LA NAVIDAD PARA LOS CATÓLICOS
Adviento
Tiempo de espera
(Del 28 de noviembre al 24 de diciembre)
Fecha de preparación y espera para la Navidad. Es el comienzo
de un nuevo Año Litúrgico.
Especial de Adviento
Conforme al uso actual [1910], el Adviento es un tiempo litúrgico
que comienza en el Domingo más cercano a la fiesta de San
Andrés Apóstol (30 de Noviembre) y abarca cuatro
Domingos. El primer Domingo puede adelantarse hasta el 27 de Noviembre,
y entonces el Adviento tiene veintiocho días, o retrasarse
hasta el 3 de Diciembre, teniendo solo veintiún días.
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Con el Adviento comienza el año eclesiástico en
las Iglesias occidentales.
Durante este tiempo los creyentes
son
exhortados
* a prepararse dignamente a celebrar el aniversario de la venida
del Señor al mundo como la encarnación del Dios
de amor
* de manera que sus almas sean moradas adecuadas al Redentor que
viene a través de la Sagrada Comunión y de la gracia
* en consecuencia estén preparadas para su venida final
como juez, en la muerte y en el fin del mundo.
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Simbolismo
La Iglesia prepara la Liturgia en este tiempo para lograr este
fin. En la oración oficial, el Breviario, en el Invitatorio
de Maitines, llama a sus ministros a adorar "al Rey que viene,
al Señor que se acerca", "al Señor que
está cerca", " al que mañana contemplaréis
su gloria". Como Primera Lectura del Oficio de Lectura introduce
capítulos del profeta Isaías, que hablan en términos
hirientes de la ingratitud de la casa de Israel, el hijo escogido
que ha abandonado y olvidado a su Padre; que anuncian al Varón
de Dolores herido por los pecados de su pueblo; que describen
fielmente la pasión y muerte del Redentor que viene y su
gloria final; que anuncian la congregación de los Gentiles
en torno al Monte Santo. La Segunda Lectura del Oficio de Lectura
en tres Domingos están tomadas de la octava homilía
del Papa San León (440-461) sobre el ayuno y la limosna
como preparación para la venida del Señor, y en
uno de los Domingos (el segundo) del comentario de San Jerónimo
sobre Isaías 11:1, cuyo texto
él interpreta referido a Santa María Virgen como
"el renuevo del tronco de Jesé". En los himnos
del tiempo encontramos alabanzas a la venida de Cristo como Redentor,
el Creador del universo, combinados con súplicas al juez
del mundo que viene para protegernos del enemigo. Similares ideas
son expresadas los últimos siete días anteriores
a la Vigilia de Navidad en las antífonas del Magnificat
. En ellas, la Iglesia pide a la Sabiduría Divina que nos
muestre el camino de la salvación; a la Llave de David
que nos libre de la cautividad; al Sol que nace de lo alto que
venga a iluminar nuestras tinieblas y sombras de muerte, etc.
En las Misas es mostrada la intención de la Iglesia en
la elección de las Epístolas y Evangelios. En las
Epístolas se exhorta al creyente para que, dada la cercanía
del Redentor , deje las actividades de las tinieblas y se pertreche
con las armas de la luz; que se conduzca como en pleno día,
con dignidad, y vestido del Señor Jesucristo; muestra como
las naciones son llamadas a alabar el nombre del Señor;
invita a estar alegres en la cercanía del Señor,
de manera que la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie
los corazones y pensamientos en Cristo Jesús; exhorta a
no juzgar, a dejar que venga el Señor, que manifestará
los secretos escondidos en los corazones. En los Evangelios la
Iglesia habla del Señor que viene en su gloria; de Aquel
en el que, y a través del que, las profecías son
cumplidas; del Guía Eterno en medio de los Judíos;
de la voz en el desierto, "Preparad el camino del Señor".
La Iglesia en su Liturgia nos devuelve en espíritu al tiempo
anterior a la encarnación del Hijo de Dios, como si aún
no hubiera tenido lugar. El Cardinal Wiseman ha dicho:
Estamos no sólo exhortados a sacar provecho del bendito
acontecimiento, sino a suspirar diariamente como nuestros antiguos
Padres, "Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad
al Justo: ábrase la tierra y brote la salvación."
Las Colectas en tres de los cuatro Domingos de este tiempo empiezan
con las palabras, "Señor, muestra tu poder y ven"
– como si el temor a nuestras iniquidades previniera su
nacimiento.
Duración y Ritual
Todos los días de Adviento debe celebrarse el Oficio y
Misa del Domingo o Feria correspondiente, o al menos debe ser
hecha una Conmemoración de los mismos, independientemente
del grado de la fiesta celebrada. En el Oficio Divino el Te Deum,
jubiloso himno de alabanza y acción de gracias, se omite;
en la
Misa el Gloria in excelsis no se dice. El Alleluia, sin embargo,
se mantiene. Durante este tiempo no puede hacerse la solemnización
del matrimonio (Misa y Bendición Nupcial); incluyendo en
la prohibición la fiesta de la Epifanía. El celebrante
y los ministros consagrados usan vestiduras violeta. El diácono
y subdiácono en la Misa, en lugar de las dalmáticas
usadas normalmente, llevan casullas plegadas. El subdiácono
se la quita durante la lectura de la Epístola, y el diácono
la cambia por otra, o por una estola más ancha, puesta
sobre el hombro izquierdo entre el canto del Evangelio y la Comunión.
Se hace una excepción en el tercer Domingo (Domingo Gaudete),
en el que las vestiduras pueden ser rosa, o de un violeta enriquecido;
los ministros consagrados pueden en este Domingo vestir dalmáticas,
que también pueden ser usadas en la Vigilia de la Navidad,
aunque fuera en el cuarto Domingo de Adviento. El Papa Inocencio
III (1198-1216) estableció el negro como el color a ser
usado durante el Adviento, pero el violeta ya estaba en uso al
final del siglo trece. Binterim dice que había también
una ley por la que las pinturas debían ser cubiertas durante
el Adviento. Las flores y las reliquias de Santos no debían
colocarse sobre los altares durante el Oficio y las Misas de este
tiempo, excepto en el tercer Domingo; y la misma prohibición
y excepción existía relacionada con el uso del órgano.
La idea popular de que las cuatro semanas de Adviento simbolizan
los cuatro mil años de tinieblas en las que el mundo estaba
envuelto antes de la venida de Cristo no encuentra confirmación
en la Liturgia.
Origen Histórico
No se puede determinar con exactitud cuando fue por primera vez
introducida en la Iglesia la celebración del Adviento.
La preparación para la fiesta de la Navidad no debió
ser anterior a la existencia de la misma fiesta, y de ésta
no encontramos evidencia antes del final del siglo cuarto cuando,
de acuerdo con Duchesne [Christian Worship (London, 1904), 260],
era celebrada en toda la Iglesia,
por algunos el 25 de Diciembre, por otros el 6 de Enero. De tal
preparación leemos en las Actas de un sínodo de
Zaragoza en el 380, cuyo cuarto canon prescribe que desde el diecisiete
de Diciembre hasta la fiesta de la Epifanía nadie debiera
permitirse la ausencia de la iglesia. Tenemos dos homilías
de San Máximo, Obispo de Turín (415-466), intituladas
"In Adventu Domini", pero no hacen referencia a ningún
tiempo especial. El título puede ser la adición
de un copista. Existen algunas homilías, probablemente
la mayor parte de San Cesáreo, Obispo de Arlés (502-542),
en las que encontramos mención de una preparación
antes de la Navidad; todavía, a juzgar por el contexto,
no parece que exista ninguna ley general sobre la materia. Un
sínodo desarrollado (581) en Mâcon, en la Galia,
en su canon noveno ordena que desde el once de Noviembre hasta
la Navidad el Sacrificio sea ofrecido de acuerdo al rito Cuaresmal
los Lunes, Miércoles, y Viernes de la semana. El Sacramentario
Gelasiano anota cinco domingos para el tiempo; estos cinco eran
reducidos a cuatro por el Papa San Gregorio VII (1073-85). La
colección de homilías de San Gregorio el Grande
(590-604) empieza con un sermón para el segundo Domingo
de Adviento. En el 650 el Adviento era celebrado en España
con cinco Domingos. Varios sínodos hicieron cánones
sobre los ayunos a observar durante este tiempo, algunos empezaban
el once de Noviembre, otros el quince, y otros con el equinoccio
de otoño. Otros sínodos prohibían la celebración
del matrimonio. En la Iglesia Griega no encontramos documentos
sobre la observancia del Adviento hasta el siglo octavo. San Teodoro
el Estudita (m. 826), que habló de las fiestas y ayunos
celebrados comúnmente por los Griegos, no hace mención
de este tiempo. En el siglo octavo encontramos que, desde el 15
Noviembre a la Navidad, es observado no como una celebración
litúrgica, sino como un tiempo de ayuno y abstinencia que,
de acuerdo a Goar, fue posteriormente reducido a siete días.
Pero un concilio de los Rutenianos (1720) ordenaba el ayuno de
acuerdo a la vieja regla desde el quince de Noviembre. Esta es
la regla al menos para algunos de los Griegos. De manera similar,
los ritos Ambrosiano y Mozárabe no tienen liturgia especial
para el Adviento, sino sólo el ayuno.
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