Cualquier
persona cuya línea de nacimiento se conoce debe
ser identificada por ella. Cada individuo tiene derecho
a su verdadera identidad y en correspondencia tiene la
obligación de identificarse por su verdadero linaje
y cuantos le rodean están también obligados
a ayudarle en este propósito.
El Islam establece una hermandad religiosa que anula
todos los demás lazos incluidos los de sangre y
los del matrimonio si entra en conflicto con ella. Esta
hermandad tiene seguridad, permanencia y universalidad.
No niega al individuo ni reemplaza su personalidad, cada
uno es responsable de sus actos y debe autorrealizarse
por medio de ellos: la individualidad no se puede reducir
ni transferir. La protección de la verdadera identidad
de la persona lo ejemplifica el caso de la mujer casada,
pues aunque tiene una nueva identidad como esposa de...,
conserva su antigua identidad lineal. No hay confusión
o mezcla, ninguna absorbe a la otra.
Cada cual implica deberes y obligaciones que persisten
y se mantienen.
Con la insistencia en preservar la auténtica identidad
lineal, el Islam quería también templar
el orgullo de los poderosos con modestia e imbuirles el
precepto coránico de que la nobleza genuina no
es cuestión de linaje, sino de piedad y buenos
actos. O sea, situar y diferenciar socialmente a cada
uno por su linaje, pero evitar que se avergüence
o enorgullezca en exceso, pues ante Dios sólo cuentan
las buenas acciones y los logros espirituales.
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