En la antigüedad los maridos celebraban un rito para asegurarse
de que los espíritus de sus mujeres no les dejaran demasiado
pronto. El marido ataba los tobillos y las muñecas de su
mujer con cuerdas de hierba con la creencia que esta atadura mantendría
su espíritu dentro.
En el tiempo del imperio romano los anillos eran de hierro; los
de oro sólo podían ser usados por senadores y magistrados.
Luego, la costumbre se expandió a otros estratos socioeconómicos.
Las alianzas empezaron a usarse en el siglo V, pero costó para que la Iglesia las aceptara como parte de la ceremonia.
En la Biblia, ya vemos que en el Antiguo Testamento se pedía la mano de la novia con un anillo. Esta costumbre ha llegado hasta nuestros días. En el siglo IX, el papa Nicolás I, decreta que el hecho de entregar el anillo a la novia es ya una declaración oficial de la intención de casarse.
El novio le da el anillo a la novia para simbolizar su amor sin final, por su forma circular. Aunque hay de muchos materiales, los más comunes están hechos de oro y diamantes, lo que significa que el amor será tan fuerte y puro como esos materiales. Se lleva en el dedo anular por la vieja creencia de que la vena de ese dedo llega hasta el corazón.
En el pasado, cuando la propuesta era un procedimiento más formal, el futuro novio enviaba a sus amigos o miembros de su familia en su representación para que conocieran a la futura novia y su familia.

El anillo que recibe la novia en la actualidad, debe llevarlo en la mano izquierda.
Llevar la alianza en el dedo anular de la mano izquierda:
Esta costumbre viene porque en la antigua Grecia se creía
que la vena de este dedo se comunicaba directamente con el corazón.
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