Tanto
el hombre como la mujer tienen derechos el uno sobre el
otro.
El hombre debe estabilizar la familia financieramente
de la mejor forma que pueda, y la mujer deberá
estabilizar el hogar de la mejor forma que le sea posible.
La esposa debe gastar moderadamente de acuerdo a sus
medios, y es recomendable (¡Muy recomendable!) que
el esposo participe en los quehaceres de la casa y con
el cuidado de los hijos.
Ambos deben ayudarse el uno al otro a alcanzar sus objetivos.
El uno no es siervo del otro; ambos son socios en esta
nueva entidad que han decidido formar, y como socios,
ambos deben llegar a un acuerdo en todos los aspectos
de dicha entidad.
Deben escucharse, el uno al otro, y respetar sus opiniones
personales.
El hecho de que no piensen lo mismo acerca de un aspecto
no significa que no son compatibles para ser marido y
mujer. Deben recordar que aunque son unidos por el matrimonio,
no dejan de ser individuos, y como individuos, tienen
derecho a sus propias ideas y opiniones. Deben aprender
a respetar la individualidad de cada uno, y trabajar arduamente
para llegar a un término medio donde ambos se sientan
satisfechos.
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