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El signo externo del sacramento

El legítimo contrato matrimonial es, a la vez, la materia y la forma del sacramento del matrimonio, puesto que, en el momento mismo en que se establece este contrato entre dos bautizados, se produce el sacramento sin que sea necesaria ninguna otra condición.

Es decir, cuando este contrato natural se establece entre bautizados, se produce la gracia santificante y la gracia sacramental: se confecciona un sacramento (cfr. Dz. 1854).

Si nos fijamos en el contrato en sí mismo, puede decirse:

a) que la materia remota son las personas mismas de los contrayentes; o bien, del ius ad vitae communionem (derecho a la comunidad de vida).

El nuevo Código de Derecho Canónico (cfr. c. 1055 & 1) amplía el objeto esencial del contrato matrimonial, pasando de la simplicidad del ius in corpus (derecho sobre los cuerpos, en orden a la generación), a la complejidad del ius ad vitae communionem, disponiendo que en virtud de ese contrato el varón y la mujer constituyen entre sí un consortium omnis vitae (consorcio de toda la vida) y, por tanto, al dar su consentimiento se entregan y aceptan mutuamente en alianza irrevocable para constituir el matrimonio (cfr. CIC, c. 1057, c. 2)

b) que la materia próxima son los signos o palabras con que manifiestan esa entrega.

c) que la forma es la aceptación mutua de la entrega, manifestada externamente.love

Efectos del sacramento

El efecto propio del matrimonio, en cuanto institución natural, es el vínculo entre los cónyuges, con sus propiedades esenciales de unidad e indisolubilidad, como estudiaremos m s adelante (cfr. 8.8 y 8.9). Para los cristianos, además, el sacramento del matrimonio produce efectos sobrenaturales:

a) aumento de gracia santificante.

b) la gracia sacramental específica, que consiste en el derecho a recibir en el futuro las gracias actuales necesarias para cumplir debidamente los fines del matrimonio. "Esta gracia propia del sacramento del Matrimonio está destinada a perfeccionar el amor de los cónyuges, a fortalecer su unidad indisoluble. Por medio de esta gracia se ayudan mutuamente a santificarse con la vida matrimonial conyugal y en la acogida y educación de los hijos" (Catecismo, n. 1641).

Por eso si al paso de los años la comunión de vida se hiciera más difícil, o pareciera agotarse la capacidad para recibir y educar a los hijos, los esposos cristianos han de recordar que tienen las gracias suficientes para realizar su tarea:

"Los matrimonios tienen gracia de estado la gracia del sacramento para vivir todas las virtudes humanas y cristianas de la convivencia: la comprensión, el buen humor, la paciencia, el perdón, la delicadeza en el trato mutuo. Lo importante es que no se abandonen, que no dejen que les domine el nerviosismo, el orgullo o las manías personales. Para eso, el marido y la mujer deben crecer en vida interior y aprender de la Sagrada Familia a vivir con finura por un motivo humano y sobrenatural a la vez las virtudes del hogar cristiano" (Conversaciones con Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, Ed. MiNos, México, 1992, n. 108).

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