Alejandro Magno
Uno de los militares más sagaces de la historia indudablemente
fue Alejandro Magno, quien además era rey de Macedonia
y uno de los machos más bellos de toditita la historia.
Alejandro vivió un largo romance con Hepheastion, uno
de sus generales y amigo de la infancia, y cuando éste
murió, Alejandro lloró más que una viuda
enamorada. Además, Alejandro tuvo un affaire aux trés
petit sérieux con un bailarín adolescente persa,
Bagoas, quien antes había sido chico de placer del monarca
persa Darío a quien Alejandro derrotó. Darío
fue otro gran comandante y rey a quien el hecho de yacer con
hombres no menguó en lo más mínimo su capacidad
como estratega militar.
Julio César
Julio César, el aguerrido general e historiador romano
que llegó a ser uno de los mandamáses más
temidos de Roma, antes de irse a conquistar las Galias había
sido llamado La Putita de Bitinia por haber sido el favorito
de Nicomedes, monarca de ese reino. A pesar de que Julio César
tuvo muchas mujeres-entre ellas Cleopatra Filopator VII- el
gran amor frustrado de su vida gay fue un chavalo avernio llamado
Vercingétorix. Este precioso y valiente chele casi lo
derrota en la conquista de las Galias, pero cuando Julio César
lo sitió el guerrero adolescente tuvo que rendirse antes
de que los romanos masacraran a los avernios en el año
52. Julio César se llevó a Vercingétorix
como trofeo de guerra a Roma, donde lo encarceló por
más de cinco años. Cuando el adolescente se negó
a acostarse con él, lo hizo ejecutar en público
y reza la leyenda que la larga cabellera del avernio fue confeccionada
en peluca por Julio César.
Macrinio.
Macrinio haría compañía a Julio César
entre los famosos generales romanos que preferían enamorarse
de machos. Macrinio poseía una barba roja y una musculatura
tipo Schwarzenegger que le atraía miles de enamorados,
pero a lo largo de las guerras Marcománicas dirigidas
por el emperador Marco Aurelio, permaneció fiel a su
joven Cneo Virgilio, quien para colmo era epiléptico.
Cuando Cneo Virgilio murió poco después de una
batalla, Macrinio tomó como amante a un joven alemán
que había sido prisionero de guerra.
Savir
Savir, uno de los lugartenientes del famoso monarca mugalo Akbar
de la India, fue uno de los comandantes más fieros en
el combate. Sin embargo, toda su vida huyó como cobarde
cuando una mujer le montaba asedio. El guapo Savir tuvo por
lo menos 56 amantes, todos ellos más chavalos que él,
y cuando fue rechazado por uno de ellos, se suicidó a
la edad de 70 años.
Juan Alejandro de Normandía, quien peleó al lado
de su regio amante Enrique III de Valois de Francia cuando se
dieron las guerras de religión en el siglo XVI, fue gay
toda su vida y su pasión por el rey Enrique forma una
de las grandes leyendas románticas de la historia.
Mehmet II el Conquistador, gran sultán otomano quien
conquistó Constantinopla en mayo de 1453 y fue uno de
los mejores gobernantes de la historia además de excelente
soldado, tuvo varios devaneos con chicos de placer, pero a la
hora de la guerra era más feroz que un león en
celo.

Los samurais de la época dorada del Japón a menudo
tenían a la esposa para fines reproductivos, pero sus
romances eran todos protagonizados por guerreros jóvenes
que los seguían no solo al campo de batalla, sino también
a la cama. Tokugawa, uno de los más grandes generales
nipones, tenía como amante a un joven aristócrata,
y las hazañas de este héroe aún figuran
en la historia agitada del Imperio del Sol Naciente.
Felipe de Orléans I, el hermano menor del rey Sol francés
Luis XIV, fue uno de los homosexuales más célebres
de todos los tiempos. A pesar de que le gustaba andar más
perfumado que una meretriz de lujo y gozaba con adornarse la
cara con maquillaje y el cuerpo con fustanes de encaje, Felipe
a la hora de la batalla era más aguerrido que cualquier
macho de pelo en pecho. En las ocasiones en que combatió
a cargo de tropas de su regio hermano mayor, Felipe mostró
ser un astuto estratega militar. Lástima que Luis XIV
no lo puso muy a menudo al mando de sus ejércitos, y
Felipe pudo vivir la mayor parte del tiempo en su palacio de
Saint Cloud empolvado, empelucado y más cargado de colores
y joyas que un árbol navideño.
T. E. Lawrence
T. E. Lawrence, el soldado inglés quien llegó
a ser llamado Lawrence de Arabia y El Rey sin Corona de Damasco,
fue otro famoso hombre de armas que a la hora del amor, era
de armas tomar con sus muchachos. Chaparrito, chele, con unos
intensos ojos claros, Lawrence de Arabia sentía voraz
pasión por los chavalos árabes, pero a la hora
del combate, apartaba todo para pelear como fiera.
Lawrence prefería que sus amantes le dieran una buena
tanda de latigazos sobre su nalgatorio antes de pasar a caricias
mayores
y entre sus confesiones mencionaba sentir profundo asco por
las mujeres, a quienes catalogaba de siempre sucias y hediondas.
A pesar de ser casado con una bella chela alemana, el gran hombre
fuerte de la Fuerza Area de los Nazis(la Lufftwaffe), Hermann
Goering temblaba de placer cuando Hitler(quien también
tuvo unos besos bien enroscados con Albert Speer entre otros)
le pasaba una amigable mano por la espalda y luego detenía
los dedos en el trasero del genial aviador. Goering en una ocasión
se puso propasón con el curador de un museo holandés
donde él había llegado a saquear tesoros de arte
universal, y el curador posteriormente confesaría haberse
ido al lecho con Goering para que no lo mataran, ya que era
de origen judío.

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