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El VIH ataca a las defensas del organismo destruyéndolas progresivamente, de manera que la persona infectada puede sufrir infecciones graves y tumores.
Muchas personas infectadas por el VIH tienen aspecto saludable y se encuentran bien, especialmente en los primeros años después de haberse infectado. Al cabo de varios años, cuando las defensas del organismo están ya muy deterioradas, aparecen infecciones producidas por gérmenes, parásitos y virus, o algunas variedades de cáncer que en condiciones normales no se producirían.
El sida es la consecuencia a largo plazo del trabajo silencioso de destrucción de las defensas del organismo que durante años ha realizado el VIH.
Sólo cuatro fluidos, la sangre, el semen, las secreciones vaginales y, en menor medida, la leche materna de las personas infectadas tienen una concentración suficiente de virus como para transmitirlo.
Además, para que se produzca la infección es necesario que el VIH entre en el organismo, y ésto únicamente se produce cuando estos fluidos entran en contacto con la sangre o mucosas (revestimiento del interior de la boca, vagina, pene y recto) de una persona.
Usando correctamente un preservativo (masculino o femenino) cada vez que se tenga una relación sexual con penetración (vaginal, anal u oral) con personas infectadas o de las que desconoce si lo están.
Manteniendo relaciones sexuales sólo con una pareja que no esté infectada por el VIH y que a su vez sólo tenga relaciones sexuales con usted (fidelidad mutua).
Manteniendo únicamente relaciones sexuales sin penetración (caricias, juegos, masturbación mutua, etc.)
Abandonando el consumo de drogas o al menos la vía inyectada, sustituyéndola por la vía fumada, inhalada, esnifada o bien por metadona oral.
Si no se deja la vía inyectada, utilizando siempre material estéril y evitando el uso compartido de jeringuillas, agujas y de los útiles para preparar la dosis de droga (cucharas, tapones, filtros, etc.)
Utilizando siempre instrumentos para perforar la piel (agujas de acupuntura, tatuajes o el piercing) de un solo uso o estériles.
No compartiendo cuchillas de afeitar ni cepillos de dientes.
Acudiendo lo antes posible al médico si está embarazada o piensa tener un hijo para hacerse la prueba del VIH/sida. Hay tratamientos que, administrados tempranamente, disminuyen mucho el riesgo de transmisión del virus de madre a hijo/a. Una mujer infectada puede también optar por interrumpir legalmente su embarazo. Una madre infectada no puede dar el pecho a su bebé.
Conocer el resultado de la prueba del VIH/sida permite beneficiarse lo antes posible de un seguimiento médico, acceder a un tratamiento que mejora la calidad de vida y aumenta la supervivencia, y adoptar las medidas necesarias para no transmitir la infección a otros.
La prueba del VIH/sida es un sencillo y seguro análisis de sangre que detecta los anticuerpos que el organismo produce en respuesta a la invasión por el VIH. Ante la sospecha de haberse infectado, es conveniente realizarse la prueba del VIH/sida, aunque sólo transcurridos tres meses desde el posible contagio se puede estar seguro del resultado.
La prueba del VIH/sida es voluntaria y confidencial y, si se desea, anónima. Puede hacerse gratuitamente en los centros sanitarios de la red pública.
Si el resultado de esta prueba es negativo significa que la persona no está infectada pero debe aprender y decidir cómo protegerse contra el virus.
Si el resultado es positivo significa que está infectada por el VIH y debe tomar precauciones. Es conveniente acudir cuanto antes al médico.
Cualquier persona, hombre o mujer, puede estar infectada por el VIH si se ha expuesto a la infección a través del sexo o de la sangre.