SEXUALIDAD Y PROBLEMAS CARDÍACOS
En las relaciones sexuales se dan modificaciones
importantes de la dinámica circulatoria: la presión
arterial se eleva entre 40 y 80 mm. la sistólica y
entre 20 y 50 mm. la diastólica. El ritmo respiratorio
aumenta hasta 40 respiraciones por minuto (cuando lo normal
es alrededor de 12). El corazón aumenta también
la frecuencia de sus latidos (entre 100 y 175 por minuto).
Todo ello supone un esfuerzo cardíaco que, como es
lógico, en algunos casos puede llevar aparejados peligros.
Pero es preciso tener en cuenta que este
esfuerzo cardíaco dura muy poco tiempo y que es comparable
al exigido para subir un par de pisos. En términos
generales, el corazón es capaz de soportar este esfuerzo
sin ninguna alteración. Incluso, cuando ha existido
alguna patología, un infarto, por ejemplo, se recomienda
al paciente la vuelta a una actividad normal plena (incluida
la sexual). En algunos casos, pocos, puede existir la contraindicación
para las relaciones sexuales y es al especialista a quien
corresponde establecer las indicaciones y los límites.
CÓMO EVITAR
LA RUPTURA
Hay parejas que se quieren y se desean pero
son incapaces de vivir juntas. El motivo es que no saben resolver
los problemas que surgen. La clave está, pues, en aprender
a discutir, a poner los problemas sobre la mesa y negociar.
Pero este aprendizaje no es sencillo. Cuando la pareja se
ve incapaz de firmar tablas, conviene acudir a un profesional.
Una de las técnicas empleadas por
los terapeutas consiste en juntar a la pareja y dejar que
uno hable, con la condición de que el otro no le interrumpa
y sin intentar dar soluciones al problema. Cuando ha terminado,
el otro tiene que explicar lo que ha oído. De esta
forma, el otro puede corregir cualquier malentendido. Pero
esta técnica tiene dos mandamientos: que ambos estén
dispuestos a trabajar para poder entenderse y que el que escucha
no prepare su contraataque sino que intente comprender la
posición del otro.
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LA MENTE Y EL SEXO
Todas las enfermedades psiquiátricas,
en la medida que interfieren la personalidad global del sujeto,
provocan alteraciones de la sexualidad. La depresión,
generalmente, inhibe el deseo sexual y si es muy intensa puede
llevar aparejada una impotencia. Los medicamentos antidepresivos
suelen también interferir en la relación sexual.
En casi todas las neurosis se modifica el
funcionamiento sexual: surge impotencia relativa en el varón
y anorgasmia en la mujer. En enfermedades como la psicosis
las alteraciones son más graves y se pueden producir
de maneras diferentes: desde hipersexualismo exarcebado, en
los individuos en los que han desaparecido los aspectos afectivos,
hasta impotencia, pasando por el amplio abanico de las perversiones.
APRENDER A DISCUTIR
Lo mejor que puede hacer alguien para mejorar
la salud de su relación es aprender a discutir. La
evasión del conflicto es el principal profeta del divorcio.
No batallar, dejar pasar los problemas y evitar los conflictos
es lo peor que se puede hacer. Al final, las tensiones terminan
por librarse. Las parejas tienen que aprender a discutir sus
diferencias sin que afecten a su relación.
No hay que olvidar que el desacuerdo forma
parte de una buena relación. La mayoría de las
parejas discute por las mismas cosas: dinero, las tareas del
hogar, el tiempo, el sexo, las prioridades y los niños.
Algunas diferencias son irreconciliables. No haga de ellas
el centro de su relación. Una pareja que intenta reparar
el daño de una discusión tiene más posibilidades
de seguir. |