Pondréis la carne de ternera (no importa tanto que sea de una parte "nobilísima" del animal cuanto que la res sea sabrosa y no insípida, como suele. Insistid al carnicero para que os la pique fino) junto con el perejil, 2 dientes de ajo bien picados y 1/2 vasito de vino y dejaréis macerar todo durante 1 hora.
Transcurrida la cual, añadiréis las migas de pan y la fécula remojadas en leche, el jamón picado y el tocino.
Amasaréis y le daréis forma cilíndrica (lo del "rosco" es sólo una licencia coloquial).
Hecho lo cual, incrustaréis en la superficie las aceitunas cortadas en mitades, las tirillas de pimiento y las de jamón, y lascas de los huevos duros.
Batid el otro huevo y mezcladlo con la harina para preparar un rebozo.
Bañad el "rosco" en él y llevadlo a una olla capaz, donde previamente habréis puesto el aceite bien caliente.
Una vez frito, y ya envuelto de un rebozo de color dorado, sacadlo y reservad.
En el mismo aceite de la olla -sacando de ésta una parte de aquél- aunque a mucha menos temperatura, sofreíd la cebolla cortada en rajitas.
Cuando esté transparente, añadid 2 dientes de ajo cortado en lascas finas, perejil y 1 vaso de vino blanco, así como los 3/4 de litro de caldo.
Subid el fuego, y cuando empiece a hervir suavemente, meted el "rosco" para que se cueza en esa salsa, controlando de tiempo en tiempo la sal.
Cuando ya esté muy tierno (a partir de 45, vigilad) sacadlo.
Servid a la mesa entero o cortado en lonchas, acompañado, eso sí, de la salsa.
Como guarnición, unas patatas fritas a la española (en bastones) o en cuadraditos. |