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En confucionismo, casarse para tener hijos varones era una grave obligación de todo hijo. Ello era necesario para preservar el sistema patriarcal y proveer el culto a los antepasados en los años venideros.
La regla era que el varón joven debía casarse a los treinta y la mujer a los veinte. La propuesta de matrimonio y la aceptación de este, era un tema en el que sólo los padres de los involucrados decidían. Los arreglos preliminares eran hechos por un intermediario después de que, a través de la adivinación, se tenía certeza de que los signos de la unión buscada eran propicios. Las partes no podían tener el mismo apellido, ni tener relación sanguínea hasta el quinto grado.
El día de la boda, vestido con sus mejores ropas, el joven novio iba a la casa de la novia para de ahí llevarla en su carruaje a la casa de su padre, donde éste la recibía rodeado de sus alegres invitados.
La monogamia era fomentada como la situación ideal, pero no se prohibía el tener esposas secundarias, llamadas concubinas. Esto último se recomendaba cuando la esposa no podía tener hijos varones y el esposo la amaba demasiado como para divorciarse de ella. Existían siete causas, además de la infidelidad, que justificaban el repudio de la esposa, y una de ellas era la ausencia de hijos varones.