Por otro lado, la familia no presupone entre sus características
una uniformidad religiosa. Los miembros de la familia
poseen ciertos derechos y deberes recíprocos que
se mantienen aunque las creencias religiosas de sus miembros
sean diferentes. Y esto hace referencia a los fundamentos
primarios de la familia, a los lazos de sangre y a la
relación establecida mediante el matrimonio, tanto
entre padres e hijos como entre marido y mujer.
El Islam intenta reforzar la estructura familiar sin insistir
en la uniformidad religiosa ¿por qué? Muy
sencillo, no hay compulsión en la religión,
la verdad se hará evidente por sí misma.
Tal declaración de libertad de creencia y de conciencia
haría del Islam algo internamente inconsistente
o en evidente contradicción si insistiera en la
uniformidad religiosa. Paradójicamente tal posición
se puede interpretar como debilidad o confianza, pero
en ningún caso la religión aparece como
hostil o incompatible con las lealtades familiares.
Además, sugiere también que la solidaridad
familiar es crucial, pero no significa absorción
de los miembros individuales por la colectividad. La personalidad
precisa de cierto grado de libertad para desarrollarse
en el seno de la colectividad, para que el individuo no
se vea sofocado. Para evitar apatía, extrañamiento
o autoritarismo hay que poner en marcha mecanismos de
integración que permitan al grupo y al individuo
coexistir e interactuar con beneficios mutuos. Para ello
los miembros de la familia mantienen expectativas mutuas
sin pretender controlar la conciencia individual, diferenciando
entre fines intermedios y últimos, señalando
los diferentes niveles de responsabilidad y lealtad. Puesto
que en última instancia el individuo es responsable
directamente ante Dios, nadie puede responder por él
y el Islam insiste en que se oriente hacia un fin último
más allá de lo inmediato y social, mostrándole
cómo reconciliar sus convicciones privadas con
sus requerimientos sociales. Las altas miras no justifican
dejadez o descuido y falta de delicadeza con sus compañeros
o parientes.
Además, sabe el Islam que la uniformidad religiosa
es difícilmente alcanzable. Los hombres han de
socializarse y acomodarse unos a los otros a pesar de
sus diferencias y un camino efectivo hacia este fin se
inicia en el hogar. Al calor de la experiencia familiar
se cultivan algunos principios de las relaciones humanas.
De este modo el Islam concluye que uno pertenece a una
familia y está ligado a ella por lazos de sangre
o por un pacto matrimonial. No son condiciones suficientes,
pero sí indispensables como premisas sobre las
que se asientan las expectativas que mantienen en funcionamiento
la estructura familiar. Así pues, el Islam sólo
reconoce los lazos de sangre y/o matrimoniales. Y se subraya
que los fundamentos de la familia deben sostenerse en
cimientos sólidos capaces de proporcionar garantías
de continuidad, seguridad e intimidad y de ser, en la
medida de lo posible natural y gratificante. No hay relación
que parezca más natural que la de la sangre.
El afán que el Islam muestra en proteger la familia
no implica que una unidad familiar concreta no pueda deshacerse.
Se preserva la institución, pero no es necesario
mantener la estructura de un grupo familiar en particular,
si los inconvenientes superan a los beneficios que se
derivan de su mantenimiento.
Los derechos y obligaciones de la familia no son cuestiones
estrictamente privadas, en términos generales se
administran privadamente, pero si la situación
se hace difícil de manejar, la sociedad, por medio
de autoridades o individuos conscientes, debe tomar riendas
en el asunto para hacer cumplir la ley y mantener la justicia
y la armonía.
Tales derechos y obligaciones no vienen determinados sólo
por los sentimientos de los miembros implicados ni se
basan en las disposiciones y actitudes de las partes interesadas.
Implican la identidad lineal y el mantenimiento, la sucesión
y el afecto, la socialización de los jóvenes
y la seguridad para los ancianos y el máximo esfuerzo
para asegurar la continuidad de la familia y su bienestar.
No se promueve ningún tipo particular de organización
familiar, sin embargo, parece que las familias extensas
son las que con más frecuencia y facilidad se han
adaptado tradicionalmente al medio musulmán.
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