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Relaciones entre hombre y mujer

Al entrar al matrimonio, es esencial que ambas personas tengan un entendimiento realista de lo que se espera. Muchos esperan que el matrimonio sea puro romance, imaginando rosas a diario y un ‘te quiero’ al final de cada frase. Y aunque no hay nada de malo en encontrar una pareja con estos detalles, este no debería ser el enfoque principal para determinar si hemos encontrado la persona correcta para compartir nuestras vidas o no.

Al conocer a un posible candidato(a) para el matrimonio, la pareja debe ser directa respecto a lo que esperan de cada uno. Es probable que la mujer asuma que una vez casados, su esposo le permitirá trabajar fuera de casa, y mas tarde se decepcione al darse cuenta de que su esposo quiere que se quede en casa. Discusiones sobre lo que se espera de cada uno ayudarán a prevenir choques de cultura o de aspiraciones familiares.

Aprender a respetar

Tanto el hombre como la mujer tienen derechos el uno sobre el otro.

El hombre debe estabilizar la familia financieramente de la mejor forma que pueda, y la mujer deberá estabilizar el hogar de la mejor forma que le sea posible.

La esposa debe gastar moderadamente de acuerdo a sus medios, y es recomendable (¡Muy recomendable!) que el esposo participe en los quehaceres de la casa y con el cuidado de los hijos.

Ambos deben ayudarse el uno al otro a alcanzar sus objetivos.

El uno no es siervo del otro; ambos son socios en esta nueva entidad que han decidido formar, y como socios, ambos deben llegar a un acuerdo en todos los aspectos de dicha entidad.

Deben escucharse, el uno al otro, y respetar sus opiniones personales.

El hecho de que no piensen lo mismo acerca de un aspecto no significa que no son compatibles para ser marido y mujer. Deben recordar que aunque son unidos por el matrimonio, no dejan de ser individuos, y como individuos, tienen derecho a sus propias ideas y opiniones. Deben aprender a respetar la individualidad de cada uno, y trabajar arduamente para llegar a un término medio donde ambos se sientan satisfechos.

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Practicar la paciencia, y evitar enojarnos

Sin duda, en todo matrimonio existirán los malentendidos, discusiones, frustraciones, y disputas; todo esto es común, y es parte de una relación saludable. Pero es el como reaccionemos ante estas situaciones lo que tendrá el mayor impacto en nuestra relación. Debemos practicar la paciencia, y hacer lo posible por evitar enojarnos.

Cuando nos enojamos, es probable que hagamos o digamos cosas que lastimarán a nuestra pareja y que mas tarde lamentemos. Por esta razón, el Profeta Muhammad (SAW) dijo al hombre que le pidió consejo, “No te enojes.” El hombre repitió su petición varias veces, y el Profeta dio la misma respuesta cada vez, “No te enojes.” (Bukhari) Si uno de los dos se enoja, el otro debe apagar el fuego; si ambos se enojan, deben apartarse un momento y regresar a discutir el asunto tranquila y respetuosamente cuando ambos se hayan calmado.

Nunca deben sacarse a luz los errores del pasado. Lo único que debe quedar de los errores pasados es la lección que aprendimos de ellos. Somos humanos, y como tal, cometemos errores, especialmente al principio del matrimonio, cuando la pareja apenas se empieza a conocer. Poco a poco, conforme la pareja se va conociendo, y mientras exista el deseo de convivir felizmente, los errores irán disminuyendo y el entendimiento, amor y paciencia entre ambos irá incrementando.

Todo esto es parte del crecimiento y desarrollo de ambos, como individuos y como pareja. Los problemas deben ser resueltos inmediatamente en cuanto se presentan, para no permitir que los malos sentimientos persistan, y luego se conviertan en problemas aun más grandes. Debemos estar listos para perdonar y olvidar, ya que esto ayudará a fortalecer nuestra relación. 

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