Básicamente su fuerza se concentra para desbloquear
las energías de los chakras, de manera que es especialmente
útil para desbloquear el tercer ojo y permitirnos desarrollar
todas esas capacidades que llevamos ocultas. Así nos
permite desarrollar nuestra intuición y tener una mayor
claridad de pensamiento espiritual.
A su vez, por sus tonalidades azules, es fabuloso para trabajar
sobre nuestra voz interior. Para escuchar correctamente a
nuestro espíritu y a la vida. Puede ayudarnos también
a tener nuestras percepciones más refinadas y obtener
así una mayor conexión con el Todo.
También es un buen estabilizador psíquico lo
que nos permite entre otras cosas aprender a discernir entre
realidad y fantasía, entre intuiciones espirituales
y sueños mentales.
Es una de las piedras del tercer chakra, del quinto chakra
y del sexto chakra de modo que es fabulosa para activar la
energía de estos importantes centros de poder.
Ayuda a pensar, despierta la mente a una conciencia superior,
muy utilizada en la meditación, desbloquea los chakras.eficaz
en el desajuste emocional.
Cura la melancolía y es indicada para el tratamiento
de las afecciones del bazo.
Atrae la fortuna y la fama.
Abre el cahkra de la corona
Afinidad con los signos de: Tauro, Cancer, Capricornio, Acuario,
Libra
Extraída en Afganistán durante más de
7.000 años, la “Piedra Armenia” es una
roca permanente – sí, es una roca –; a
diferencia de las otras gemas, es un compuesto de varios materiales
con salpicaduras centelleantes de pirita (o oro de los locos)
que refuerzan su aspecto místico.
Además de sus importantes propiedades cicatrizantes,
purificadoras y curativas, el lapislázuli supuestamente
también señala el camino de la iluminación
y ayuda a la apertura del tercer ojo. Era popular entre los
antiguos alquimistas (que la llamaban sapphirus), se utilizaba
en medicina, cosmética y pintura. También se
creía que otorgaba habilidad, éxito, favor divino,
sabiduría de anciano y que curaba los dolores de garganta.
¡No es de extrañar que fuera tan valiosa como
el oro!
La antigua ciudad de Ur ya mantenía un floreciente
comercio de lapislázuli en el cuarto milenio antes
de Cristo y aparece en varios pasajes del Libro de los Muertos
como piedra de inscripción. Era una de las piedras
que figuraban en el bíblico “Peto del Juicio”
de Aaron (Éxodo: xxviii, 15-30). Pero los romanos (típicamente)
creían que era un poderoso afrodisíaco. En la
Edad Media, se creía que mantenía los miembros
sanos y liberaba el alma del error, la envidia y el miedo.
Cuando se introdujo por primera vez el lapislázuli
en Europa, se le llamó ultramarino, que significa más
allá del mar. El lapislázuli molido mezclado
con aceite era el secreto del azul en el ultramarino, el pigmento
con el cual los pintores solían pintar el mar y el
cielo hasta el siglo diecinueve.
De entre las piedras preciosas, el lapislázuli es
la única “roca” (compuesta por varios minerales
en vez de por uno solo). El azul característico proviene
de los minerales de sodalita, el blanco de la calcita y sus
centelleantes salpicaduras doradas de la pirita. Todos los
lapislázulis son opacos.
El lapislázuli viene en segundo lugar en cuanto a
popularidad en la joyería de hombre, después
del ónice negro, mientras que en la joyería
de mujer su uso más común es en cuentas o pendientes.
La calidad superior se caracteriza por ser de un azul oscuro
e intenso, sin calcita visible y unas simples salpicaduras
de pirita. El "azul real" (“royal blue”)
es un término que describe un material de calidad.
Cuanto más claro se vuelve el color (indicando mayor
presencia de calcita) más disminuye el valor del lapislázuli,
siendo la calcita visible un claro perjuicio. La calidad de
la talla también es un factor importante para el valor.