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Luna de miel en Euskadi (País Vasco), España

Un país en marcha
Euskadi es un país de gran vitalidad histórica, cultural y económica, fruto de un acentuado sentimiento colectivo y una estimable capacidad de iniciativa individual. Es una de las diecisiete Comunidades Autónomas que forman el Estado español. Se organiza en torno a un Estatuto de Autonomía aprobado en 1979, y dispone de instituciones propias, como son el Gobierno y el Parlamento.

Así, Euskadi es una comunidad con sus singularidades culturales, económicas, industriales y fiscales. Disfruta de un nivel alto de autonomía política, que otorga a su Gobierno competencias sobre la mayoría de las iniciativas públicas, como la Educación, Cultura, Sanidad, Empleo, Medio Ambiente o Industria. Además, históricamente, tiene autoridad para regular y recaudar gran parte de los impuestos en su ámbito geográfico. Así, cuenta con una hacienda propia y paga al Estado un importe o "Cupo" por los servicios que éste le presta en su territorio.

Un país lleno de contrastes
Ubicado en la zona templada del Globo, Euskadi goza de una privilegiada situación climática, en la que las estaciones se suceden sin grandes rigores. Este clima templado, junto a la bravura del mar, los pueblos, las montañas y su frondosa vegetación, hacen de Euskadi un país de rincones inesperados.

Una lluvia amable riega un territorio de naturaleza fértil, vertebrado a partir de la prolongación occidental de los Pirineos, auténtica espina dorsal que divide las vertientes cantábrica y mediterránea en dos ámbitos sociales bien diferenciados.

Por un lado, el País Vasco septentrional. Una estrecha franja de tierra drenada por las aguas que desembocan en el mar Cantábrico, litoral que en su parte más oriental ha recibido el nombre de Golfo de Bizkaia. Escenario de la comunicación simbiótica entre sus habitantes y el mar, ha configurado el desarrollo de grandes núcleos humanos y dinámicas actividades urbanas, industriales y comerciales.

Por el otro, el País Vasco meridional, limitado al sur por el río Ebro, al cual confluyen las aguas después de fertilizar un área de grandes espacios abiertos. Se trata de una zona menos urbanizada, más agrícola y con un hábitat concentrado en núcleos de tamaño diverso.

Al amparo de sus tradiciones y derechos, Euskadi se vertebra políticamente en tres Territorios Históricos, Álava, Bizkaia y Gipuzkoa, que disponen de su propia administración y sus órganos legislativos. Sus respectivas capitales son Vitoria-Gasteiz, capital de la Comunidad Autónoma Vasca, sede del Gobierno y Parlamento autonómicos, y modelo de desarrollo urbanístico; Bilbao, capital industrial y financiera del país, y Donostia San Sebastián, ciudad moderna y elegante, que cuenta con uno de los paisajes naturales más bellos del mundo.

Naturaleza a un paso de la civilización
Amplias llanuras, macizos montañosos por los que hacer agradables recorridos, verdes bosques, espectaculares acantilados, ricas marismas y playas relajantes. Los amantes de los espacios naturales tienen mucho que descubrir en Euskadi. La diversidad y belleza de sus accidentados paisajes es patente no sólo en las zonas declaradas como parques naturales sino en buena parte del territorio.

Los poco más de 7.200 km² de superficie que ocupa la Comunidad Autónoma Vasca acogen fundamentalmente dos tipos de paisajes. Por una parte, una amplia franja costera, verde, húmeda y montañosa, donde se sitúan los territorios de Bizkaia, Gipuzkoa y la Montaña alavesa. Por otro, las grandes y secas llanuras meridionales de Álava, que anticipan las características orográficas y climáticas propias de la meseta castellana. Entre ambos extremos, la Llanada alavesa actúa como zona de transición.

En la actualidad, Euskadi cuenta con varios espacios naturales protegidos en los que se están desarrollando importantes proyectos de recuperación de fauna y flora: Parques naturales como Urkiola, Gorbeia, Aralar, Valderejo, Izki y Aiako Harria; el humedal de Urdaibai considerado Reserva de la Biosfera; y, por último, los biotopos protegidos de Itxina, Laguardia, Leizaran y San Juan de Gaztelugatxe. Húmedos espacios con montañas mágicas y simas de leyenda en los que disfrutar de los encantos que ofrece la naturaleza.

Amplias llanuras, macizos montañosos, verdes bosques, espectaculares acantilados, ricas marismas y playas relajantes. Los amantes de los espacios naturales tienen mucho que descubrir en Euskadi. La diversidad y belleza de sus accidentados paisajes es patente no sólo en las zonas declaradas como parques naturales sino en buena parte del territorio. En Euskadi, la naturaleza está a un paso de la civilización. Los practicantes del turismo activo o de la mera contemplación sabrán disfrutarlo a pleno pulmón.


 Verde y mucho más
  
Euskadi tiene la suerte de contar con una diversidad de paisajes que encantará a los amantes de los espacios abiertos. Abruptos acantilados y suaves playas integradas en poblaciones costeras. Verdes valles alrededor de pequeños ríos. Cadenas montañosas por las que hacer agradables recorridos. Extensas llanuras con otro color y otro clima. A pesar de su elevada densidad de población, alrededor de 290 habitantes por kilómetro cuadrado, y de la fuerte industrialización de algunas comarcas, con sus consecuentes problemas medioambientales, Euskadi en general ha sabido preservar sus recursos naturales. Prueba de ello son los numerosos parques naturales que permiten acercarse a la flora y fauna en estado prácticamente puro.
 
Junto con sus montañas y parques naturales, uno de los grandes atractivos de Euskadi es su costa. En los 252 kilómetros de cornisa que se asoma al mar Cantábrico se van alternando los abruptos acantilados –algunos de una altura respetable– con las desembocaduras de los ríos, algunas marismas, de gran interés ecológico, y las playas, de fina arena. La mayoría de las playas vascas están bien dotadas de servicios y son una inmejorable plataforma para la práctica de deportes náuticos.

El país de la cultura
Música de mil estilos, cine, danza, teatro. En Euskadi, la cultura recorre todos los territorios gracias a varios festivales de primer nivel. Si las estrellas internacionales y los nuevos realizadores tienen cita en el festival Internacional de Cine donostiarra, en Bilbao se reúnen las voces del "del canto" para su temporada de ópera y en Vitoria-Gasteiz los mejores músicos de jazz, que también asoman por Getxo y Donostia-San Sebastián.

Euskadi es, además, monumental. De las pinturas rupestres a las construcciones más vanguardistas, ofrece un interesante patrimonio histórico-artístico. Las piedras románicas de la basílica de Estibalitz, los grandes templos y torres del Gótico, el impresionante barroquismo del santuario de Loiola, los vanguardistas vascos reunidos en Arantzazu o la contemporaneidad de algunos museos como el Guggenheim y el Artium son tan sólo algunos ejemplos de la riqueza artística de nuestra tierra.

El Museo Guggenheim Bilbao es el emblema más significativo de la nueva arquitectura del País Vasco, siendo, a su vez, un magnífico ejemplo arquitectónico del siglo XX. Con sus 24.000 metros cuadrados de los cuales 11.000 están destinados a espacios expositivos, es un edificio impresionante y espectacular, en el que el baile onírico de formas ideado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry se integra como telón de fondo de la ciudad de Bilbao, convirtiéndose en un edificio escultórico, en el que la arquitectura no sólo se rinde al servicio del arte, sino que se reafirma como una de las más elevadas formas de expresión.
  
Grandes escamas de titanio de medio milímetro de grosor, que modifican sorprendentemente su tonalidad en virtud de la luz, se combinan con muros cortina de cristal tratados especialmente para proteger el interior del calor y la radiación, y con muros de piedra caliza, recubriendo de luz y magia un edificio que admite cualquier interpretación.
 
Construido entre 1993 y 1997 como parte de un esfuerzo de revitalización de la ciudad de Bilbao, y de Bizkaia en general, y bajo el auspicio de la Solomon R. Guggenheim Foundation, se convirtió casi desde su apertura en un gran foco de atracción turística, erigiéndose en el icono contemporáneo más reconocido de la ciudad. El Museo Guggenheim Bilbao es uno de los cinco museos que integran la Fundación, de los cuales dos más se encuentran en Europa (Berlín y Venecia) y los dos restantes están situados en EE. UU. (Nueva York y Las Vegas).
  
El edificio se halla enclavado en pleno centro de la metrópolis, flanqueado a cada lado por otras dos construcciones emblemáticas como son el Palacio de Congresos y Auditorio Euskalduna y las esbeltas Torres Isozaki, que junto a la revitalización de los muelles de Abandoibarra, la pasarela Zubizuri diseñada por Santiago Calatrava que tiene como objeto unir los dos márgenes de la ría, y la nueva Biblioteca de la Universidad de Deusto, obra realizada por el arquitecto Rafael Moneo, crean un conjunto inigualable que dota a la villa de un encanto especial.
 
El museo tiene varios accesos para el visitante. La entrada principal se encuentra en el extremo de la calle Iparraguirre que desemboca en la plaza del museo donde el perro Puppy recibe al que se acerque al lugar. Esta escultura de flores, obra del artista Jeff Koons, retrata un West Highland Terrier de 12 metros de altura. Una vez recibido el saludo de la mascota, el visitante desciende por una escalinata para adentrarse en el museo donde, tras atravesar el vestíbulo, acaba por recalar en el Atrio, uno de los rasgos más característicos del diseño de Gehry. Este Atrio hace las veces de punto de orientación que ordena con claridad el espacio expositivo del museo, constituido por 20 salas distribuidas en tres niveles. En ellas se distribuyen las colecciones permanentes y las exposiciones temporales que alberga el museo.

Fiestas, tradiciones y gastronomía
La cultura del caserío está detrás de la mayoría de los deportes, fiestas y tradiciones propias del país, que sin perder su esencia se han adecuado a los nuevos tiempos. Los vascos han sido capaces de convertir en competición deportiva y motivo de diversión las actividades propias del campo. El corte de troncos, la siega de prados, el levantamiento de piedras y hasta la habilidad de los pastores para guiar a los rebaños de ovejas con ayuda de sus perros se han institucionalizado como deportes rurales o herri kirolak.

Algunos de esos deportes han traspasado las fronteras de Euskadi y de Europa, como es el caso del juego de la pelota vasca en sus diferentes modalidades. Los herri kirolak no pueden faltar en cualquier feria agrícola, romería o fiesta que se precie, donde descubriremos otras muestras del folklore vasco, tales como las músicas y danzas tradicionales o los bertsolaris, poetas que improvisan versos en euskera, la lengua milenaria de los vascos.

El gusto por comer y beber bien es cultural en Euskadi. Lo podemos apreciar en los mercados, hogares, restaurantes y sociedades gastronómicas. Una tradicional cocina, basada en ingredientes de primera calidad, y una renovadora cocina de autor, que ha saltado más allá de nuestras fronteras, hacen que el visitante pueda elegir entre una amplia oferta que se adapta a todos los paladares.

En Euskadi, comer significa mucho más que cubrir una necesidad básica. La gastronomía forma parte del día a día de los vascos, que debaten, negocian y estrechan lazos ante un mantel. Una excelente cocina tradicional, basada en ingredientes de primera calidad, y una renovadora cocina de autor que ha saltado más allá de nuestras fronteras hacen que el visitante pueda y deba elegir entre una oferta tan extensa como placentera. Donostia-San Sebastián es la ciudad con mayor densidad de estrellas Michelín por metro cuadrado del planeta, pero en toda Euskadi se encuentran multitud de oportunidades para mimar el paladar, ya sea en los grandes restaurantes o en los más modestos establecimientos.
  
Euskadi ya era famosa internacionalmente por su sabrosa gastronomía tradicional cuando un grupo de nuevos cocineros se atrevió, partiendo de la tradición, a renovarla con la imaginación como principal ingrediente. El movimiento, que pronto se conoció bajo la etiqueta de nueva cocina vasca, se fraguó a mediados de los años setenta, por parte de una serie de jóvenes cocineros que tenían como punto de referencia la nouvelle cuisine francesa. En aquella auténtica revolución culinaria tomaron parte restauradores como Subijana, Irizar, Fonbellida, Castillo, Argiñano o Juan Mari Arzak, indiscutido número uno de un estilo que ha convulsionado los fogones vascos, especialmente los guipuzcoanos, con nuevos aromas, texturas, combinaciones y procedimientos de elaboración. Sin embargo, los modernos restauradores siguen basándose en dos secretos de la cocina tradicional vasca: el empleo de materias primas de primera calidad y el aprovechamiento de los productos de temporada.
  
Hoy en día, aquellos jóvenes cocineros son maestros de reconocido prestigio cuya creatividad se plasma en lo que ya se ha dado en llamar cocina de autor. Pese a la consideración social de que disfrutan, los restauradores estrella mantienen una asombrosa cercanía. Es fácil ver a cualquiera de estas figuras de la gastronomía mundial seleccionando productos personalmente en los mercados, transmitiendo sus recetas a través de los medios de comunicación social o codeándose en las escuelas de cocina con las nuevas generaciones de restauradores, que ya están asegurando la continuidad de esta nueva gastronomía de alto nivel.
  
Alimentos de primera
 
El pescado, procedente de la costa vasca o de los lejanos caladeros que explotan desde hace siglos los arrantzales (pescadores vascos), es la estrella de la cocina vasca. La merluza, el besugo, el bonito y el bacalao, preparados de diversas formas, son la base del recetario de pescado, en el que no faltan ejemplares más humildes, como las sardinas o las anchoas, u otras especies, como el rodaballo, el rape o la lubina. Unas salsas básicas y ligeras, como la delicada salsa verde o el pil-pil, extraen las esencias del pescado sin modificar su textura ni disfrazar su sabor. Los chipirones, cocinados con su tradicional y originalísima tinta negra o salteados con cebolla y pimiento a lo Pelayo, son elementos clásicos de los restaurantes vascos, al igual que un marisco muy apreciado, el txangurro.
  
La carne destaca en el recetario de Álava, territorio donde preparan con maestría el cordero. En Gipuzkoa y Bizkaia, la carne más apreciada es la chuleta, mejor si es de buey. Asada en la parrilla, bien tostada por sus dos caras y sangrante en el interior, supone la esencia de la cocina rural.
  
La cocina de la huerta es especialmente rica en Álava, como se comprueba en las jugosas menestras que combinan todo tipo de hortalizas. Otros platos de verduras son las vainas (judías verdes), la porrusalda (sopa de puerros con patatas) y el pisto. Quizás el producto más típico de la huerta vasca sean las alubias, en las que están especializados en Gernika-Lumo y Tolosa. Las setas, muy apreciadas en Euskadi, son también base para un buen número de deliciosos platos.
 
Placeres en miniatura

En Euskadi, para comer bien no hace falta sentarse ante una mesa. El ritual del txikiteo, esto es, el ir en cuadrilla de bar en bar tomando txikitos (chatos de vino) o zuritos (minis de cerveza) se ha prolongado a lo alimenticio en forma de tentadores pintxos. Algunos son sencillos pero otras de estas diminutas raciones han alcanzado tal grado de sofisticación que ya se habla de una cocina en miniatura. En muchas barras exhiben con orgullo sus propias creaciones y especialidades. Seguro que sucumbirá ante ellas.

Muy dulces
 
Aunque la confitería elaborada en Vitoria-Gasteiz se lleve justa fama, prácticamente cada localidad de Euskadi tiene su propio dulce típico. Merecen la pena los goxuas, vasquitos y neskitas de Vitoria-Gasteiz, los hojaldres a la crema de Laguardia, los pasteles de arroz y canutillos rellenos de crema de Bilbao, las baracaldesitas de Barakaldo, los kokotes de Markina, la pantxineta de Donostia-San Sebastián, las opillas que regalan las madrinas de Irún y Hondarribia, las tejas y xaxus de Tolosa y los rellenos de Bergara.
 
El Rito de la Sidra
 
La práctica de ir a degustar sidra a las sidrerías o hangares en los que ésta se elabora ha evolucionado hasta una particular fórmula gastronómica. En la temporada de enero a mayo, en medio de una gran animación, las gentes acuden a beber la sidra que mana a chorro de las barricas o kupelas, mientras degustan tortilla de bacalao, chuletón, nueces, membrillo y queso. En las sidrerías tradicionales se cena de pie, para facilitar las idas y venidas a las kupelas. Astigarraga, Hernani y  Usurbil, en Gipuzkoa, son las localidades con mayor concentración de este tipo de animados establecimientos.
 
Deliciosos caldos
 
Los suculentos platos encuentran su complemento en unos caldos que no se les quedan atrás. Los vinos de la Rioja alavesa pueden competir con los mejores del mundo, a pesar de la extensión relativamente pequeña de la comarca. Dependiendo del tiempo que permanecen en barrica de roble, los tintos son de crianza, reserva o gran reserva.
 
Una bebida autóctona es el txakoli, vino blanco, joven, fresco y afrutado que en los últimos años ha comenzado a conocerse fuera de Euskadi.

Euskera
El euskera es una lengua de origen no conocido, ya que no se le conoce parentesco con las familias de lenguas de Europa, ni con la indoeuropea ni con la urálica. Si bien se desconoce la fecha exacta de su origen, la mayoría de los especialistas coinciden en que posiblemente sea la lengua más antigua del continente europeo. Ha adoptado influencias de otras lenguas, como el celta, latín, romance, gascón, castellano, etc., a las que así mismo ha realizado aportaciones muy interesantes. La historia de la lengua vasca, hasta pleno siglo XX, es la historia de una lengua que va perdiendo progresivamente parte de su territorio de sur a norte, por diferentes factores históricos (políticos y económicos, sobre todo). En la actualidad se conserva en los territorios de Gipuzkoa, Bizkaia, Álava y Navarra, además de los territorios del País Vasco en el Estado francés, como son Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa.

La primera obra literaria escrita data del año 1545, si bien las primeras palabras escritas en euskara aparecen por primera vez en las Glosas Emilianenses del siglo X, escritas en romance castellano. Ello se debe a que la literatura y la tradición popular se han transmitido, sobre todo, de forma oral.

La recuperación del euskera se inicia en el siglo XX, en una primera fase con la creación de la primera ikastola (1914), la fundación de la Real Academia de la Lengua Vasca, Euskaltzaindia (1918), y el posterior movimiento de las ikastolas. También en esta época (1968), es cuando se crean las bases del euskera unificado.

El resurgimiento iniciado en los años 60 se consolida en las décadas de los 80 y 90, cuando el euskera, junto con el castellano, se convierte en una de las dos lenguas oficiales de la Comunidad Autónoma Vasca, y las instituciones públicas vascas comienzan a adoptar políticas de normalización y de fomento de esta lengua, de tal forma que en estos últimos veinte años el euskera ha experimentado una progresiva incorporación de nuevos hablantes, así como una extensión de su implantación a diferentes ámbitos sociales y culturales: educativo, universitario, administrativo, medios de comunicación, etc., configurando una oferta cada vez más amplia.

Fuente:  http://www.turismoa.euskadi.net

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