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En las sociedades actuales, principalmente, las occidentales, existe lo que se ha dado en llamar por los expertos, como: “la crisis de autoridad”, y específicamente, en el ámbito familiar. Esta dificultad en el ejercicio de la autoridad parental, muestra diversas implicaciones, a saber:
Por una parte, permea en un deterioro en los patrones de convivencia dentro de las familias, los órdenes jerárquicos no se respetan, de pronto, los hijos, hablan a los padres de una manera exigente e insultante. Además de que los jóvenes y niños se encuentran en formación, lo que significa, que no cuentan con la madurez, para comportarse como iguales de los padres: ni en autoridad, ni en exigencia, ni en límites, ni en nada… No olvidemos, además, que estos hijos que educamos serán los adultos del mañana. ¿Sobre qué bases estamos educando?
Por tanto, es una responsabilidad de los padres ejercer el principio de autoridad. La autoridad, nos permite desenvolvernos dentro de un marco seguro de convivencia. Sabemos quién está al mando de la situación. Contamos con guía, con dirección, con seguridad y también ejercitamos el respeto a los límites. Aprendemos a vivir en sociedad de una manera civilizada.
La paternidad y la maternidad exigen que esa autoridad se ejerza. Es una función de las relaciones con la prole que decidimos tener. No confundamos autoridad con autoritarismo, con conductas agresivas o con maltrato. A veces, un acto amoroso de autoridad, requiere de un NO. Tanto el autoritarismo como la permisividad excesiva son igualmente nocivos para una buena educación.

Todos los seres humanos contamos con un laboratorio que se llama familia para entrenarnos para la socialización. Ésta socialización que se da en el afuera de las fronteras de la seguridad familiar. No existe otra alternativa, necesitamos desarrollar nuestra vida fuera de ese esquema que se llama vida social. De tal manera que si yo formo hijos caprichosos, eso es exactamente, lo que van a ir a realizar afuera. Por tanto, tendrán frustraciones fuertes, porque los otros, la sociedad, no se los va a permitir, y entonces, se sentirán víctimas e incomprendidos, porque su palabra, siempre se cumplió.
Para bien o para mal, los seres humanos en edad de formación, buscamos modelos que nos permitan guiar y regir nuestros comportamientos y valores. Cuando esto no se comprende, y buscamos ser los mejores amigos de nuestros hijos, nuestro ejercicio de la autoridad se desvanece, se diluye…
·¿A dónde quiero ir en la educación con mis hijos?
·¿Qué quiero que ellos vean en mí, e incorporen en ellos? Respeto, compromiso, responsabilidad y actuar en consecuencia…
La ausencia de autoridad lleva al caos.
Es decir, la falta o la falla de la autoridad paterna o materna, lleva a niños y jóvenes a sentirse a la deriva. Puesto que no se le transmite un modelo de fuerza, de seguridad, pero sobre todo de certeza…
En la medida que podamos ejercer nuestro papel de autoridad con nuestra prole, seremos mejores padres y formaremos mejores seres sociales…
Yo comprendo que todos, traemos un bagaje histórico, no queremos que nuestros hijos, sufran lo que nosotros pasamos, y entonces, compensamos, nos volvemos cercanos, pendientes, llenos de atenciones, y quizá hasta los asfixiamos, pero es nuestra necesidad y carencia, y no la de nuestros hijos.
Yo apelo al sentido común. Sí verdaderamente se puede hacer hazlo, y sí no, di NO…
Via: articuloz.com