La fuerza de la caridad Le dijeron a Rabi Akivá que en el día del casamiento de su hija, ella iba a morir ya que una serpiente la picaría.
Cuando llegó ese día, luego de la fiesta de casamiento, se dirigió a su habitación, tomó la orquilla de oro que estaba en su cabello y la clavo en la pared. Allí estaba la serpiente murió automáticamente, sin que ella se de cuenta.
Al otro día, la hija sacó la orquilla y cayó la serpiente muerta.
Cuando Rabi Akivá escuchó la gran noticia, su corazón se llenó de alegría y estaba feliz por la gran noticia.
Pero tenía una inmensa duda: ¿Acaso su hija había cumplido algún precepto, para que su mérito salvara su vida?
Le preguntó a ella: "¿Qué precepto hiciste que te salvó de la serpiente?".
La hija le contó que durante la fiesta había llegado un hombre pobre que pedía comida.
Como todos los invitados estaban ocupados en sus propios manjares y, en la fiesta de casamiento, nadie le prestó atención, la hija de Rabi Akivá fue la única que lo vió y le acercó su propia comida a este pobre hombre.
Al escuchar las palabras de su hija, dijo Rabi Akivá: "Un gran precepto cumpliste y por eso te salvaste de la muerte".
Este precepto no era otro que el de la caridad, el cual salva a la persona de la muerte.

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