 Para
la mayoría de los recién casados, es fácil
amarse mutuamente y velar el uno por el otro.
Pero al paso del tiempo, a veces los cónyuges olvidan
demostrar amor por su compañero(a) y comienzan a
pensar más en sí mismos. A veces las presiones
del trabajo o de la crianza de los hijos hacen que las personas
pongan en último lugar el atender las necesidades
de su compañero(a).

El Evangelio enseña que los esposos y las esposas
deben amarse mutuamente y velar el uno por el otro "así
como Cristo amó a la iglesia, y se entregó
a sí mismo por ella" (Efesios 5:25).
Los matrimonios de éxito requieren atención
constante para permanecer fuertes y saludables. Requieren
un amor y sacrificio semejantes a los de Cristo.
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