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En
la unidad de la Iglesia, antes del Cisma, era un enorme
patriarcado de 15 provincias eclesiásticas y 220
diócesis, que se extendía desde el Eufrates
al Nilo.
Se derrumbó por culpa de las herejías
arriana y nestoriana. Un amplio sector de la población
se pasó al monofisismo y rechazaron las decisiones
de Calcedonia.
La zona de Siria se unió a Constantinojla
en su separación de Roma el 1054. Durante siglos
tuvieron que sufrir la opresión de los musulmanes.
En el siglo XIX los turcos renovaron la
persecución religiosa con matanzas terribles. Esto
provocó una gran diáspora de los fieles y
por eso el patriarcado está enormemente fragmentado:
unos 250.000 fieles repartidos entre Siria, Libano y Turquía
y otros 150.000 en el resto del mundo
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