Esta
ceremonia, a cargo del sacerdote shintoista o del monje
budista, es muy similar; la diferencia está en
las formas que existen en cada religión.
Primero entran los invitados y familia de los novios,
luego los novios y por último, el maestro de ceremonia,
y tras un ritual de purificación comienza la ceremonia.
Los novios intercambian un rosario, en japonés
o juzu. Antiguamente no se utilizaba anillo; hoy en día
se incorpora esta formalidad y luego de obsequiarse el
juzu, se intercambian los anillos.
Luego
llega el momento principal de la ceremonia, que es el
tomar sake para sellar la unión de la pareja. Este
ritual es conocido con el nombre de san san kudo. San
san kudo significa “tres-tres-nueve”; tres
representa el Cielo, la Tierra y el Ser Humano. El número
impar tres es indivisible y el nueve es el máximo
del número impar.
A través de este ritual se manifiesta el deseo
de máxima felicidad y eterna unión de la
nueva pareja, para lo cual se prepara una serie de tasitas,
en japonés sakazuki, grande, mediana y pequeña
montadas una sobre otra, y en un determinado orden los
novios beben sake.
Terminado este ritual, la pareja expresa su palabra de
juramento, lo pueden realizar juntos o por separado. Expresan
en palabras ante sus familiares su compromiso de unión.
Luego el maestro de ceremonia cierra con sus palabras
y así se da por terminada la ceremonia religiosa.
A continuación llega la fiesta, Hirou no Gui,
donde se celebra la unión de la pareja junto con
sus familiares, amigos, vecinos, compañeros de
trabajo.
Se invita al mundo social de los recién casados
a participar y compartir esta unión. Aquí
es donde los novios se cambian su vestido tradicional
japonés y aparecen de vestido blanco la novia y
de frac el novio.
Y al igual que en Occidente, la luna de miel es un ritual
que también forma parte del casamiento.
En el Japón actual la edad promedio de las parejas
que se casan es de treinta años y el 70% de las
parejas se casa de esta manera.