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Artículo
Hipocresía sexual en EEUU (II)
Por Peter Turner
"La necedad de los americanos respecto a
los asuntos lúbricos nunca dejará de sorprender.
Su posición respecto a este asunto los aleja de la civilización
para meterlos en las catacumbas de la historia. Por ello, vista
con ojos actuales, [la película] Kinsey resulta ante
todo la disección de una sociedad atontada que encumbró
primero, y defenestró después a Alfred C. Kinsey,
el primer sexólogo que mereció tal nombre".
Así opina el autor de una entrevista telefónica
a Bill Condon, director de Kinsey, en El Duende de Madrid. Revista
de cultura, ocio y tendencias (15-III-2005, pág. 40).
Abundando en esto, en una colaboración
especial en Cine 2000, revista gratuita que se entrega en algunas
salas españolas, un autor publica (15-III-2005, pág.
25) un artículo titulado Sexo no, por favor donde se
dice que "lo más triste de todo es que, a estas
alturas del siglo XXI, Kinsey despierte todavía el escándalo
y la ira de la sociedad usamericana...".
Claro, Kinsey nos podría haber liberado de la opresión
de las normas victorianas si le hubiéramos hecho caso.
En vez de eso, a pesar de que arriesgó su reputación
por el bien común, la racionalidad, etcétera,
le defenestramos. Una injusticia más del conservadurismo,
la pacatería moral yanqui, etcétera, que ya discutimos
en un artículo anterior.
Por supuesto, no importa que en 1948 y 1953, cuando se publicaron
los trabajos 'Informe de la sexualidad masculina' e 'Informe
de la sexualidad femenina', respectivamente, no se pudiesen
publicar similares títulos en muchos otros países.
Estos palurdos americanos publicaban cualquier cosa sin extremistas
que decapitasen a nadie, pero no importa, no es mérito
suyo, ni de la Constitución de EEUU. ¿Podríamos
decir que como un 98% de la población mundial no podía
ver publicados tales trabajos es que no quería permitirlos,
ya al margen de que no hubiese creído los resultados?
Bill Condon.Como no importa tampoco que hoy en día no
sepamos realmente cuántos europeos contemporáneos
se sentirían asqueados por las opiniones de Kinsey, el
científico honrado, y dirían que sus propias experiencias
no se corresponden con sus trabajos. Y no podemos saberlo porque
no se deja a la gente votar sobre moralidad sexual, que son
las únicas encuestas sinceras. Quien crea de verdad que
la gente es como los actores, guionistas y directores de cine
que producen estas versiones tan desequilibradas de la historia,
está soñando.
Por último, no importa que las sensacionales noticias
que generaba Kinsey le beneficiaran claramente en reputación
y admiración, como reconoce el entrevistador de Bill
Condon. ¿No tiene nadie curiosidad por saber cómo
los "atontados" e hipócritas americanos de
los 50, después de recibir tan bien a Kinsey, lo defenestraron?
Es que ni se les ocurre que a lo mejor no era oro todo lo que
relucía.
Conflictos de interés
Tenemos el pequeño problema de los conflictos de interés.
Un señor "demuestra" que hay unas tasas de
homosexualidad mayores de las pensadas, y que la homosexualidad
está repartida en grados, como un continuo; es decir,
no es ya aproximadamente el 10% de población la que es
homosexual, es que otro porcentaje muy grande tiene algún
grado de homosexualidad (o sea, bisexualidad).
Curiosamente, Kinsey es bisexual, y además, en el curso
del trabajo realizado, tuvo relaciones bisexuales con los investigadores
que trabajaban para él y con sus cónyuges. Hubiésemos
podido decir que había un problema de autoridad sobre
los becarios. O, dicho llanamente, ¿es libre uno de declinar
jueguecitos y experimentos sexuales con el jefe o con otros
compañeros a invitación del jefe? Pero esto no
se comenta en la película. Interesante, ¿no?
Para ahondar en el argumento del conflicto de interés,
supongamos que un investigador heterosexual publica ahora un
informe que "demuestre" que los porcentajes de bisexuales,
homosexuales, etcétera son mucho menores de los que Kinsey
decía y que tiene un affaire con una colega de otro sexo.
Díganme ahora, con toda la seriedad del mundo, que una
película sobre este Kinsey 2005 no haría mención
a este aspecto de su vida, y además desfavorablemente.
Científico compromete su neutralidad con relaciones personales
con colegas de investigación. Con el tiempo, de este
Kinsey 2005 dirían: científico con prejuicios
anti-homosexuales compromete su investigación con relaciones
personales con colegas. ¿Por qué se ha silenciado
este aspecto de la vida de Kinsey en la película?
Trabajo de mala calidad
No es ya la distorsión que sobre los informes se ha hecho.
El problema real estriba en el abandono del criterio científico
para hacer una obra pionera, desde luego, pero profundamente
sesgada, cautiva de los problemas personales del director de
la investigación, que, además, tenía un
propósito oculto, bienintencionado, por supuesto, de
dirigir la sociedad a lo que él creía era algo
mejor. No lo decimos nosotros, así lo ve el propio Bill
Condon, que deja claro lo que en realidad piensa de la ciencia
y el método científico: "A su manera, Kinsey
era un artista. Su intención era que la gente superara
sus represiones y abrir la mente de la sociedad".
En su universo de estudio no sólo hay reclusos por delitos
sexuales (y otros que deberían serlo). Kinsey, autoerigido
en sumo sacerdote de la Ciencia, garantiza a un pederasta que
abusaba de miembros de su familia y de centenares de menores
que no le denunciaría, en interés del conocimiento
científico, a cambio de que durante años él
y sus chicos fuesen informados de sus delitos, sabiendo que
seguiría cometiéndolos (de ahí los abundantes
datos y la continuidad de los mismos). Para colmo, se permitió
decidir que su muestra, en la que los entrevistados admiten
conductas mal vistas por gran parte de la población del
planeta en aquel momento, era representativa, sin valorar que
esa sinceridad de los entrevistados les alejaba de la representatividad
deseada.
Alfred C. KinseyLa mayoría de la gente no admite tales
prácticas. ¿Qué le hizo pensar a Kinsey
que su muestra de voluntarios no introducía claramente
una fuerte distorsión en la muestra elegida? El mismo
hecho de hablar de lo que hablaron fuerza a mucha gente fuera
de la encuesta. Pero, al revés, para los progresistas
ésa es la muestra buena: "El método de trabajo
de ese fascinante protagonista se basaba en entrevistas a miles
de hombres y mujeres que tuvieron la valentía de destapar
sus experiencias sexuales ante un grupo de médicos".
¡Vaya nivel de prueba!
Y aún peor, ni siquiera podemos determinar el grado de
importancia de la distorsión, ya que Kinsey eligió
un método inverificable, de informes confidenciales textuales,
no de preguntas y respuestas tabulables en número de
síes y noes (más el habitual NS/NC). La ya normalmente
ardua tarea de tabular respuestas cortas se convierte en la
más difícil aún de tratar con páginas
de declaraciones tan largas como el entrevistado deseaba, donde
los sujetos se "confiesan" a sus entrevistadores,
traduciendo luego éstos las declaraciones a resultados
computables y tratables por métodos estadísticos.
Estas debilidades inherentes al método elegido, que desde
el principio se le señaló a Kinsey por parte de
algunos nerviosos patrocinadores de su investigación,
no obtuvieron su atención. No era, en palabras de Edward
Feser, una persona que escuchara. Bueno, esto no es un defecto
sólo de Kinsey, los que han hecho la película
se parecen bastante: si no les interesan para sus propósitos
puros, no sólo no estudiarán las evidencias, es
que no les dejarán verlas.
O las alteran: la película Una mente maravillosa, sobre
el profesor Nash, premio Nobel de economía, cambia las
comunicaciones con extraterrestres por otras inventadas por
los guionistas progres, que creyeron que sería más
verosímil un funcionario de algún oscuro servicio
de inteligencia (clara alusión a la opresión de
la hipócrita sociedad americana de postguerra, el macartismo,
etcétera). Todo un fino trabajo de transposición
de sus obsesiones personales, que incluye el permiso para alterar
la biografía de este brillante matemático.
– V. Hipocresía sexual en EEUU.
Peter Turner, cofundador de Republicans in Spain.
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