Vino
EL VINO EN LA MESA
El mundo del vino, placentero y
lúdico, nunca debe estar sometido a normas rígidas. Es por ello que sólo
proponemos soluciones que sirvan para reforzar y enriquecer el entrañable
matrimonio vino-plato, sin establecer reglas inamovibles.
Hay unos cuantos alimentos que
plantean verdaderos problemas a la hora de armonizar sus cualidades con las de
cualquier vino.
El ajo, sin ir más lejos, gran
comodín de la cocina tradicional española, destruye los aromas de los vinos
blancos y endurece los vinos tintos en la boca.
El apio estropea el toque frutal de
los tintos jóvenes, lo mismo que los puerros, si no están muy cocidos, o los
espárragos trigueros.
Los berros y las alcachofas combinan
mal.
La cebolla en exceso rompe la
sutileza de determinados aromas.
Los huevos, en diferentes versiones,
vulgarizan el vino y sólo mezclados en algún revuelto de gambas o langostinos
facilitan la convivencia con un blanco.
El vinagre de las ensaladas mata
cualquier hipótesis de matrimonio.
Otro
hábito nacional que choca con la adecuada degustación de los vinos es el
gastronómico abuso del picante. Por ejemplo, el ajo y la guindilla de las
angulas no sólo anulan la compañía del vino sino a las propias angulas.
Última actualización: 2007-01-09 12:54
Autor: cocinapb
Revisión: 1.0
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