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Judaísmo: Conceptos principales y niveles de la caridad

La fuerza de la caridad

Le dijeron a Rabi Akivá que en el día del casamiento de su hija, ella iba a morir ya que una serpiente la picaría.

Cuando llegó ese día, luego de la fiesta de casamiento, se dirigió a su habitación, tomó la orquilla de oro que estaba en su cabello y la clavo en la pared. Allí estaba la serpiente murió automáticamente, sin que ella se de cuenta.

Al otro día, la hija sacó la orquilla y cayó la serpiente muerta.

Cuando Rabi Akivá escuchó la gran noticia, su corazón se llenó de alegría y estaba feliz por la gran noticia.

Pero tenía una inmensa duda: ¿Acaso su hija había cumplido algún precepto, para que su mérito salvara su vida?

Le preguntó a ella: "¿Qué precepto hiciste que te salvó de la serpiente?".

La hija le contó que durante la fiesta había llegado un hombre pobre que pedía comida.

Como todos los invitados estaban ocupados en sus propios manjares y, en la fiesta de casamiento, nadie le prestó atención, la hija de Rabi Akivá fue la única que lo vió y le acercó su propia comida a este pobre hombre.

Al escuchar las palabras de su hija, dijo Rabi Akivá: "Un gran precepto cumpliste y por eso te salvaste de la muerte".

Este precepto no era otro que el de la caridad, el cual salva a la persona de la muerte.

10 reglas básicas de la caridad

Debe sacarse el diezmo de todas las ganancias, de los regalos o herencias que se reciban y darlo en caridad.

Si el pobre o necesitado no acepta la caridad como un regalo, se lo debe dar en préstamo.

Se debe dar caridad con un semblante alegre y feliz, reconfortando y aliviando al pobre de sus sufrimientos.

Quien da con ceño fruncido es como si nada hubiera dado y pierde todo su mérito.

Debe tenerse mucho cuidado en el modo en que se conduce con el pobre, sin menospreciarlo, burlarlo o hacerle pasar vergüenza.

No destacar lo que damos para ser alabados, sino por el contrario, ocultarlo lo máximo posible.

Hacerlo porque así lo sentimos y para ayudar al pobre; hacerlo de buen corazón y con las mejores intenciones.

Dar caridad en momentos de abundancia y también cuando es necesario un esfuerzo para lograrlo.

Si no es posible ayudar con todo lo que se pide, dar aunque sea una contribución mínima.

Si no se le puede dar al pobre dinero, que mínimamente le dé frutas o comida, para que no se vaya con las manos vacías.

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Conceptos de la caridad

  • El precepto de caridad no es sólo dar dinero al pobre o necesitado sino también a todo el que necesita asistencia o sólo una palabra de aliento, tanto en lo físico como en lo psicológico.
  • Prestando atención a lo que cada uno pide, nos daremos cuenta de que cada persona es siempre diferente y, por lo tanto, nos debemos adecuar a esto y dar acorde a ello.
  • El sustento de cada persona se fija de año a año. Según cómo uno lo utilice, así se lo recompensará. Si da caridad, Hashem lo recompensa con riqueza por el mérito de haber cumplido este precepto. Si no utiliza el dinero para este fin, igualmente no va a quedar en su poder lo que debía haber sido destinado a caridad y de cualquier forma lo gastará.
  • La diferencia es que cumpliendo con el precepto, Hashem nos devuelve lo que dimos y más. En cambio, si no lo damos lo perdemos definitivamente.
  • Realizando caridad nadie se perjudicará, por el contrario, todos nos veremos beneficiados.
  • La caridad anula muchísimos decretos malos y salva a la persona de todo tipo de mal.
  • Salva a la persona de la muerte y le alarga la vida.

Ocho niveles de caridad

De mayor a menor:

  • Antes que necesite pedir caridad, lo mejor es dar lo que necesita como un regalo, prestarle dinero, tomarlo como socio o encontrarle trabajo.
  • Dar caridad mientras ambos, el que da como el que recibe, no conocen la identidad del otro.
  • El que da conoce la identidad del que recibe, pero éste no conoce la de quien da.
  • El que recibe conoce la identidad del que da, pero el que da no conoce a quien recibe.
  • Dar caridad aún antes de serle solicitado.
  • Donar a la persona pobre, después de que ésta haya pedido caridad.
  • Donar menos de lo que debería, pero hacerlo con un semblante amable.
  • El que dona, da caridad quejándose.

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