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Poesías y poemas de amor IV

Igual que tú

Yo también igual que tú, fuí primavera,
y fuí capullo de un rosal al florecer,
y fuí ternura antes que el dolor me hiriera,
y fuí alborada, aunque hoy sea atardecer.

Yo también igual que tú, soñe despierto,
y miraba el horizonte y no el ocaso,
sin saber que los sueños como el tiempo,
cual las pompas de jabón se van volando.

Yo también fuí como tú, paloma inquieta,
y un inmenso caudal que se desborda,
aunque ahora ya sin fuerzas me detenga,
dejando trás de mí sólo una sombra.

Yo también fuí como tú, frondosa rama,
donde pudo el amor hacer su nido,
aunque ahora, ese amor ya dehojada,
solitaria dejóme en el olvido.

Yo también igual que tú, sentí en el pecho
el intenso latir de una pasión,
y en mis labios que ahora están deshechos,
del amor esa dulce sensación.

Bernardita Larrea de Guerra, Ecuador 

Los amantes

Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.

Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes...
y he aquí el nudo sexual deshecho.

Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,

un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente.

Baldomero Fernández Moreno, Argentina

A tí... Criolla

Yo quisiera, mi vida, ser burro,
ser burro de carga,
y llevarte, en mi lomo, a la fuente,
en busca del agua,
con que riega tu madre el conuco,
con que tú, mi trigueña, te bañas.

Yo quisiera, mi vida, ser burro,
ser burro de carga,
y llevar al mercado tus frutos,
y traer, para tí, dentro del árgana,
el vestido que ciña tu cuerpo,
el pañuelo que cubra tu espalda,
el rosario de cuentas de vidrio
con Cristo de plata,
que cual rojo collar de cerezas
rodee tu garganta...
Yo quisiera, mi vida, ser burro,
ser burro de carga...

Desde el día que en el cierro del monte,
cogida la falda el arroyo al cruzar,
me dijiste sonriendo: ¿me pasas?...
y tus brazos ciñeron mi cuello,
y al pasarte sentí muchas ganas,
de que fuera muy ancho el arroyo,
de que fueran muy hondas sus aguas...
desde el día que te cuento, trigueña,
¡yo quisiera ser burro de carga!...

Y llevarte en mi lomo a la fuente,
y contigo cruzar la cañada,
y sentirme arrear por ti misma,
cuando, a vuelta del pueblo, te traiga,
el vestido que ciña tu cuerpo,
el pañuelo que cubra tu espalda,
el rosario de cuentas de vidrio
con Cristo de plata,
que cual rojo collar de cerezas
rodee tu garganta...

¡Yo quisiera, mi vida, ser burro,
ser burro de carga!

Arturo Pellerano Castro, Curazao

Canción a mí

Quiero abrigarte en mis sueños de poeta
y navegar por tu río de nostalgias
arrullándote en los brazos de un poema
o llorando tu tristeza en el alba.

Caminando tus sendas de soledad y anhelos.
Buscando del amor su perpetua voz callada.
Atrapando ilusiones en tu sueños despiertos
y dejarlos correr libres como el agua.

¡Cómo me duele tu inocencia apartada,
como raíces en nuestro suelo de infancia!
Pues cuando hallaste las espinas de la vida,
ya no la quisiste y la dejaste en calma.

Prometí entenderte en el final de ese comienzo
que auscultaba tus heridas adultas
y me cargaste hacia tu realidad de mar
para buscar en tus olas mis nuevas rutas.

Recuerdo ese destierro que llegó en la niñez
y quedóse en la adolescenciañ
una maternal caricia dormida en el silencio
y un sublime beso colmado de distancias.
Pero en la entrega de nuestros sentimientos,
la maternal caricia refulge con su imagen,
callando en rencores amargos recuerdos
y borrando rencores en tu paso de ave.

Yo buscaba un presente en tu pasado desierto
y en tu ser mi adámica simiente tronchada.
Pero ya cayeron las hojas del ayer en mi Universo
y se ha quedado desierta, para siempre esa rama.

Antonio Juan Bones, Estados Unidos

El dulce amargo de tu ausencia

Dulces son los recuerdos;
y dulce es el amargo que siento
al recordar con descontento que ya no estas.
Te siento cerca cuando mas lejos te encuentras
y es que vives radicado
en el domicilio de una conciencia,
que me reclama con insistencia
que te busque donde estés.

Porque eres la ilusión que da vida a mis sentidos
con tus dulces besos repartidos
que dejaste en cada poro de mi piel.
Cuando veas el azul del cielo en tu praderas
y el ocaso caer en tus mares,
sabrás que te estoy amando en cada respiro,
en cada latido que siento al recordar
el dulce amargo de que ya no estás.

Darío de Otero y Manrique, México

Amor que se cruzó

Amor que se cruzó por mi camino
Y me encontró en la sombra, abandonada.
Amor que fuera luz en la callada
Y sombría espesura del destino.

Esencia de lo noble y de lo fino:
Le sorprendí brillando en su mirada.
Mas no quiso hacer caso a mi llamada
Y transformó lo humano en lo divino.

Yo me quedé con la esperanza rota.
¡Corazón que me sangra gota a gota
Siempre que pongo mi ilusión en algo!

¿Por qué tan fuerte ante la vida fuerte?
¿Es que miedo a la vida le tuviste,
amor que no supiste lo que valgo?

Claudia Lars, El Salvador

Amor desarraigado

Bajo el ala de la noche
que deja
su huella imprecisa
bajo la sombra
del corazón repudiado
rumores de vidrio
rozan el sueño esquivo.

En esa hora que rezuma olvida,
en esa hora secreta y desgarrada,
la piel que me contiene
se llena de nostalgia y latidos.

Desarraigado
el amor acaricia
la entreabierta herida
que sangra.

Carmen Matute, Guatemala

Amor

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón

Antonio Gamoneda, España

Adorarte

No tengo otro remedio que adorarte,
es tan fuerte tu dádiva y cuidado,
que entero me han fundido y cautivado
y ya no vivo más que para amarte.

No tengo otro desvelo que mirarte
ni más afán que estar en ti arraigado;
mi corazón se agita en ti atrapado
sólo quiero tenerte y venerarte.

Yo no soy yo; te siento tan adentro
que, en ti diluido, vivo sin sentidos,
fuera de ti no soy ni me reencuentro.

El tú y yo, en el entronque, confundidos,
sin fin, fluyen redondos en un centro
donde los dos se incrustan transferidos.

Camilo Valverde Mudarra,  España

Tu nombre

El buril de la gloria grabó un nombre
en hermosa columna de granito;
estalló el rayo, convirtióla en ruinas,
mas el nombre en las ruinas quedo escrito.

Así el amor tu idolatrado nombre
grabó en mi pecho con profundos trazos;
vino el dolor, despedazóme el pecho,
mas aún queda tu nombre en los pedazos.

Benjamín Guzmán, Bolivia

Solamente es amor

Solamente es amor lo que yo tengo,
amor puro, sereno y renovado;
yo fui a la soledad y de allí vengo
otra vez con mi amor transfigurado.

Yo he visto florecer en la mañana
el lirio azul y el alma de la rosa,
y me he asombrado en la quietud lejana
con la estrella que sueña, silenciosa.

Yo he bajado hasta el fondo de tus ojos,
yo sé las mieles de tus labios rojos
y comprendo la vida y su dolor.

Por eso hoy vuelvo a desojar mis rosas
entre tus manos blancas, milagrosas,
mientras enciendo en ti todo mi amor.

Arturo Ricardo Yungano, Argentina

Si no te tengo cerca...

Si no te tengo cerca, te imagino,
me lanzo al laberinto subconsciente,
y traigo el dulce gesto hasta mi frente.
Tu rostro en mis pupilas ilumino.

Si no estás a mi lado en el camino,
si estás en un lugar tan diferente,
yo busco en los recodos de la mente,
y al fin, si no te encuentro, te adivino.

Me enredo en las neuronas del recuerdo,
retuérzome en la red de mi memoria.

¡Mas oigo, mitad loco, mitad cuerdo,
tu voz que llega y suena como a gloria!

Me acoges en tus brazos, ya me pierdo
y ruedo entre las ruedas de tu noria.    

Antonio Jiménez Luna,  España

Quiero sentirte

Quiero sentirte llegar esplendorosa
al alma mía, para vivirte.
Para sentirme inmerso en tu delirio
al emerger feliz de cara al cielo;

para fundirme contigo
en el dulce calor de tus amaneceres,
hasta volvernos sol purpúreo
en la eternidad del firmamento.

Sentirte así, vida, yo quiero;
fundida entre mi cuerpo en torbellino ígneo,
incandescente,
para vivirte, vida,
como yo quiero!

Antonio Cerezo Sisniega, Guatemala

Soneto

Al recuerdo, sin fin, de mi ventura,
aun el alma vibrando se estremece
como tiembla, de noche, allá en la altura,
Sirio, que nace cuando ya oscurece.

Y es que beber en tu mirada pura
lágrimas de otros tiempos me parece,
y creo sentir en tu vital blancura
ese suave calor que crece y crece...

Deja, deja que goce, amada mía,
de aquel tiempo pasado en mi agonía;
pues aunque mi cariño vive muerto,

ahogada la ilusión, te sigo amando...
¡qué no hay cosa mejor que estar soñando
si se sabe soñar y estar despierto!

Eduardo Villegas, España

Mi Serafín y yo

Sobre mi corazón, tan tiernamente
he oprimido su testa ensortijada,
que se desliza el oro por la almohada
como en cumbre invernal sol refulgente.

Suspiro, y al besar su pura frente
sorprendiendo mi rostro en su mirada,
me parezco a la luna que extasiada
su miniatura copia en una fuente.

Y le arrulla mi voz: ¡Naturaleza
con mi sangre pintó tus encendidas
y redondas mejillas; tu cabeza

forjaron mis ideas florecidas;
tu espíritu, mi amor: yo llevo impresa
tu forma entre mi ser hace mil vidas!

Domingo Nicolás Alfonso Pereira, Cuba

Estoy esperando...

Estoy esperando el tiempo
para volver a encontrarte,
para decirte que siento
y que tu también sabes.
Que te amo como siempre,
que siempre seguiré amándote,
que aunque tu no me recuerdes
yo nunca podré olvidarte.

Consuelo Villalba de Casas, España

Pasión

Cuando las sábanas cubren nuestros cuerpos,
me escondo a la vereda de tu fisonomía,
sumergo el perfume de mi desnudo,
siento el calor de tu candente armonía...

Cuando las sábanas caen de la cama...
mis besos tocan tu angelical cara,
mis labios acarician tu blando cuello,
y mis manos tocan tu fino cabello...

Cuando las sabanas se pierden por el suelo...
tu cuerpo encima del mío, busco el anhelo,
busco el gemir de tu dulce deseo,
y me dices, y suspiras como el sublime morfeo...
dentro, muy dentro de mis sueños,
está el consuelo, aquel anhelo,
de que estarás junto a mi eternamente...

César Villon de la Barra, Perú

Duerme alma mía

Duerme alma mía, y descansa.
Desde hoy velaré yo.

Duerme que te estoy cantando
nanas de mi corazón.

Sosiega tu vida inquieta
saturada de dolor.

Velará mi cuerpo sano
tu sueño reparador.

¡Ya bastante has trasnochado
por esas calles de Dios!...

Duerme que te estoy cantando
nanas de mi corazón.

Duérmete que si no duermes,
volverá por ti mi amor.

Carmelina Vizcarrondo, Puerto Rico

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