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El Shinto, la religión nacional de Japón

El Shinto y la vida de los japoneses

El shinto, la religión nacional de Japón, cuenta con 2.500 años de antigüedad y no tiene fundador, ni escrituras sagradas oficiales, en el sentido estricto, ni dogmas fijos. La palabra shinto, que en sentido literal significa "la vía del kami" (kami significa "místico", "superior," o "divino" y se aplica a los principios benéficos y maléficos del agua, la tierra, el agua y de los hombres divinizados), llegó para diferenciar al conjunto de creencias indígenas del Japón del budismo, que había sido introducido en Japón en el siglo 6DC.

El shinto se compone de las tradicionales prácticas religiosas japonesas así como de las creencias y actitudes frente a la vida que están en consonancia con estas prácticas.

Hoy día subsiste más en la vida social de los japoneses y en sus motivaciones que como patrón formal de creencias o filosofía. Permanece estrechamente vinculado con el sistema de valores de los japoneses y con su modo de pensar y actuar.

En sus orígenes fue una mezcla de religiones tribales, cada una contando con su propio kami; un sistema de fe y un cuerpo de vías étnicas, festivales, mitos, escrituras antiguas y actitudes en relación al kami.

Geografía del Shinto

Hay más de 110,000 santuarios shintoistas y templos para los kami en Japón.

Cada santuario usualmente tiene como razón para su existencia alguna característica física o un evento histórico.

Muchos son tan grandes que requieren, para su servicio, de un personal cuantioso y bien organizado.

Muchos hogares japoneses contienen pequeños santuarios en su interior, llamados kami-dana.

El Shinto y el Emperador

Los shintoistas consideran que el kami creó las islas de Japón y que la diosa solar Amaterasu fue la madre del primer emperador, quien fue enviado a la tierra para fundar una dinastía imperial.

Esta creencia se convirtió en la base del shinto de estado: el emperador se volvió símbolo del pueblo y la unidad de la nación. La tradición alentó el respeto a la autoridad del estado, del patrón y de la familia.

Durante la dinastía Meiji (1868-1912), el gobierno decidió institucionalizar el shinto, asumiendo el control de los santuarios, y adoptó una política restrictiva de otras religiones.

La Constitución de 1889 consideró la obediencia a los santuarios shintoístas deber patriótico de todos los japoneses, quedando así investido el shinto como la religión oficial y usado para justificar el culto al emperador y del militarismo japonés de principios del siglo XX.

Si bien la nueva constitución, redactada luego de la segunda guerra mundial, redujo al shinto al estatus de una secta ordinaria, el hecho es que más del 90% de los japoneses es shintoísta hoy día.

Al no tratarse de una religión exclusivista, la gente puede practicar el shinto junto a una segunda fe: la mayoría de los japoneses lo practica junto al budismo.

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