EL GRAN MOMENTO. LA DESPEDIDA DE LOS
NOVIOS (EL ADIÓS)
El coche adornado (con arreglos florales), pasa a recoger a
la novia, a quien acompaña el padrino.
El novio, llega
por separado, acompañado por la madrina. Los primeros
en llegar a la iglesia debe ser el novio y la madrina.
Éstos
deberán esperar a la novia en el altar de la iglesia
( y no esperar fuera como hacen la mayoría de la gente
en la actualidad). Lo mismo para los invitados, que todos deben
esperar a la novia en el interior del templo.
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CEREMONIA
La tradición dice que los novios salen sin que nadie
se dé cuenta y que los invitados continúan la
fiesta, pero esto puede variar. En ese momento ya deben de haber
encargado a alguien que despida a los músicos, arregle
propinas, vea que salga hasta el último invitado y arregle
todos los pormenores que puedan presentarse.
A la noche de bodas se llega como se debería salir de
ella: agotado. La pareja ha huido de la familia, de los amigos,
de la fiesta, de los regalos. Su deseo de estar solos y vivir
el gran encuentro se acerca.
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Pero su aventura sexual dependerá
de la historia previa de ambos. Si es la primera vez para alguno
de ellos, la noche puede ser decepcionante. Al primer encuentro
sexual se llega con un arsenal propio de fantasías y
expectativas que nos han sido transmitidas.
La familia es la
encargada de dejar en nuestro cuerpo la herencia de algunas
sensaciones y deseos imposibles. La cultura nos ha proporcionado
datos para que hagamos nuestra particular película de
cómo queremos ser y sentir.
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El placer está en la fantasía. Cuando comenzamos
a escribir con otro el primer capítulo de nuestra historia
erótica, las posibilidades de placer dependen en gran
medida de las fantasías inconscientes. Una de las más
comunes en el hombre, por ejemplo, es ver el cuerpo de la mujer
virgen como una selva inexplorada y poder imaginar que le aguardan
peligros. También puede temer hacerla daño o sentir
que la rebaja o la humilla, probablemente porque esta idea le
excita, aunque todavía no la ha aceptado como propia.
La mujer, por su lado, puede asociar inconscientemente al hombre
a la brutalidad o a la desconsideración, y lo que podría
vivir con placer por el deseo que despierta en él, puede
convertirlo en dolor por la imagen que tiene de los hombres.
Nada como la experiencia. Si se tiene experiencia previa, hay
más posibilidades de que la noche de bodas permanezca
en la memoria como un grato recuerdo, ya que en el cuerpo a
cuerpo con el otro vamos tejiendo una historia erótica
donde las fantasías encuentran un acuerdo entre los cónyuges.
La cama es el mejor refugio de la noche de bodas. Se olvidan
las tensiones y aparecen las complicidades íntimas y
secretas. Los amantes se disponen a realizar un rito que su
deseo renueva una y otra vez, porque ya han desterrado timideces
y superado inhibiciones. Esa noche conviene escuchar al otro
y a nosotros mismos, dejarnos llevar por lo que nos dicen nuestros
sentidos y creer en el derecho que tenemos a disfrutar de ello.
Ese día parece un momento especial en el que el sexo
y el amor van de la mano, si bien hay una cierta diferencia
entre hombres y mujeres: ellos suelen dar amor para recibir
sexo; mientras que ellas dan sexo para recibir amor. Aunque
es difícil el encuentro, es posible porque ambos sexos
necesitamos de los dos ingredientes para vivir. Feliz noche.

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