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Luna de miel en Cantabria, España

La Comunidad Autónoma de Cantabria está situada al norte de España. Limita al norte con el mar Cantábrico, al este con el País Vasco, al sur con Castilla y León, y al oeste con el Principado de Asturias.

Esta región posee dos zonas con unas características geográficas claramente diferenciadas: el interior y la costa. El accidente geográfico más importante del interior es la cordillera Cantábrica y de la franja litoral son el cabo Mayor y el de Ajo. Las costas disponen de muy bellas playas, predominando el litoral escarpado y con acantilados. El interior está dominado por las alturas de Picos de Europa, siendo la mayor cumbre de Cantabria Peña Vieja, de 2.613 metros de altitud. Los ríos son cortos y caudalosos, dada la elevada pluviosidad y el agua recogida del deshielo de la nieve en las cumbres. Los más importantes son: el Agüera, el Asón, el Miera, el Pas, el Besaya, el Nansa y el Deva (compartido con el Principado de Asturias). El Ebro, el río más caudaloso de España, nace en Fontibre, pero tiene poco cauce en esta región y pertenece a la cuenca mediterránea. La geografía de Cantabria, asimismo, destaca por poseer el vértice hidrográfico más importante de España: Peña Labrada, donde confluyen la vertiente cantábrica, la cuenca del Duero y la del Ebro.

Climatología

La Comunidad Autónoma de Cantabria se distingue por presentar aspectos característicos del clima atlántico. Este clima se reproduce, tanto en las zonas del interior como de la costa, con sensibles variaciones, a tenor de los aspectos geográficos.

El clima atlántico, templado y húmedo, es generalizado en toda la comunidad, excepto en las zonas del interior, donde queda modificado por la altitud. Las temperaturas son suaves durante todo el año, excepto en las montañas, donde se registran mínimas por debajo de 0º C y fuertes nevadas en invierno.

No te puedes perder:

Cuevas de Altamira 
Importantes muestras de arte rupestre prehistórico.

Las pinturas tienen unos 14.000 años de antigüedad y son Patrimonio de la Humanidad.

La cueva es de trazado irregular y tiene unos 270 metros de longitud. Consta de un vestíbulo, una galería y la sala lateral. Contienen unas de las mejores muestras del arte rupestre prehistórico. Los dibujos tienen unos 14.000 años de antigüedad y representan bisontes, ciervos, jabalíes, caballos... Están realizadas con pinturas ocres naturales de color rojo y contorneadas en negro. Para asegurar su conservación, se ha reproducido de manera minuciosa su estructura y pinturas en la Neocueva del Museo de Altamira, empleando los mismos procedimientos pictóricos. Así, el visitante podrá admirar con detalle el gran techo de los bisontes polícromos y visitar el taller de estos pintores, donde se explican las técnicas empleadas en esta obra maestra del arte rupestre.

Santander 
Santander es una elegante ciudad que se extiende a lo largo de una amplia bahía con vistas al mar Cantábrico. Su casco histórico reúne un conjunto de nobles edificios que se alzan en medio de un increíble entorno natural de mar y montañas. Su tradición marinera y comercial se une a una vocación turística centenaria, que tiene en la célebre playa de El Sardinero, en el paseo Marítimo y en la península de La Magdalena sus mayores atractivos. El acervo cultural de la capital cántabra se enriquece con el paso del Camino de Santiago y con las vecinas Cuevas de Altamira, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad

Santander es una ciudad en la que queda patente la mezcla de sus diferentes vocaciones, tradición marinera, comercial y turística. El origen de la ciudad se relaciona con el Portus Victoriae fundado por los romanos. Sin embargo, el desarrollo urbano de la capital no llegaría hasta el siglo XI, fecha en que comenzaría a crecer la villa al abrigo de la abadía de San Emeterio. De su nombre en latín, Sancti Emeterii, procede el actual topónimo de Santander.

Durante los siglos XVIII y XIX, la ciudad se convirtió en un puerto mercantil clave para las rutas marítimas entre Castilla y las colonias americanas. A partir de mediados del siglo XIX, Santander pasó a ser uno de los destinos turísticos veraniegos más selectos de la costa norte peninsular.

El Paseo de Pereda, con sus típicas casas de miradores, y sus jardines constituyen un exuberante bulevar que separa la franja costera del casco antiguo santanderino. La cercana Catedral es uno de los edificios más antiguos de la capital, siendo su primitiva construcción del siglo XIII. En su interior sobresale la tumba de Marcelino Menéndez Pelayo, obra del escultor Victorio Macho. Bajo el templo principal se conserva la cripta de El Cristo, sobrio recinto abovedado en el que se descubrieron diversos hallazgos de la época romana.

Frente a la catedral se levanta la Plaza Porticada, de estilo neoherreriano y rodeada de varios edificios públicos. Nos encontramos en plena encrucijada de animadas rúas (calles) comerciales como el Arrabal o el Cubo.

Una de estas calles conduce a la plaza del Generalísimo, sede del Ayuntamiento, colindante con el popular mercado de la Esperanza, de estilo modernista. La visita ha de continuar por el Museo de Bellas Artes y la Casa-Museo de Menéndez Pelayo, edificio declarado Conjunto Histórico-Artístico.

santoña

Santillana del Mar 
Situada en la ruta norte del Camino de Santiago, Santillana del Mar es una hermosa villa medieval que se desarrolló en torno a la Colegiata de Santa María. Varias torres defensivas y palacios renacentistas hacen de Santillana uno de los conjuntos históricos más importantes de Cantabria.

Sin embargo, esta localidad cántabra alberga su mayor tesoro en las afueras: las Cuevas de Altamira, conocidas como la "Capilla Sixtina del Paleolítico" y declaradas Patrimonio de la Humanidad.

La gastronomía local y los increíbles espacios naturales de los alrededores son otros atractivos que ofrece esta localidad declarada Monumento Nacional.

La ruta jacobea por su variante norte pasa, tradicionalmente, por uno de los enclaves medievales mejor conservados de Cantabria: Santillana del Mar. Para alcanzar esta localidad, los peregrinos que se dirigían hacia la capital compostelana habían de cruzar las rías del Pas y de San Martín de la Arena.

El origen de la villa se remonta al siglo VIII, cuando comenzó a desarrollarse una aldea medieval que tenía como centro a la Colegiata de Santa Juliana, edificio que más tarde daría nombre a la actual Santillana del Mar.

El centro de esta localidad, declarada Monumento Nacional, sigue siendo la colegiata, considerada uno de los mayores exponentes de arquitectura románica en Cantabria. Construida sobre una antigua ermita en el siglo XII, destacan de ella su claustro con magníficos capiteles historiados, así como su interesante fachada decorada con esculturas y pantocrátor (representación de Cristo enmarcado en una estructura en forma de almendra).

A través de la calle de Santo Domingo, vía principal de Santillana, se accede a un casco histórico que ha logrado sobrevivir al paso de los siglos manteniendo un excelente estado de conservación. Sus pintorescas rúas (calles) empedradas aparecen flanqueadas por señoriales edificios construidos en su mayoría entre los siglos XIV y XVIII.

A la época medieval corresponden la torre de Merino (s. XIV) o la de Don Borja (s. XV), considerados los edificios civiles más antiguos de la localidad. También es posible admirar imponentes palacios renacentistas, como el de los Velarde, y mansiones de estilo barroco, de las que sobresalen la de los Valdivieso, la de los Villa o la de la archiduquesa de Austria. Sin embargo, pese a la diversidad de estilos arquitectónicos existentes, Santillana ofrece un conjunto de apariencia homogénea y armónica.

Pero si recorrer cada rincón de Santillana del Mar supone un auténtico placer, no lo es menos descubrir su gastronomía. Así, en esta villa es posible apreciar algunos de los platos más significativos de la variada tradición culinaria cántabra, incluyendo especialidades tanto de la cocina marinera como de la montañesa. Destacan los cocidos lebaniego y montañés (guiso con alubias, carne y repollo), el solomillo de añojo, la merluza sobre espárragos verdes o el besugo. La oferta se completa con los sabrosos quesos que se producen en toda la provincia, el bizcocho típico de Santillana o los sobaos pasiegos (a base de mantequilla, harina y huevos), de la cercana Vega del Pas.

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Parque Nacional Picos de Europa, el primer Parque Nacional español.

El de Picos de Europa es el primer Parque Nacional de España que recibió dicha catalogación. Su antecedente hay que buscarlo en 1918, cuando don Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, impulsó la ley para crear el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, desde el 30 de mayo de 1995 llamado Parque Nacional de los Picos de Europa. Este espacio natural, ha sido declarado por la UNESCO en 2002 Reserva de la Biosfera.

Los Picos de Europa forman tres importantes macizos conocidos con los nombres de Macizo Oriental o de Andara, Macizo Central o de los Urriellles y Macizo Occidental o de Cornión. Su clima se caracteriza por la humedad y las constantes precipitaciones, un hecho que está determinado por su cercanía al mar (apenas 20 kilómetros). La presencia de la nieve se acentúa durante los meses de invierno, pero no son raros los neveros que se mantienen de forma permanente. La especial climatología del Parque hace que sean frecuentes los bancos de niebla, muy temidos por los montañeros. Respecto a su orografía, destaca por su marcado relieve, donde las altas cumbres alternan con profundas gargantas y cañones. En esta cordillera existen 200 cotas de más de 2.000 metros de altitud y desniveles superiores a los 2.300 metros. El Macizo Central es el más abrupto de los tres que componen el Parque y en él se encuentran las mayores altitudes: Torrecerredo (2.646 metros), la cumbre más alta de los Picos, Naranjo de Bulnes (2.519 metros) o el Pico Tesorero (2.570 metros). El Macizo Occidental es el más extenso, y en él se entremezclan altas cumbres, como la Peña Santa de Castilla (2.596 metros), con prados, bosques de ladera, hayedos, robledales y brezales. En este macizo se sitúan los famosos Lagos de Covadonga. El Macizo Oriental, de menor extensión y altitud, contrasta la dureza de la peña con los verdes pastizales. El Parque está atravesado por cuatro ríos encauzados en profundas gargantas: el desfiladero de la Hermida, por el río Deva; el desfiladero de los Beyos, por el río Sella; la "Garganta Divina", por donde discurre el río Cares, y los desfiladeros de La India, por donde pasa el río Duje. Existen numerosos miradores desde donde contemplar su belleza. Una buena opción es utilizar el teleférico de Fuentedé, con el que se sube hasta una altura de más de 1.800 metros sobre el nivel del mar.

Laredo 
Enclavada entre la ría de Treto y la bahía de Santoña, Laredo es una de las principales localidades turísticas de la costa de Cantabria. Cuenta con una de las playas más extensas y hermosas de la región: La Salvé, un inmenso arenal de cinco kilómetros.

La villa se estructura en tres sectores bien diferenciados: la Puebla Vieja y su arrabal, la zona del Ensanche, y la prolongación de éste hasta el Puntal. La primera de ellas fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1970. Es el primitivo núcleo de población, originario de la Edad Media, y aún conserva restos de sus antiguas murallas. Se compone de un entramado de callejuelas, entre las que se levantan notables casonas de los siglos XVI al XVIII, como la de la familia Mar, la de la marquesa de Arcentales, la del Condestable, la de Hoz o la de los Gutiérrez Rada. En lo alto de este sector se levanta la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción, de traza gótica y que alberga en su interior un magnífico retablo flamenco. En la segunda zona, la del Ensanche, que se extiende hasta la plaza de Carlos V, se ubica hoy en día el núcleo comercial, administrativo y de servicios. Por último, entre la plaza de Carlos V y el Puntal, se localizan tres largas avenidas que discurren en paralelo, flanqueadas por las dos playas de la villa. Entre las fiestas de Laredo destaca la Batalla Floral, que se celebra el último viernes de agosto y es un auténtico espectáculo de luz y color.

Costa de Cantabria 
El recorrido por la Costa de Cantabria comienza en la costa occidental, representada fundamentalmente por Santillana del Mar, uno de los conjuntos histórico-artístico mejor conservados de España. Aldea medieval del siglo IX, en la que se mezclan edificios medievales, renacentistas y barrocos. Muy próximas a Santillana se encuentran las Cuevas de Altamira, descubiertas en 1879 y declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, que contienen grabados polícromos de bisontes realizados por el hombre del paleolítico. En dirección a Comillas, Cóbreces ofrece al visitante una bonita abadía cisterciense. Ya en Comillas destaca la combinación de la tradición arquitectónica popular con notables edificios, como la Universidad Pontificia de Comillas. Siguiendo el itinerario, se llega a San Vicente de la Barquera, villa marinera por excelencia que posee un conjunto de bonitas playas.

La costa oriental cántabra se extiende entre la bahía de Santander y la villa de Castro Urdiales. Este tramo del litoral es una sucesión de acantilados y de magníficas playas. Destacan Pedreña, Isla y Noja, centros turísticos por excelencia, Santoña y Laredo. Finalmente, Castro Urdiales, antiguo puerto romano, cuenta con numerosos monumentos de diferentes estilos y épocas de gran riqueza ornamental.

Comillas 
El modernismo de Gaudí en un entorno costero de excepción

A 50 kilómetros de Santander está Comillas, declarada conjunto histórico artístico. En sus calles empedradas y en sus plazuelas hay casonas solariegas, y torres y edificios de aires modernistas. Destacan "El Capricho", una construcción de Antoni Gaudí, con su inconfundible pórtico y las decoraciones cerámicas de sus muros; el Palacio de Sobrellano, construcción de estilo neogótico, y la Universidad Pontificia, que domina toda la localidad. Comillas tiene playas de arenas finas, ideales para la práctica de deportes náuticos. Junto a la playa se localiza el Parque Natural de Oyambre, una amplia franja costera con dunas, acantilados, marismas y una ría, de gran importancia ornitológica. Es recomendable realizar excursiones a pie por algunos de los senderos que atraviesan la población.

Playa del Sardinero
Playa muy conocida en Santander. En frente de ella se encuentra el faro de la Isla de Mauro, en el lado derecho está la Playa de la Concha y la Península de la Magadelana, y detrás el famoso estadio del Racing de Santander: El Sardinero. Cuenta con todo tipo de infraestrucutras y servicios, y hay un amplio paseo marítimo que recorre todas las playas de la zona. La oferta hotelera y gastronómica es muy amplia. Entre esta playa y la de la Concha hay un gran parque.

Paisaje y naturaleza en las playas de Cantabria
Existe un lugar en el norte de España en el que le aguardan más de sesenta playas diferentes. Una costa de 200 kilómetros en la que se suceden extensos arenales finos y blancos junto a pequeñas calas encajonadas entre acantilados, marismas, rías y dunas. Paisajes espectaculares donde confluyen mar y montaña, y que convierten a Cantabria en un paraíso de contrastes que es obligado conocer.

Son muchos los motivos para visitar Cantabria, situada en la ruta de la España verde. A orillas del mar Cantábrico, esta región aparece como una playa continua, bañada por unas aguas transparentes y limpias, y enmarcada en un entorno paradisíaco. Se trata de una costa rica en paisajes y matices, de una diversidad extrema, en la que, junto a los arenales, aparecen suaves praderas, bosques y pueblos en los que se respira un inigualable sabor marinero. Basta con pasear por San Vicente de la Barquera, Santillana del Mar, Santoña o Laredo para sentir ese olor a salitre y admirar un patrimonio histórico artístico de primer orden, uno de cuyos máximos exponentes es la Cueva de Altamira, con las pinturas rupestres más importantes de la prehistoria.

En estos parajes espectaculares, abruptos y con los Picos de Europa como telón de fondo, emergen playas de reconocido prestigio, como demuestran las banderas azules, símbolo de calidad y excelencia, que ondean en diversos puntos de la región. Lugares apenas alterados por la mano del hombre, muchos de ellos aún casi vírgenes, y que son el escenario ideal para practicar en sus aguas multitud de deportes náuticos, como el surf, el windsurf, la pesca, la vela, el piragüismo o el submarinismo. Pero, a la vez, son playas idóneas para descansar y disfrutar de su entorno, rincones preciosos y perfectos en los que pasar una jornada con toda la familia.

Y es que, la costa de Cantabria, es mucho más que playa y mar: es, ante todo, naturaleza. Las reservas ecológicas y los parques naturales aparecen a lo largo y ancho de todo el litoral. La belleza del paisaje también se impone en zonas más turísticas como Castro Urdiales, Suances y, por supuesto, Santander, capital de la región, una ciudad hermosa y acogedora, que ofrece unas aguas tranquilas y protegidas del viento gracias a la bahía en la que se sitúa.

Estos son sólo algunos de los muchos atractivos que esconde Cantabria, una tierra surcada por valles, ríos, montañas, arenales, bosques y acantilados, en la que se respira naturaleza y cultura.

Fuente: www.spain.info 

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