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El botillo es el manjar más sabroso y emblemático de la gastronomía berciana.
El término "botillo", deriva del latín "botellus" o "botulus",
traducido por salchicha, morcilla o chorizo. En realidad se se trata de
las tripas gruesas del cerdo en las que se embuten diversos tipos de
carne de ese animal. El botillo (o "botelo") es un producto típico de
nuestra comarca que ha asomado posteriormente por las tierras
limítrofes maragatas, lacianegas o gallegas.
Los orígenes históricos del botillo son
discutidos. Algunos historiadores afirman que su origen es romano,
sugiriendo la posibilidad de que este plato fuera consumido durante su
estancia en El Bierzo; de éstos pasaría al mundo medieval,
convirtiéndose en un manjar de abades, obispos y reyes. Otros afirman,
que fueron los monjes de Carracedo, o algún monje eremita, los
inventores del botillo. Ambos se basan en la mención de términos
similares a "botillo", "botellus" o "botulus" en diversos documentos de
estas épocas.
Cuenta la tradición que el primer
botillo que se comía era el del día de Nochebuena, y que el resto se
comían bien los domingos o en las fiestas de los patronos de cada
pueblo, siendo el último del año el botillo que se comía en el
"Entroido" o Carnaval. Considerado "plato de fiestas" no podía faltar
en las celebraciones religiosas o en las bodas.
Sin embargo, la falta de una literatura
específicamente gastronómica y las pocas noticias literarias sobre
nuestra comarca en los pasados siglos hacen difícil documentar la
existencia de botillos hasta el siglo XIX, cuando poetas y literatos
bercianos, lo mencionan en sus obras, describiéndolo tal y como hoy lo
conocemos.
En nuestro siglo las referencias al Botillo del Bierzo
son muy frecuentes. Su interés gastronómico se ha ido acentuando con
los años, consiguiendo que en 1992 se recoja el botillo en el
Diccionario de la Real Academia de la Lengua, reconociendo
explícitamente su origen berciano.
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