El indudable crecimiento de
las pautas de comportamiento solidario que se ha experimentado
en España con la llegada de la democracia, con el consiguiente
aumento de la participación ciudadana en actividades relacionadas
con la ayuda a pueblos y grupos desfavorecidos, no ha tenido,
desgraciadamente, traducción en la mejora de los niveles
de aceptación social de la realidad propia de algunas minorías.
El racismo, la xenofobia, la homofobia, y la transfobia son hoy
en día actitudes con demasiada raigambre en la sociedad
española; no siempre desde la militancia activa, pero también
desde posturas pasivas tan peligrosas y de efectos tan excluyentes
como aquellas otras. La población gay, lesbiana y transexual
no es ajena a esta situación. Pese al notable esfuerzo
de las asociaciones y grupos de gays, lesbianas y transexuales
en la lucha por el derecho a la igualdad y a la no-discriminación,
la normalización del hecho homosexual y transexual está
lejos aún de ser un objetivo alcanzable en un plazo razonable
de tiempo. Estas situaciones dificultan, muchas veces de manera
irreversible, su plena realización personal y su completa
integración social como individuos en el mismo plano de
derechos que el resto de ciudadanos. Un sector de la sociedad
mantiene aún un comportamiento de aislamiento hacia ellos
y su mundo, cuando no de abierto y evidente rechazo, que obliga
a muchos de ellos a vivir en la proscripción y a utilizar
la clandestinidad como mecanismo de defensa y encubrimiento.
Como consecuencia del esfuerzo de concienciación y el
trabajo reivindicativo llevado a cabo por el movimiento gay,
lésbico y transexual, y ante la cada vez más clara
evidencia de que situaciones de injusticia y rechazo no pueden
mantenerse en perjuicio de un grupo de hombres y mujeres libres
a los que, precisamente, no se permite ejercitar tal derecho
a la libertad. Se han producido muy tímidos avances legislativos
que en absoluto son suficientes, y que en la mayoría
de las ocasiones se han alcanzado al hilo de sesgados debates
y de muy tibias posiciones.
La escasa y pacata experiencia de progreso legal en materia
de reconocimiento de igualdad de derechos de los homosexuales
con los de quienes no lo son o de las personas transexuales
a vivir su identidad sexual, ha servido para poner de manifiesto
contrastadas actitudes entre la clase política española,
que demuestran el alto grado de conservadurismo y de incomprensión
que en términos globales produce el hecho gay, lésbico
y transexual en la ciudadanía española.
Está en manos de los representantes de los partidos
políticos la responsabilidad última de promover
los cambios sociales precisos para que esta situación
se regularice, y con ello estos colectivos puedan desenvolver
su cotidianidad en las mismas condiciones de igualdad, libertad
y respeto que el resto de ciudadanos y ciudadanas. La asunción
por su parte de reivindicaciones de gays, lesbianas y transexuales
como elemento primero y esencial para la normalización
del hecho homosexual y transexual, y muy especialmente la necesidad
de que aquella se lleve a cabo con un claro talante abierto
y alejado de encorsetados prejuicios, debe ser para la clase
política una inmediata obligación de justicia.
Otra actitud favorece y realimenta las posiciones sociales en
contra de estas personas, por miedo a lo diferente, e implica
una dejación del deber de defensa de los intereses de
los ciudadanos, que tienen los poderes públicos y quienes
los detentan frente a la iniquidad y la discriminación.
En la creación de una conciencia ciudadana solidaria,
que promueva un cambio radical de actitud hacia las personas
lesbianas, gays y transexuales y su realidad, deben participar
los representantes políticos de forma especial y prioritaria.
Apoyando las reclamaciones de las asociaciones de transexuales,
lesbianas y gays mediante la defensa del derecho fundamental
de aquellos a ser y sentirse iguales, pero también siendo
capaces de elaborar con absoluta naturalidad propuestas rigurosas
y sinceras que nazcan de su sensibilidad y de su sentido de
la responsabilidad. Y ello, sin oportunismo político
alguno ni buscando rentabilidades, y asumiendo como autocrítica
las carencias y olvidos del pasado y la responsabilidad que
con ellos se tiene en la situación actual. Colocarse
a la cabeza de las organizaciones políticas que reivindican
y defienden la existencia de un espacio de igualdad y libertad
dentro de la sociedad para gays, lesbianas y transexuales es
una deuda con el pasado que actualmente mantienen los socialistas,
y que como tal, debe ser satisfecha.
Este trabajo de apoyo, pero sobre todo de elaboración
de iniciativas audaces y novedosas, debe estar en manos, por
encima de otros, de los partidos progresistas, y muy especialmente
del Partido Socialista. El hecho homosexual y transexual debe
formar parte de su discurso político en defensa de los
derechos y libertades públicas, al tiempo que sobre él
se construyen políticas activas antidiscriminatorias
que avancen de manera sustancial en el camino de la normalización.
Tal actividad, en cualquier caso, ha de enmarcase de forma
clara en el campo de la actividad política, y sólo
ha de salir de ella en la búsqueda de confluencia con
las propuestas de otros. La portavocía social de las
reivindicaciones homosexuales les corresponde a los colectivos
y asociaciones de gays y lesbianas, al igual que a los colectivos
de transexuales y transgenéricos la suya. Cualquier injerencia
en el protagonismo que estos tienen en el movimiento social
sólo puede servir para provocar roces y recelos innecesarios
que resten credibilidad a las propias propuestas políticas,
que únicamente desde la interacción y la complementariedad
con las de esos mismos grupos encontraran sentido. Desde ópticas
y planteamientos esencialmente políticos, pero sin olvidar
la realidad social a la que se dirigen, los representantes ciudadanos
han de ser capaces de articular un discurso global de defensa
de los derechos de lesbianas, gays y transexuales, al tiempo
que servir de lógico cauce transmisor de las que sus
representantes puedan plantear.
Sobre la base de estos planteamientos, y de esta realidad,
se creó el Grupo Federal de Gays, Lesbianas, y Transexuales
del P.S.O.E, que nació con un doble objetivo: de un lado,
formalizar un discurso político en clara defensa de la
igualdad de derechos de transexuales, gays y lesbianas, capaz
de materializarse a través de propuestas concretas y
ofertas rigurosas que de forma real comprometan a cambios en
los ámbitos fundamentales en los que se desenvuelven
los actuales niveles de rechazo a esta población; y de
otro, de manera simultanea, llevar la normalización del
hecho homosexual y transexual al seno de Partido Socialista,
sensibilizando a todos sus responsables en el manejo de una
materia que necesita de políticas activas claras. Bajo
la responsabilidad que adquiere con su propia creación,
este Grupo ha de ser capaz de elaborar la base de una nueva
cotidianidad de lo homosexual y transexual, construyendo para
ello un sólido alegato que permita llevar la reclamación
del fin de la discriminación y el reconocimiento del
derecho a la igualdad hasta sus últimas consecuencias.
El presente documento tiene por objeto dar a conocer la realidad
de gays, lesbianas y transexuales en nuestro país, para
a través de esta realidad poder avanzar en el camino
de una sociedad no discriminadora respecto de las diferencias
y diversidades sociales de nuestro entorno. Trabajar contra
la homofobia y la transfobia, es trabajar contra la discriminación
en cualquiera de sus manifestaciones, en el marco de nuestro
discurso en defensa de las libertades. Sólo desde un
conocimiento de esta realidad podemos erradicar las actitudes
sexistas, transfóbicas y homófobas, muchas de
las cuales subsisten en nuestros días fruto de nuestra
educación y cultura. Para este fin el presente documento
se encuentra estructurado en tres ámbitos: “La
sociedad española ante las discriminaciones por motivos
de orientación e identidad sexual” donde abordamos
las transformaciones que ha sufrido nuestro país respecto
a la visión de la homosexualidad y la transexualidad
desde la etapa democrática a la actualidad, un segundo
apartado “Hacia la igualdad” donde planteamos los
cambios y propuestas necesarias para eliminar cualquier tipo
de discriminación por motivos de orientación e
identidad sexual y por último unos anexos, “Una
historia natural”, donde abordamos los diferentes enfoques
que se han producido a lo largo de la historia -una historia
cargada de persecuciones, humillaciones y muertes- hasta nuestros
días y las Resoluciones del Parlamento Europeo.
En este documento queda nítido el mensaje, que los socialistas
rechazamos la homofobia o transfobia, por ser incompatible con
nuestra ideología y sensibilidad. También queda
claro el compromiso de nuestro partido de abordar una realidad
que no puede ser callada por mas tiempo, y que requiere de políticas
valientes para ser establecida en todas sus dimensiones.