 IMAGÍNESE
una casa que se ha deteriorado. La pintura está descascarada,
y el tejado, en malas condiciones; incluso el césped
se encuentra abandonado. Resulta evidente que este edificio
ha soportado fuertes temporales a lo largo de los años
y que nadie lo ha cuidado. ¿Debería derribarse?
No necesariamente. Si sus cimientos son fuertes y su estructura
estable, todavía puede restaurarse.
¿Le recuerda el estado de esta casa a su matrimonio?
Con el paso del tiempo, su relación marital puede
haberse resentido debido a fuertes temporales, por así
decirlo. Es posible que haya habido cierta dejadez por
parte de alguno de los dos, o de ambos. Tal vez se sienta
como Sandy, quien tras quince años de matrimonio,
dijo: “No teníamos nada en común excepto
el hecho de estar casados. Y eso no era suficiente”.
Aun habiendo alcanzado este punto, no concluya precipitadamente
que debería poner fin a su matrimonio, pues quizás
pueda salvarlo. El que lo logre depende en buena medida
del grado de compromiso que exista entre usted y su cónyuge.
Tal sentido del compromiso contribuye a estabilizar un
matrimonio en momentos de crisis. Ahora bien, ¿qué
implica? ¿Y cómo puede fortalecerlo la Biblia?
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