cuantos dolores de cabeza, incluyendo el fumar
marihuana, pegarle a un fotógrafo o vestirse de nazi
en una fiesta de disfraces.
La forma en que Carlos ha administrado sus bienes también
ha sido objeto de investigaciones, la más reciente a
manos del Comité de Cuentas Públicas de la Cámara
de los Comunes que procura averiguar cómo Carlos y su
madre la reina Isabel II gastan hasta US$37 millones al año
provenientes de sus propiedades.
Al referirse a su futuro, el príncipe dijo que su papel
más importante será "preocuparse por la gente
y promover los valores de liderazgo".
Si bien reconoce que en caso de no ser querido "podría
simplemente salir de escena y dedicarme a esquiar el resto de
mi vida", Carlos quiere dejar su huella.