No
se puede concebir la vida social sin regular de algún
modo la conducta humana y, dentro de ella, el comportamiento
sexual. Bajo la urgencia del impulso sexual el ser humano
puede comportarse de modo que amenace las relaciones de
cooperación sobre las que descansa la vida social.
Es cierto que el sexo permite su canalización,
es más adaptable que otros impulsos a formas sustitutivas
de expresión o sublimación. Sin embargo,
las modernas investigaciones clínicas y la evidencia
cotidiana indican que la depravación sexual excesiva
provoca desajustes de la personalidad, impide las relaciones
satisfactorias y pone en peligro la salud mental de la
sociedad.
Entre los primeros musulmanes también estaba arraigada
la idea de que la falta de práctica del sexo conduce
a perturbaciones mentales y físicas, es contraria
a la preservación de la especie, dañina
para la salud y destructiva de la integridad moral.
Así pues, el sexo es crucial para la pervivencia
social y para el desarrollo individual ya que encierra
profundas gratificaciones psicológicas. Por esta
razón el Islam pone un gran énfasis en el
matrimonio, fuera del cual no se autorizan las relaciones
sexuales, por el amplio número de fines que persigue:
• gratificación sexual y emocional.
• mecanismo para reducir la tensión.
• procreación legítima.
• situación social.
• abordaje de alianzas interfamiliares.
• solidaridad de grupo.
• cumplimiento de un acto piadoso.
Sin embargo, el matrimonio no es un sacramento, puesto
que la idea de sacramento surge donde hay un cuerpo eclesiástico
fuerte y se concibe el matrimonio como una especie de
sentencia moral. Además, la distinción entre
lo que es sagrado y lo que no lo es nunca se ha explicitado
en el Islam, antes al contrario, toda acción o
transacción tiene implicaciones religiosas.
El matrimonio tiene una naturaleza contractual, requiere
el mutuo consentimiento, esta abierto a condiciones adicionales
que se pueden negociar, puede disolverse y sus términos
pueden alterarse dentro de los límites legales.
Es una institución divina que tiene elementos del
sacramento y del contrato civil.
EL CONTRATO MATRIMONIAL
Al igual que en la mayor parte de los ritos matrimoniales,
la finalidad del mismo es la consumación, es decir,
sellar el contrato consumando el matrimonio. El contrato
matrimonial debe ser certificado por el novio y su tutor
"Wali". En el acto oficial del matrimonio, en
el que se lee escrituras religiosas (como en la mayoría
de ceremonias), el tutor "Wali", pronuncia unas
palabras también.
CONDICIONES DEL MATRIMONIO
La normativa para establecer un matrimonio carece de complicaciones,
como se puede comprobar en la siguiente enumeración
de requisitos:
• Una propuesta y una aceptación claras y
explícitas, oralmente si la pareja está
presente o por escrito.
• Un firme compromiso ante Allah, ante uno mismo
y entre sí.
• La entrega de una dote por parte del marido.
• La intención de que dure toda la vida,
si es posible.
• La presencia de dos testigos, como símbolos
de la sociedad.
De hecho la publicidad diferencia las uniones legítimas
de las ilegítimas. Por esta razón el profeta
Muhammad animaba a celebrar las bodas y favorecía
las fiestas en tales ocasiones.
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