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Gays en la marcha contra Bush

Por David Usborne - Nueva York
De The Independent, de Gran Bretaña. Traducción: Alicia B. Nieva. Fecha 1/09/2004

Los organizadores calcularon en 400 mil los convocados, que marcharon por la Séptima Avenida en el barrio de Manhattan, con pancartas antiguerra en Irak y en defensa de los derechos civiles. Fue la antes

Fue la marcha de los recién llegados a la ciudad para protestar contra Bush. Se estimaba que unas 400 mil personas se habían reunido bajo las pancartas de los colectivos “Yo digo No” y “Unidos por la Paz y la Justicia”, para tomar la ruta de la Séptima Avenida, pasando Madison Square Garden, donde tendrá lugar la convención republicana, y luego de vuelta por Broadway hacia Union Square. Encabezados por el cineasta Michael Moore, el líder de los derechos civiles Jesse Jackson y el actor Danny Glover, los opositores a Bush llevaron a cabo un ejercicio colorista sin incidentes.

Una especie de invasión ocurrió, nadie puede dudarlo. ¿Ha visto alguien algún republicano por las calles? No, señor, ni siquiera uno. La gente del presidente que se está reuniendo para la convención confía en que lo llevarán de vuelta a la Casa Blanca, pero mantienen un perfil bajo.

Sin embargo, los turistas que esperaban conseguir una mesa en el Café de Union Square, el domingo para su desayuno, debieron descartarlo. Mientras el cruel sol veraniego ascendía, y el asfalto se ablandaba, el vecindario se hallaba bajo el bombardeo de slogans, música y cánticos enconados.

“De ningún modo. ¡Nada de anteproyectos! ¡El gran dictador! Salven a la Tierra-plante un Bush de vuelta a Texas”, entre otros.

Reunidos aquí, estaban los Descontentos de Norteamérica. El evento había sido largamente publicitado -una megamarcha organizada por “Unidos por la Paz y la Justicia”-, que tenía como objetivo culminar en un rally en Central Park, a menos que el alcalde Michael Bloomberg no lo permitiera porque el césped se vería dañado. ¿Quiénes eran los que marchaban? Había activistas a favor del aborto, defensores de los derechos de los homosexuales, de los derechos de los animales, de los derechos humanos. Y defensores de los derechos al voto, que arguyen que Bush no ganó la elección en el 2000, ante todo. Bebés, abuelas, perros, estudiantes, demócratas y primerizos de ojos abiertos aferrados a mapas del subterráneo y disfrutando de Nueva York. Había hombres de negocios, artistas, obreros y veteranos que desfilaban al ritmo de tambores y que lanzaban consignas contra Bush y los republicanos. Los carteles contenían frases como “Bush miente, ¿quién muere? Traigan las tropas a casa”, “Dinero para la salud, no para bombas”, y “El mundo está cansado de ser mandoneado por Bush”. Muchos jóvenes circulaban con distintivos amarillos alrededor del cuello que rezaban “Bush miente”.

Jake Aldrich viajó diez horas por carretera desde su Michigan natal para expresar su “descontento”. Fernando Suárez del Solar, cuyo hijo de 22 años murió en Irak, gritaba: “yo ya he pagado el precio, la gente tiene derecho a decir Bush, vete de la Casa Blanca”.

La policía se mantenía distante, seguía la manifestación a sólo algunas cuadras más allá -sus cinturones repletos de esposas para cuando las detenciones se llevaran a cabo-. Y, ah sí, encima de nosotros en el cielo sin nubes, monitoreaban nuestro avance por la Séptima Avenida, desde un gigante y silencioso helicóptero. “Al final del día seremos más de un cuarto de millón y clamaremos con más fuerza que nunca: “No a Bush”, explicó la directora de UPJ, Leslie Cagan. Las autoridades no facilitaron datos acerca del número de participantes en esta manifestación en Manhattan.

Miembros de más de 900 agrupaciones de todas las regiones de Estados Unidos, que rechazan la política del gobierno de Bush -desde la Alianza para el Entendimiento Judeo-cristiano-musulmán hasta asociaciones antibélicas, pasando por grupos defensores de los derechos de la mujer y agrupaciones de gays y lesbianas- acudieron a la concentración.

Michael Moore proponía enviar a los republicanos formularios para que sus hijos se alisten en el ejército. Brian, un estudiante de 22 años, de Washington DC, caminaba junto a un grupo de veinteañeros, radicales e ingeniosos líderes, que paraban a cada rato para cantar refranes políticos acompañados de palmas y coreografías. “¡Resistan, resistan, Levanten su puño. Resistan, resistan. Sabemos que están enojados!”. “¡Queremos que la gente se enfurezca!”, explicaba Brian. No tenía por qué preocuparse. Enfurecidos ya estaban todos.