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Los hijos son grandes espejos

El proceso de convertirse en persona requiere tiempo y se refiere a un proceso de maduración, que se inicia desde la vida en el vientre materno hasta pasados los veinte tantos años, como formación de la personalidad y del carácter.

En este proceso existe un juego en el que los niños van aprendiendo a conocer el mundo mediante el modelo de padres que seamos. Es decir, nuestro comportamiento, influye en cómo ellos ven el mundo y cómo se ven a sí mismos.

Generalmente, cuando observamos la conducta de nuestros hijos, nos sentimos orgullosos, felices, llenos de alegría porque esto hijos nuestros se comportan, tal cuál nosotros esperamos como padres. Sin embargo, cuando su forma de ser o maneras de comportarse, no son las que quisiéramos, nos sentimos enojados, frustrados, y hasta pensamos que no la estamos haciendo bien como padres.

Es importante darnos cuenta de nuestros sentimientos, ya que en éstas épocas, nos han vendido la idea, de que la maternidad o la paternidad, sólo trae felicidad. Nada más alejado de la verdad.

El ejercicio de la maternidad y la paternidad exige responsabilidad. También el fortalecimiento de la personalidad, la autoestima, el autoconcepto, los hábitos, que los niños aprendan a comunicarse, a socializar, etc.

Pero cuando nos vemos reflejados en nuestros hijos mediante comportamientos irascibles, descortesías, modos agresivos de hablar, tal vez, sería conveniente preguntarnos:

  • De dónde lo aprendió? 
  • Tal vez alguno de los padres tiene un comportamiento parecido…
  • O quizá, el ambiente familiar es tenso y con gritos. 
  • Posiblemente, un hermano acapara la atención y nosotros no estamos atendiendo igual a toda nuestra prole…

Aunque los padres amamos y queremos a nuestros hijos con la misma calidad e intensidad, la realidad es que nuestra relación con cada de uno de ellos es diferente. Por supuesto que así tiene que ser. Los hijos no responden igual y de la misma manera a lo que nosotros les ofrecemos o bien, a nuestra manera de ser.

  •  Quizá nuestro temperamento se parece, y entonces, chocamos frecuentemente con ellos. 
  • O bien, mi hijo se parece a la hermana con la que nunca he llevado una buena relación.
  • Y tal vez, me molesta la forma de ser de mi suegra o de mi cuñada, pero mi hijo o mi hija, se parecen a ellas.

Estos ejemplos nos muestran cómo nosotros somos capaces de responder a nuestros hijos de diferente manera. Por supuesto, que los niños aprenden a ser quiénes son, mediante lo que nosotros le vamos diciendo:

  • Eres muy grande! 
  • Eres muy chillón! 
  • Eres muy desordenada! 
  • Te pareces a tu papá o a tu mamá cuando hablas, así…

De manera que vamos formando su personalidad, autoestima y autoconcepto mediante lo que les decimos, pero también, enviamos mensajes no verbales, a los que ellos responden, principalmente.

Y aún cuando nos esforcemos en ser los mejores padres, cada hijo en particular, tiene su propio temperamento, su propia percepción y su única manera de interpretar los hechos y acontecimientos. Ningún hijo tiene los mismos padres. Los hijos, muestran su individualidad mediante su propia forma de recibir aquello que les damos.

ninos-felices

Es decir, los hijos y los padres vivimos en un juego de espejos, en dónde nosotros les reflejamos y ellos también a nosotros. Lo más importante en este proceso es ser auténticos y no intentar ser lo que no somos.

Nuestra función es formar hijos fuertes, llenos de experiencias y que sean capaces de resolver sus circunstancias de vida. No sólo consentirlos para que sean felices, por el contrario, para que sean felices, es necesario que cuenten con el orgullo y la satisfacción de logro y de hacer las cosas por sí mismos…

Todos deseamos hijos sanos y fuertes emocionalmente, pero entonces, debemos actuar en consecuencia… Piénselo, vale la pena intentarlo…

Fuente: articuloz.com

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