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Igualdad ciudadana entre hombres y mujeres

España. Nuestra legislación civil establecía que el Hombre y la Mujer tienen derecho a contraer matrimonio conforme a las disposiciones legales. Desde el día 30 de junio de 2005 se aprobó la ley que modificaba el código civil y permitía el matrimonio entre personas del mismo sexo (y, como consecuencia de esto, otros derechos como la adopción, herencia y pensión). La ley fue publicada el 2 de julio de 2005, y el matrimonio entre personas del mismo sexo fue oficialmente legal en España el 3 de julio de 2005.

El indudable crecimiento de las pautas de comportamiento solidario que se ha experimentado en España con la llegada de la democracia, con el consiguiente aumento de la participación ciudadana en actividades relacionadas con la ayuda a pueblos y grupos desfavorecidos, no ha tenido, desgraciadamente, traducción en la mejora de los niveles de aceptación social de la realidad propia de algunas minorías.

mundo natural

El racismo, la xenofobia, la homofobia, y la transfobia son hoy en día actitudes con demasiada raigambre en la sociedad española; no siempre desde la militancia activa, pero también desde posturas pasivas tan peligrosas y de efectos tan excluyentes como aquellas otras. La población gay, lesbiana y transexual no es ajena a esta situación. Pese al notable esfuerzo de las asociaciones y grupos de gays, lesbianas y transexuales en la lucha por el derecho a la igualdad y a la no-discriminación, la normalización del hecho homosexual y transexual está lejos aún de ser un objetivo alcanzable en un plazo razonable de tiempo. Estas situaciones dificultan, muchas veces de manera irreversible, su plena realización personal y su completa integración social como individuos en el mismo plano de derechos que el resto de ciudadanos. Un sector de la sociedad mantiene aún un comportamiento de aislamiento hacia ellos y su mundo, cuando no de abierto y evidente rechazo, que obliga a muchos de ellos a vivir en la proscripción y a utilizar la clandestinidad como mecanismo de defensa y encubrimiento.

Como consecuencia del esfuerzo de concienciación y el trabajo reivindicativo llevado a cabo por el movimiento gay, lésbico y transexual, y ante la cada vez más clara evidencia de que situaciones de injusticia y rechazo no pueden mantenerse en perjuicio de un grupo de hombres y mujeres libres a los que, precisamente, no se permite ejercitar tal derecho a la libertad. Se han producido muy tímidos avances legislativos que en absoluto son suficientes, y que en la mayoría de las ocasiones se han alcanzado al hilo de sesgados debates y de muy tibias posiciones.

La escasa y pacata experiencia de progreso legal en materia de reconocimiento de igualdad de derechos de los homosexuales con los de quienes no lo son o de las personas transexuales a vivir su identidad sexual, ha servido para poner de manifiesto contrastadas actitudes entre la clase política española, que demuestran el alto grado de conservadurismo y de incomprensión que en términos globales produce el hecho gay, lésbico y transexual en la ciudadanía española.

Está en manos de los representantes de los partidos políticos la responsabilidad última de promover los cambios sociales precisos para que esta situación se regularice, y con ello estos colectivos puedan desenvolver su cotidianidad en las mismas condiciones de igualdad, libertad y respeto que el resto de ciudadanos y ciudadanas. La asunción por su parte de reivindicaciones de gays, lesbianas y transexuales como elemento primero y esencial para la normalización del hecho homosexual y transexual, y muy especialmente la necesidad de que aquella se lleve a cabo con un claro talante abierto y alejado de encorsetados prejuicios, debe ser para la clase política una inmediata obligación de justicia. Otra actitud favorece y realimenta las posiciones sociales en contra de estas personas, por miedo a lo diferente, e implica una dejación del deber de defensa de los intereses de los ciudadanos, que tienen los poderes públicos y quienes los detentan frente a la iniquidad y la discriminación.

En la creación de una conciencia ciudadana solidaria, que promueva un cambio radical de actitud hacia las personas lesbianas, gays y transexuales y su realidad, deben participar los representantes políticos de forma especial y prioritaria. Apoyando las reclamaciones de las asociaciones de transexuales, lesbianas y gays mediante la defensa del derecho fundamental de aquellos a ser y sentirse iguales, pero también siendo capaces de elaborar con absoluta naturalidad propuestas rigurosas y sinceras que nazcan de su sensibilidad y de su sentido de la responsabilidad. Y ello, sin oportunismo político alguno ni buscando rentabilidades, y asumiendo como autocrítica las carencias y olvidos del pasado y la responsabilidad que con ellos se tiene en la situación actual. Colocarse a la cabeza de las organizaciones políticas que reivindican y defienden la existencia de un espacio de igualdad y libertad dentro de la sociedad para gays, lesbianas y transexuales es una deuda con el pasado que actualmente mantienen los socialistas, y que como tal, debe ser satisfecha.

Este trabajo de apoyo, pero sobre todo de elaboración de iniciativas audaces y novedosas, debe estar en manos, por encima de otros, de los partidos progresistas, y muy especialmente del Partido Socialista. El hecho homosexual y transexual debe formar parte de su discurso político en defensa de los derechos y libertades públicas, al tiempo que sobre él se construyen políticas activas antidiscriminatorias que avancen de manera sustancial en el camino de la normalización.

Tal actividad, en cualquier caso, ha de enmarcase de forma clara en el campo de la actividad política, y sólo ha de salir de ella en la búsqueda de confluencia con las propuestas de otros. La portavocía social de las reivindicaciones homosexuales les corresponde a los colectivos y asociaciones de gays y lesbianas, al igual que a los colectivos de transexuales y transgenéricos la suya. Cualquier injerencia en el protagonismo que estos tienen en el movimiento social sólo puede servir para provocar roces y recelos innecesarios que resten credibilidad a las propias propuestas políticas, que únicamente desde la interacción y la complementariedad con las de esos mismos grupos encontraran sentido. Desde ópticas y planteamientos esencialmente políticos, pero sin olvidar la realidad social a la que se dirigen, los representantes ciudadanos han de ser capaces de articular un discurso global de defensa de los derechos de lesbianas, gays y transexuales, al tiempo que servir de lógico cauce transmisor de las que sus representantes puedan plantear.

Sobre la base de estos planteamientos, y de esta realidad, se creó el Grupo Federal de Gays, Lesbianas, y Transexuales del P.S.O.E, que nació con un doble objetivo: de un lado, formalizar un discurso político en clara defensa de la igualdad de derechos de transexuales, gays y lesbianas, capaz de materializarse a través de propuestas concretas y ofertas rigurosas que de forma real comprometan a cambios en los ámbitos fundamentales en los que se desenvuelven los actuales niveles de rechazo a esta población; y de otro, de manera simultanea, llevar la normalización del hecho homosexual y transexual al seno de Partido Socialista, sensibilizando a todos sus responsables en el manejo de una materia que necesita de políticas activas claras. Bajo la responsabilidad que adquiere con su propia creación, este Grupo ha de ser capaz de elaborar la base de una nueva cotidianidad de lo homosexual y transexual, construyendo para ello un sólido alegato que permita llevar la reclamación del fin de la discriminación y el reconocimiento del derecho a la igualdad hasta sus últimas consecuencias.

El presente documento tiene por objeto dar a conocer la realidad de gays, lesbianas y transexuales en nuestro país, para a través de esta realidad poder avanzar en el camino de una sociedad no discriminadora respecto de las diferencias y diversidades sociales de nuestro entorno. Trabajar contra la homofobia y la transfobia, es trabajar contra la discriminación en cualquiera de sus manifestaciones, en el marco de nuestro discurso en defensa de las libertades. Sólo desde un conocimiento de esta realidad podemos erradicar las actitudes sexistas, transfóbicas y homófobas, muchas de las cuales subsisten en nuestros días fruto de nuestra educación y cultura. Para este fin el presente documento se encuentra estructurado en tres ámbitos: “La sociedad española ante las discriminaciones por motivos de orientación e identidad sexual” donde abordamos las transformaciones que ha sufrido nuestro país respecto a la visión de la homosexualidad y la transexualidad desde la etapa democrática a la actualidad, un segundo apartado “Hacia la igualdad” donde planteamos los cambios y propuestas necesarias para eliminar cualquier tipo de discriminación por motivos de orientación e identidad sexual y por último unos anexos, “Una historia natural”, donde abordamos los diferentes enfoques que se han producido a lo largo de la historia -una historia cargada de persecuciones, humillaciones y muertes- hasta nuestros días y las Resoluciones del Parlamento Europeo.

En este documento queda nítido el mensaje, que los socialistas rechazamos la homofobia o transfobia, por ser incompatible con nuestra ideología y sensibilidad. También queda claro el compromiso de nuestro partido de abordar una realidad que no puede ser callada por mas tiempo, y que requiere de políticas valientes para ser establecida en todas sus dimensiones.